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Rafael Peralta Romero
República Dominicana

   
   
 

LatinPress®. 6 / 9 / 2020. Rafael Peralta Romero. República Dominicana

   

Voces y ecos: Augusto, Jonaira y su huésped funesto (I)

 

Un hombre y su esposa han consentido en publicar  la historia  que los ha envuelto a propósito de presentarse entre ellos un invitado no deseado.

La víctima principal ha sido  el marido a quien llamaremos Augusto,  pero la historia es contada por la esposa, Jonaira (también nombre fingido). Constituyen una familia de clase media y  con nivel de educación calificado. Así ha hablado la señora:

Sabes que está en todos lados, estás segura de que es real y es de alta peligrosidad para la salud.

Lo vivido por mi familia luego de que mi esposo fuese contagiado (no sufre de ninguna de las afecciones mencionadas que pueden agravar su estado) es un drama que hasta este momento cuando me siento a dar testimonio, lloro.

Desde inicio de la cuarentena establecimos reglas, como los hijos son adultos,  irían una vez por semana al súper. Y se hizo así, pero antes de dar apertura a la desescalada por fase, ya mi esposo tenía que ir a la oficina  (encargado  de contabilidad) y él entendía que ya que salía, podía  hacer compras (reconozco que abusó).

Esas salidas se hicieron más frecuentes. Estaba presente  el gran riesgo, aun tomando medidas: mascarillas, guantes, desinfectante.

Le llega una tos,  casi un mes. Pierde el olfato, por lo que le digo “hay que tomar esto con más seriedad por el COVID”, ya me estoy inquietando y le propongo que debería buscar cómo tomarse una  prueba  PCR, pero me alega que él no tiene nada, en estas situaciones el último en reconocer síntomas y aceptar un posible contagio es el afectado.

Las autoridades le dan apertura a la fase I de la desescalada e inician las labores con un horario reducido, por lo que, en la primera semana hace acto de presencia el tercer síntoma, la fiebre, lo despachan del trabajo hasta que se haga prueba o hasta nuevo aviso y es aquí donde a la familia le empieza su odisea.

Ese mismo día que lo despachan, le conseguimos la indicación y un tratamiento genérico para calmar más que los síntomas presentes y los que luego llegaron.

Veintiún  días de aislamiento fueron  suficientes para que la familia pasara todas, lo que más impotencia producía en todo este proceso era  el no conseguir cita en los laboratorios.

La primera cita fue una experiencia terrible, horas (hasta 70 minutos de espera) no solo en un teléfono, no sólo en laboratorio, sino con un teléfono fijo y tres celulares, aun así fracasó  el  primer intento, las respuestas de los laboratorios llovían: “Ya no hay cupo, llame mañana”. 


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es rafaelperaltar@gmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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