Marbella: El Comentario de la Semana 316.
Un país suspendido entre el júbilo y la humillación.
La madrugada del sábado venezolana se partió en dos con una imagen que ya ha empezado a fijarse en la memoria colectiva: Nicolás Maduro, detenido, custodiado y fotografiado en lo que sus adversarios celebran como el final de una era y sus partidarios describen como una escena de humillación calculada. La fotografía, difundida desde el entorno del propio Donald Trump, no solo buscaba confirmar una captura; buscaba sellar un relato. Trump es, sin duda, el protagonista central. Anunció la operación, bendijo la incursión militar y reclamó para Estados Unidos el papel de tutor temporal de Venezuela. En su discurso no hubo espacio para matices: el país, dijo, será dirigido por Washington hasta que exista una “transición adecuada”. María Corina Machado, símbolo del liderazgo opositor interno, quedó relegada a un segundo plano incómodo: celebrada fuera, cuestionada dentro y, por ahora, excluida del poder real. Maduro, durante años figura omnipresente del régimen, aparece ahora reducido a una imagen estática, casi ceremonial, que recuerda a otras capturas diseñadas para enviar un mensaje más amplio que el destino de un solo hombre. La humillación no es sólo personal: es política y simbólica, dirigida a un sistema entero. En las calles de Caracas, sin embargo, no hubo la respuesta inmediata que muchos esperaban. Ni multitudes defendiendo al chavismo ni una explosión masiva de celebración. El silencio, más que los discursos, definió las primeras horas. En contraste, en Miami y otras ciudades con fuerte diáspora venezolana, la escena fue de júbilo abierto, banderas y teléfonos en alto. El tercer protagonista es el vacío. Sin comunicado institucional claro desde Caracas, sin un mando militar visible y sin una autoridad interna que articule el día después, Venezuela no enfrenta solo un cambio de régimen, sino una crisis de autoridad. La imagen de Maduro detenido —fría, humillante, viral— cierra un capítulo, pero no escribe el siguiente. Por ahora, el país queda atrapado entre una promesa de liberación dirigida desde el exterior y la incertidumbre profunda de no saber quién, ni cómo, gobernará cuando la foto deje de circular y llegue la mañana siguiente.
















