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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela.

   
   
 

LatinPress. 22 / 5 / 2019. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: Malestar  venezolano

 

¿Hemos renunciado a la posibilidad de vivir en sociedad? ¿Qué nos lleva a distanciarnos del prójimo? ¿Qué puede estimular el entendimiento mutuo de las personas?

A lo que me refiero es al desmoronamiento de la cooperación social, con algunas salidas “idealistas” (¿diálogo?).

Venezuela se ha convertido en una sociedad internamente tribal (¿siempre lo ha sido?), donde la gente se opone (aunque diga lo contrario) a reunirse con quienes son diferentes (¿conciencia de clase?, ¿falsa conciencia?).

La desigualdad y la polarización, por ejemplo, se han incrementado de manera espectacular en los últimos quince años (gobierno/oposición; capitalismo/socialismo; amigos/enemigos).

Estas producen efectos psicológicos: personas que no pueden gestionar las complejas formas del compromiso social, y se retraen de los desafíos.
Además, la cohesión social también se ve alterada por la polarización “ideológica” (¿creada?, ¿por quién?).

Pero, ¿qué es la cooperación? Por definición, es aquél intercambio en el cual los participantes obtienen beneficios mutuos del encuentro (ganar-ganar).

El desafío venezolano es reunir a personas (¿facciones?) con intereses muy diferentes (aparentemente), incluso en el conflicto actual, un punto clave para sociedades como la nuestra que se debilitan, que autodestruyen su capacidad de cooperar (¿alguna vez la tuvimos?).

Tenemos otro desafío, la búsqueda de equilibrio entre cooperación y competencia, un equilibrio que tiene raíces “naturales” pero que está siendo culturalmente desviado (¿por quién?).

Se necesitan habilidades de negociación, intercambios que apunten a la reducción al mínimo de la competencia agresiva.

Las habilidades psicosociales para gestionar diferencias de difícil tratamiento se pierden, al tiempo que la desigualdad material nos aísla como individuos, y el trabajo/proyecto cortoplacista hace más efímeros los contactos sociales, la convivencia social, y activa la ansiedad paranoide respecto del otro.

¿Cómo compatibilizar necesidad mutua y agresión recíproca? Esto sirve de base para desnaturalizar el argumento hobbiano del hombre como lobo del hombre.

El desafío mayor es psicocultural, deviene de la manera en que construimos acuerdos y desacuerdos, conductas complejas, sin dudas.

Entre las actitudes psicosociales se deben priorizar el diálogo en lugar de la dialéctica, el modo subjuntivo sobre el fetiche de la asertividad, la simpatía por sobre la empatía. El concepto “diálogo”, por ejemplo, se refiere a aquellas discusiones que se resuelven en el hallazgo de un fundamento común; es distinto al acuerdo divergente que fuerza la dialéctica. Las personas que no observan, que no escuchan no pueden conversar.

De ahí la recuperación de conceptos como el diálogo, la conversación, la comunicación. Frecuentemente se confunde comunicación con el hecho de compartir información.

El inconveniente está en algunos políticos con escaso conocimiento y comprensión del intercambio social. La capacidad de cooperar de los venezolanos es mucho mayor de la que permiten las instituciones.

Así cooperación es una estrategia de resistencia. Tenemos una epidemia de ansiedad, una de las causas de corrosión del carácter social.

Tendemos a la soledad y el aislamiento (Thanatos), dos fenómenos acompasados por la ceguera narcisista y auto complaciente, indiferentes a las consecuencias de sus actos.

El narcisismo (Principio del placer) es un caparazón adormecedor de la psiquis, de la conciencia (Principio de Realidad), un  elemento que abre camino al individualismo y atrofia la cooperación. Narcisismo, individualismo, autocomplacencia, falta de compromiso.
La cooperación se queda inerme para enfrentar semejantes tendencias. Aquí las fuerzas institucionales son decisivas.

El Estado, por ejemplo, debe actuar para reducir las desigualdades y no para aumentarlas. La ausencia de comprensión mutua (gobierno/oposición; marido /mujer; padres/hijos; jefes/empleados; profesor/alumno; etc.) no debería llevarnos a eludir el compromiso con los demás, a evitar que queramos hacer algo juntos. El desafío que se les plantea a los venezolanos es vital.

Apunta a relacionarnos en comunidad, con personas a las que no entendemos, ni queremos o, incluso con aquellas que mantenemos alguna clase de conflicto.

Los rituales de conexión se desmoronan, sufren el desapego como experiencia desmoralizadora. Pero el derrumbe todavía nos despierta preguntas.

La cooperación, ¿se ha vuelto un ejercicio de resistencia contra nosotros mismos? ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificarnos por esto, para reconstruir el tejido social, para vivir juntos, para convivir?

Es indispensable incorporar el sentido de la convivencia y la tolerancia, la necesidad de acuerdos y consensos explícitos, sin los cuales toda sociedad es frágil e ilusoria su cohesión.

Estoy convencido que el  “único” modo de transformar la sociedad es mediante la educación cívica y particularmente mediante la reflexión crítica sobre la relación entre nuestras propias acciones y sus consecuencias.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es (0414) 5541014 delucabartolomeo@gmail.com. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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