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Ataque global contra ONG en punto crítico

 


Foto: © Archivo EFE/Cruz Roja Kenia

Latinpress. 23 / 2 / 2019.
Amnistía Internacional (AI) acaba de publicar un informe donde asegura que está aumentando el ataque de gobiernos de todo el mundo contra las organizaciones no gubernamentales (ONG) mediante la creación de leyes que las someten con vigilancia, kafkinanas trabas burocráticas y amenazas constantes del encarcelamiento.

El informe, titulado Leyes concebidas para silenciar: Ataque mundial a las organizaciones de la sociedad civil, revela el sorprendente número de países que están utilizando tácticas intimidatorias y normas represivas para evitar que las ONG desempeñen su esencial labor. En él se citan 50 países del mundo donde se han aplicado o están en trámite leyes contra las ONG.

Sólo en los dos últimos años, en el mundo se han adoptado o están en trámite casi 40 instrumentos legales que interfieren con el derecho de asociación y han sido concebidos para obstaculizar el trabajo de las organizaciones de la sociedad civil, por lo general aplicando absurdos procesos para la inscripción de estas organizaciones en el registro, vigilando su trabajo, restringiendo sus fuentes de recursos y, en muchos casos, cerrándolas si no cumplen con los irrazonables requisitos que se les imponen.

Un problema global


En octubre de 2018, el Ministerio del Interior de Pakistán rechazó las solicitudes de inscripción de 18 ONG internacionales y desestimó los consiguientes recursos sin más explicación.

En Bielorrusia, las ONG están sometidas a una estricta supervisión estatal. Trabajar para una ONG a la que se ha denegado —con frecuencia arbitrariamente— la inscripción en el registro es delito.

En Arabia Saudí, el gobierno puede negar el permiso a nuevas organizaciones y disolverlas si se considera que “perjudican la unidad nacional”. Esto ha afectado a los grupos de derechos humanos, incluidos los que defienden los derechos de las mujeres, que no han podido registrarse y funcionar libremente en el país.

En Egipto, las organizaciones que reciben financiación del extranjero deben cumplir normas estrictas y arbitrarias. A causa de esto, muchos defensores y defensoras de los derechos humanos han sufrido prohibiciones de viajar, congelación de activos y procesamientos judiciales, en algunos casos con penas de hasta 25 años de cárcel en caso de dictarse sentencia condenatoria.

“También han sido atacadas oficinas de Amnistía Internacional en todo el mundo. Desde India hasta Hungría, las autoridades han sometido a abusos a nuestro personal, han irrumpido en sus oficinas y han congelado sus activos en una nueva escalada de sus ataques a las organizaciones locales”, ha manifestado Kumi Naidoo, Secretario General de AI.

Cárcel por incumplimiento


Muchos países, como Azerbaiyán, China y Rusia, han introducido más requisitos para la inscripción en el registro y la presentación de informes. Su incumplimiento supone el encarcelamiento, un castigo que conoce muy bien el defensor de los derechos humanos Rasul Jafarov, entrevistado para el informe.

“Me detuvieron por el activismo y las manifestaciones del Club de Derechos Humanos en los que había participado”, relató Rasul, que quedó en libertad en 2016, tras pasar más de un año detenido. “Esto dio lugar a un ambiente horrible: quienes no fueron víctimas de detenciones o investigaciones tuvieron que cerrar sus organizaciones o paralizar sus proyectos. Muchas personas dejaron Azerbaiyán para trabajar en el extranjero.

En China, la nueva legislación controla estrechamente la labor de las ONG, desde su inscripción en el registro y su presentación de informes hasta su actividad bancaria, sus requisitos de contratación y su recaudación de fondos.

En Rusia, el gobierno denomina a las ONG que reciben financiación extranjera “agentes extranjeros”, un término que es sinónimo de “espía”, “traidor” y “enemigo del Estado”. El gobierno aplica esta legislación de manera tan amplia que incluso una organización que apoyaba a las personas con diabetes fue sancionada con una elevada multa e incluida en el registro de “agentes extranjeros”, por lo que se vio obligada a cerrar en octubre de 2018. Los grupos médicos, ecologistas y de mujeres también están en el punto de mira.

Reacción en cadena


Las políticas represivas del gobierno ruso han causado una reacción en cadena que ha alcanzado otros países.

En Hungría, el gobierno ha obligado a varias ONG a inscribirse en el registro como “organización que recibe financiación extranjera” para desacreditar su trabajo y poner en su contra a la opinión pública. Las organizaciones que no cumplan la normativa se enfrentan a cuantiosas multas y, en última instancia, a la suspensión de sus actividades. Las organizaciones que trabajan en apoyo de personas migrantes y refugiadas han sido atacadas deliberadamente y su personal ha sido hostigado tras la aprobación de un nuevo conjunto de leyes en junio de 2018.

“No sabemos qué va a pasar con nuestra organización ni con otras, y tampoco qué otras leyes se aprobarán”, ha dicho Aron Demeter, de Amnistía Internacional Hungría.


 
 





 
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