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¿Por Quién Doblan Las Campanas?

 




Latinpress.es 9 / 1 / 2021.
En la novela “Esto no puede pasar aquí” el novelista estadounidense Sinclair Lewis exponía una historia típicamente americana referida  a un demagogo que llega a la presidencia de EE.UU. ayudado por un mensaje lleno de patriotismo y valores tradicionales para imponer después un control totalitario similar al de los fascismos europeos. Era en 1.935.

La analogía con lo que estamos viendo estos días con el asalto al Capitolio es evidente. Se suele atribuir a este mismo autor una frase que dice que  "cuando el fascismo llegue a EE.UU. lo hará envuelto en la bandera y llevando una cruz". 

Exactamente eso es lo que estamos viendo estos días. Pues bien, llevándole la contraria a Lewis, Trump ha demostrado a los norteamericanos y al mundo entero  que eso sí puede pasar allí.

La presidencia de Donald Trump siempre ha estado ligada a la idea de la violencia y el apoyo a la ultraderecha.

En el discurso inaugural de su toma de posesión, enarboló la idea de 'America First' que había sido el grito de batalla de los reaccionarios para impedir que  Roosevelt declarara la guerra a la Alemania nazi.

Trump siempre ha tenido palabras elogiosas para los grupos ultraderechistas que le han apoyado. En un debate de la campaña presidencial, dijo a jóvenes  neofascistas: "Dad un paso atrás y estad preparados". Los iba a necesitar después de las elecciones como estamos comprobando.

El final de su presidencia ha estado a la altura de su trayectoria en la Casa Blanca. Las reacciones de condena están siendo inmediatas y variadas, unas sinceras y otras más o menos hipócritas. Todos muestran su sorpresa u horror, como si todo fuera una pesadilla imposible de creer.

En parte lo es pues nunca antes había pasado algo parecido, pero no se trata de una aberración, sino de una continuación del mensaje de violencia e intolerancia que ha caracterizado la presidencia de Trump.

Barak Obama lo ha sintetizado muy bien: "Nos engañaríamos a nosotros mismos si tratáramos todo esto como una sorpresa".

Efectivamente, de sorpresa, nada. En todo caso tendría sentido la disquisición de si estamos ante un caso de locura o de fascismo.

Y no sé el porqué de la disyuntiva: pueden ser las dos cosas a la vez.  Por supuesto no es creíble que en EE.UU. haya 70 millones de fascistas dispuestos a apoyar a un loco, ni siquiera la mitad. 

Tampoco en 1933 todos en Alemania eran nazis, pero eran los suficientes como para que la cobardía o inhibición del resto facilitara el ascenso al poder de un loco muy cuerdo.

Aquí en nuestro solar patrio la irrupción violenta del Capitolio por parte de seguidores del trumpismo se ha convertido, como era de esperar, en una nueva arma arrojadiza en la política española.

Politicastros y voceros se han apresurado a comparar el intento de golpe de estado americano con la manifestación frente al Congreso de los Diputados que tuvo lugar durante la investidura de Mariano Rajoy en 2016. 

Los argumentarios internos que Génova envía a sus cargos públicos reclaman vincular lo sucedido en EE.UU. con manifestaciones en España. Forma parte de su estrategia de desgaste del gobierno. Nada nuevo. 

Aquí en España para encontrar  cualquier tipo de analogía entre lo sucedido en Washington y nuestra historia reciente hay que remontarse al 23 F donde los fascistas entraron a tiros en el Congreso,  o al general Pavía que a lomos de su caballo entró en las Cortes en 1874 terminando con la I República española.

En su histeria política aprovechan cualquier cosa para el garrotazo, como en el cuadro de Goya.

Lo sucedido en Washington es una actuación propia de la extrema derecha  que practica la subversión cuando la democracia no le es favorable. Extrema derecha o fascismo frente al que  no hay otra vacuna que más ideología, más racionalidad y más democracia.

La democracia se defiende practicándola, no desertando de ella que es lo que han hecho los norteamericanos estos últimos años.

Y formalmente tiene una regla muy clara: gobierna quien tiene mayoría y quien pierde asume como legítimo el resultado electoral, cosa que no hacen en España politicastros de derechas y voceros, y en Estados Unidos los trumpistas.

De manera que ante este momento ciertamente histórico en el que la democracia americana está bajo lupa por la insurrección de unos cuantos patriotas,  bueno estaría que los demás nos miráramos a nosotros mismos y respondiéramos a la pregunta que nos lanzaba Ernest Hemingway en su novela  “¿Por quién doblan las campanas?” a propósito de los horrores que le provocaba nuestra guerra civil.  Doblan por nosotros mismos, me digo yo.

Colaboración especial para LatinPress®. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es


 
 

 

 

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