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En el país de la Mentira

 


Prensa Presidencial


Latinpress. 8 / 1 / 2019. En nuestro país, decir mentiras a propósito y creer genuinamente en ellas. Olvidar cualquier hecho que se ha vuelto inoportuno, y luego, cuando sea necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que se requiera. Negar la existencia de las condiciones de vida, y todo el tiempo tomar en cuenta la situación que se niega.

Todo esto es absolutamente necesario para seguir viviendo dentro del malestar y el descontento psicosocial.

Mentir es una habilidad que crece en lo más profundo de nuestra idiosincrasia. Es una condición inherente a nuestra nacionalidad.

Desde el niño, pasando por el adolescente, hasta el adulto y el anciano, desde la pareja, la familia, la comunidad, la nación entera, hasta las promesas ilusorias de los políticos y las Aparatos Ideológicos  del Estado, la mentira parece formar parte indisociable del “Homo Venezolano”.

Es una práctica que utiliza la falsedad, la impostura y la simulación para adaptarse y sobrevivir al conflicto y a la crisis social.

Entender su naturaleza y características, así como su función y paradójica utilidad. El autoengaño es realmente una de las ideas más poderosas en la Psicología Social de nuestro país.

En esta incipiente investigación, producto de la observación participante, he encontrado un grupo maravillosamente mezclado de argumentos para mantener la dolorosa verdad de que somos una “especie”, la venezolana, cuya habilidad para engañar sólo es igualada por la habilidad para engañarnos a nosotros mismos.

En todos los niveles, desde el camuflaje político burdo hasta las relaciones cotidianas, la retórica para ocultar, desinformar, decir ambigüedades, generar ilusiones, alienar, es indispensable para el equilibrio de la crisis que padecemos (¿o disfrutamos?).

Es decir, vivimos una crisis “equilibrada”; indefinida en nuestro tiempo psicohistórico. La mentalidad venezolana es una de las características más extraordinarias y menos estudiada, hasta por el mismo venezolano.

Nuestro país es una red de mentiras y engaños. Nos pasamos la vida rodeados por la simulación: simular lo que no se es, y disimular lo que sí se es.

Parecemos simios dominados por jerarquías lineales. Hemos adquirido una creciente adicción a “un juego de cartas”: revolver, dar, engañar y disimular. Y hemos escalado en el arte de mentir.

Muy útil en el trato con los demás y la perpetuación del “status quo”. Aligera mucho de los temores del conflicto y la crisis social; y algo más importante, también ayuda a mentir a los demás.

Aquí llego a una conclusión provisional: el autoengaño es el punto de partida del engaño.

Al ocultarnos la verdad a nosotros mismos, somos capaces de ocultarla de un amanera más eficaz a los demás.

Por lo tanto, al igual que el engaño, el autoengaño se ubica en el centro de nuestra idiosincrasia. Lejos de ser un signo de perturbación emocional, como sugieren tanto los moralistas, probablemente sea vital para el equilibrio psicológico del venezolano.

La moraleja de este artículo, es evitar que el lector rechace de manera apresurada los planteamientos que he iniciado, y que requieren, por supuesto, una más profunda investigación.

Sin embargo, la sociedad misma, la masa, puede manifestar una resistencia psicológica a admitir una verdad reprimida por dolorosa: el engaño y el autoengaño, en nuestro país, ayudan en la lucha interminable por la adaptación y la supervivencia.

Alberto de Luca Bartolomeo


 
 





 
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