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OPINIÓN
 
LatinPress®. 1 / 12 / 2017. España. Andrés Cuevas González.

Es la hora de los principios.

   

Estamos viviendo unos tiempos preocupantes, y casi estoy por asegurar, que se avecinan más preocupaciones que los tiempos nos darán, porque quieren con todo empeño y medios, que no entremos en los temas trascendentales.

Llevamos meses, y lo que nos rondará, debatiendo sobre lo identitario, de la pertenencia, pero no de la pertenencia a una determinada clase, sino a esa identidad que crea fronteras, agravios incluso odios.

Las derechas, se han instalado en ese discurso, en el de la identidad, incluso aprovechándose de los logros que entre todos y todas hemos conquistado, incluso se han apoderado de la Constitución, se han autodenominado los constitucionalistas, expulsándonos a los que discrepamos de sus planteamientos, o de aquellos que queremos reformarla o iniciar un proceso constituyente.

Nos dijeron algunos de esos, que en democracia, se podían defender las ideas, el límite era la defensa de los derechos humanos, la tolerancia y la PALABRA, y cuando se acude a ello, siguen expulsándonos, bueno, lo intentan, porque a mí no me echan ni con agua caliente como diría mi abuela.

Y lo que lamento, es solo una opinión, que una parte de la izquierda se ha "contagiado" del discurso, del debate y también ha asumido ese discurso identitario, no de clases, por ese miedo a perder el "compas".

La izquierda tiene que contribuir a retomar otro debate, desde las experiencias que hemos vivido, como trabajadores y trabajadoras, como ciudadanas y ciudadanos, las experiencias de recortes sociales, económicos y de libertades a que nos han llevado las políticas de esos gobiernos mal llamados "constitucionalistas.

Quieren ocultarnos las cosas importantes, esas cosas que conforman la vida de un país, en este caso España.

No quieren hablar de la incapacidad de calidad de vida de esa inmensa mayoría de jubilados y jubiladas, a los que se nos prometió, equiparar nuestras pensiones ganadas con nuestro trabajo a la subida de coste de la vida, y frente a esto, sitúan a esa mayoría de ciudadanos y ciudadanos en unas condiciones de estricta supervivencia.

No quieren hablar del derecho constitucional al deber y el derecho a trabajar, porque han convertido este derecho en una nuevo sistema de esclavitud, se aprovechan, como diría Marx, de ese "ejército" de desempleados, el trabajo ya en muchos casos no asegura ni la supervivencia, los derechos han sido pisoteados, y en muchas ocasiones trabajar es sinónimo de poder perder la vida.

Y no quieren hablar porque no creen en la igualdad, saben que no podemos ser iguales políticamente, los que económicamente nos encontramos en condiciones diametralmente opuestas, porque saben que los trabajadores y trabajadoras no podrán hacer efectivos sus derechos, aunque estos, estén teóricamente reconocidos.

De vez en cuando, se les ocurre hablar de cambios, y es porque conciben los cambios en lo accesorio, en lo puramente formal, porque siguen creyendo que el actual sistema no tiene opciones alternativas, por eso cuando nos atrevemos desde la izquierda a esbozar algunos de esos cambios más allá de lo accesorio, comienzan a expulsarte del debate político y público, porque saben que cuentan con los medios necesarios y en todo caso, los crean, porque son incapaces de resolver el problema social que han creado con el sistema económico imperante.

No quieren debatir, ni tan siquiera aclarar porque crean aparatos para la guerra, y todo ello en nombre de la paz, la cooperación y la defensa de la nación.

Nadie explica por qué año tras año se aumentan los presupuestos militares a costa de reducir las inversiones sociales, y cuando se les propone la reconversión de la industria militar en civil, te siguen expulsando, calificándote incluso de demagogo y no patriota, no son capaces de concebir que las ideas de la paz y el desarme son las que fortalecen el mudo.            

Por eso y volviendo al principio, de vez en cuando lanzan el discurso identitario, lo de Catalunya es un ejemplo.

Les va bien con su modelo económico imperante, no tienen escrúpulos en rescatar bancos, autopistas, empresas, mientras tanto no les importa hacer recaer los ajustes económicos sobre los de siempre, incluso la utilización del leguaje es perversa, y se habla ligeramente del crecimiento de la economía, pero se olvidan de decir para quienes.

La izquierda política y social, ha de salir de este debate identitario, eso no quiere decir que en su debate no incluyamos el modelo territorial, el papel de las instituciones y de la ciudadanía, pero hemos de retomar el debate de un nuevo modelo de sociedad desde esa perspectiva de clases que nunca se debió aparcar, y cuando hablo de perspectiva de clase, hablo de una sociedad igual, justa, solidaria y en paz.

La construcción de una sociedad radicalmente democrática, donde las personas sean el centro de la acción política, una acción política con apoyo de la ciudadanía y que se conseguirá con mucha pedagogía política y sin renuncia a los principios, porque el abstencionismo en los principios es la derrota de la izquierda.

Salud y Rebelión desde Marbella.


Colaboración
especial para LatinPress®.

   
 

 


 
     
 
LATINPRESS.es © Noticias y Análisis Nacionales e Internacionales. Marbella, Andalucía, España. Año 6. Marzo 2011 – Diciembre 2017.

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