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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress®. 8 / 8 / 2020. Fabrizio Reyes De Luca

   

La guerra comercial y el dólar

 

De China, se puede decir cualquier cosa en el terreno político-económico, pero lo que resulta innegable, es que el accionar de Pekín, corresponde a una visión estratégica sobre el concepto de proyección hegemónica, sin que esto implique su determinación de colocarse por encima del resto de las potencias mundiales, apoyándose en el fortalecimiento de sus actividades productivas, comerciales y financieras.

¿Y qué decir de los Estados Unidos de América, en cuanto principal economía del mundo y foco central del poderío militar en base a los avances tecnológicos en la esfera de la producción de armas y pertrechos bélicos de todo tipo?

Los ojos geopolíticos del globo terráqueo, están dirigidos al enfrentamiento comercial y financiero entre Estados Unidos y China, pasando por la esfera de la producción de bienes y servicios.

La lógica comercial manda a todo país que desea concertar un acuerdo comercial en sus diversas modalidades, debe avocarse a realizar un profundo y sustanciado estudio acerca del impacto que tendría sobre los diversos sectores productivos, comerciales y financieros del país, en su incorporación al mismo.

En pleno año 2019, se reconoció que, a escala planetaria, se trataba de consolidar el bilateralismo (a instancia de los países desarrollados), dejando en un segundo plano el escenario de las negociaciones comerciales multilaterales moderado por la Organización Mundial del Comercio (OMC). Lo expresado significa que no todo el mundo se ha beneficiado de la globalización comercial.

En efecto, tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como la OMC, reconocen el crítico momento por el que atraviesa el comercio mundial debido al aumento de las políticas proteccionistas y al evidente cuestionamiento a los grandes acuerdos de libre comercio, a nivel global.

Los nombres de los máximos gerentes del FMI, Banco Mundial y OMC, se unen para llamar la atención sobre lo siguiente: “El comercio está dejando atrás a demasiados individuos y comunidades”, por lo que hay que “hacer del comercio un motor de crecimiento para todos, en defensa del intercambio comercial y de las políticas para facilitar la adaptación”.

Pero si bien es verdad que Christine Lagarde, quien presentó renuncia como directora gerente del FMI, para ser propuesta como presidenta del Banco Central Europeo (BCE) y Roberto Azevedo, director gerente de la OMC, evidencian su preocupación por la afectación que la caída del comercio ha generado sobre muchas personas y espacios geográficos localizados en los países desarrollados; consecuentemente, el perjuicio mayor, por lógica, ha recaído sobre las economías subdesarrolladas.

Si fijamos la atención en las zonas geográficas pobres, se podrá comprobar que durante el período 1950-2018, América Latina y el Caribe, ha visto decrecer su presencia en las ventas de bienes en más de 6 por ciento, en tanto que África lo hizo por debajo del 2,5 por ciento, en tanto que los países asiáticos experimentaron un ligero incremento del 18 por ciento, en su participación comercial.

Pero con el ascenso de Donald Trump, como el presidente número 45 de los Estados Unidos de América y su proclamada retórica proteccionista y de reticencia ante la firma de grandes acuerdos comerciales bajo la vigilia multilateral de la OMC, se podría afirmar que el mundo se encuentra en un notorio reforzamiento del bilateralismo dentro del comercio planetario.

Ya la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), entidad que reúne a las principales economías del globo terráqueo y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), han expresado sus reservas ante el actual curso del comercio y los perjuicios que se han estado generando dentro de la dinámica de las relaciones económicas internacionales.

Los efectos de la guerra comercial entre Washington y Pekín ya se dejan sentir, dentro del contexto de la economía global. Pero el terreno financiero resulta vital en esas contradicciones.

El gigante asiático busca más incidencia dentro de los flujos financieros internacionales, en tanto que la economía del billete verde, aspira a eternizar su moneda nacional como divisa por excelencia de la economía del orbe.

Al efecto, debe recordarse que, a raíz de la salida de la moneda virtual, se criticó mucho la incidencia de las instituciones del Estado en la creación del bitcoin, una de las primeras y más reconocidas monedas digitales, llegándose a pronosticar su corta vida financiera, pues se descartaba que un Estado llegase a asumir su existencia.

Ha pasado el tiempo y tanto la banca privada como los bancos centrales del mundo, han reconocido el valor financiero de las monedas digitales. Así, China ha creado el e-RMB, moneda que se encuentra bajo el estricto control y aval institucional del Banco Central chino.

El dólar no nació para perdurar dentro de la aceptación financiera global por los siglos de los siglos. Surgió al calor de los acuerdos de reordenamiento de la economía mundial, tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial.

Washington emergió como el centro político-militar de la postguerra. Tanto su infraestructura productiva, como los requerimientos de consumo de la economía civil, no experimentaron deterioro por el fuego de la conflagración bélica. 

Alrededor del 62% de las reservas internacionales se concentran en dólares, en tanto que un 18% corresponde al euro (moneda única europea), en tanto que un 2% pertenece al territorio monetario-financiero del yuan (renminbi, que es el nombre oficial de la moneda china) ocupando un lugar marginal -si se permite la expresión- dentro del escenario de las divisas internacionales.

El dólar continúa siendo la divisa principal de las transacciones comerciales internacionales, pues se calcula que el 88,3% de las operaciones de compras y ventas de bienes y servicios, se hace a través del billete verde, mientras que un 4,3% de éstas, se ejecuta mediante el uso del yuan chino.

La incidencia cotidiana del dólar dentro de la economía del planeta (en especial su uso dentro de las transacciones comerciales de petróleo), continuará siendo una prueba cotidiana de que el adiós a la fuerza monetario-financiera del billete verde, no está a la vuelta de la esquina.

La agenda del comercio global debería ser reformulada, pero habría que definir el contenido y la estrategia de la misma, para visualizar con claridad meridiana, quienes serían los principales ganadores y perdedores del conflicto comercial.

 


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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