Por una nueva forma de hacer política

Fabrizio Reyes de Luza • 16 de julio de 2025

Por una nueva forma de hacer política.

Estamos definitivamente en un punto, donde cada paso que damos como nación deteriora aún más la credibilidad de los políticos y para nuestra mala suerte, de las instituciones que éstos dirigen.

La conversión del ideal y las luchas políticas en un negocio, que mientras es más turbio, mayores son las posibilidades electorales, se ha convertido en norma, siendo imposible mirarse frente al espejo y sonreír luego de una victoria, sin recordarnos que prevalece la doble moral.

La idea de hacer negocios en la política, es ya una práctica que va mucho más allá de los criterios del clientelismo y el populismo. Sino que viene siendo la materia prima de cualquier esfuerzo, que siempre se vende como honesto, noble y serio, pero que en el fondo, no es más que una falsa mezcla de ideologías, para mantener vivas las tiendas políticas del engaño y de los afamados discursos partidistas.

Ante estas realidades, intentan penetrar en el mercado de la política local, las denominadas “candidaturas independientes”, pero intentando entrar en la misma carrera en las que compiten los partidos políticos ya viciados y enlodados por sus malas prácticas.

Entonces, aspirar a convertirnos en un "fenómeno político" en tierra de banano y café, no parece ser una cosa distinta a una utopía, a un nuevo sueño irrealizable.

Solo las candidaturas para posiciones de menor impacto, son las que pueden ofrecer alguna oportunidad, en esta misma carrera entre tiburones y delfines, y prefiero llamarle así, pues volver a insistir en “refundar la Patria”, aunque es más objetivo, también recuerda olores indeseables.

Pero mirándolo con una dosis de realismo duro, lo que necesita este país es una nueva forma de hacer política. Un relanzamiento integral, que posiblemente puede implicar, la aplicación de la misma ley, para que siendo estricta, queden fuera de juego aquellos partidos, que sin excepción, no logren al menos el 2% de los votos, aunque hayan logrado algún escaño parlamentario.

Esto último se ha utilizado como salvavidas, que siempre se consigue con las denominadas alianzas o componendas, y solo para seguir esquilmando al Estado, con el dinero tributado por el pueblo engañado tantas veces, por esa misma mafia de la partidocracia.

Los aportes de los partidos políticos son muy poco plausibles. Y pretender que sigan teniendo financiamiento con dinero público, no es más que el estímulo franco, de seguir fomentando la creación de nuevos partidos de alquiler y a la postre, encareciendo un proceso que además de creíble, diáfano y transparente, debería ser simplificado y mucho menos costoso.

El reparto del botín de guerra que es el erario público debe terminar, esa famosa piñata solo alcanza para los partidos y sus dirigentes. De esa piñata, no alcanzan a recibir algo en la alcancía de los nuevos ventorrillos que albergan a los “candidatos independientes”.

Nuestra nación está a tiempo de enderezarse y restablecerse institucionalmente, dejando de pensar como parcelas políticas en todas las decisiones que se toman, y actuar más con una visión de Estado, que integra los activos de la República, sin importar si se trata de un cuadro político del partido de gobierno o sus aliados. Sino, pensando más bien, en los méritos, las competencias y los aportes que realmente cada ciudadano puede hacer en beneficio de la colectividad.

Si queremos mejorar, tenemos hoy una buena oportunidad, para edificar una nueva política en el país, pero lo que más falta hace, es que de manera personal, cada actor o aspirante, deponga sus apetencias personales que les hace ser excluyentes; y, con vocación de servicio, sumarse a un propósito compartido en beneficio del bien común.

Claro está, esa necesidad de brillo, característico de personalidades extremadamente narcisistas, adornan a los personajes de nuestra política. Y cuando están cerca o ya en el poder, se pierde de vista la perspectiva de lo que debería ser un servidor público, para convertirse en arrogantes, impulsivos, emocionales, arbitrarios y abusadores, basándose en el poder siempre pasajero que acompaña a los insaciables roedores de la política nacional.

Dar un giro a este acontecer, y crear escenarios de mayor credibilidad, confianza y respeto ganados, debería ser el verdadero reto en la grandeza del liderazgo que merece tener nuestro país. Aún estamos a tiempo para de forma proactiva, dar un giro en el timón del barco de nuestra nación, integrando mucha gente buena que la hay, para comenzar a desplazar la podredumbre en la cultura perversa de la gestión pública.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de LatinPress.es fabriziodeluca823@gmail.com Colaboración especial para LatinPress®
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