Trampolín para la Federación Provincial.
San Pedro Alcántara, trampolín para la Federación Provincial.
San Pedro Alcántara. Marbella. - El término municipal acogió el sábado 19 una reunión que, bajo la apariencia de encuentro entre partidos independientes, apunta a una cuestión más profunda: qué espacio queda para la política estrictamente municipal en un sistema dominado por las grandes marcas nacionales.
La futura Federación de Partidos Municipalistas de Málaga (FEMMA) nace precisamente de esa paradoja.
Las candidaturas independientes pueden tener una presencia significativa en sus respectivos municipios y, sin embargo, perder buena parte de su capacidad de influencia cuando la política abandona el ayuntamiento y entra en la Diputación.
Los organizadores cifran en más de 38.500 los votos obtenidos por estas candidaturas en las últimas elecciones municipales, una cifra que presentan como próxima al umbral necesario para conseguir representación provincial. El problema, por tanto, no parece ser únicamente electoral. Es también de traducción política del voto.
Un vecino puede votar a una candidatura independiente porque conoce a sus concejales, comparte su programa para el municipio o simplemente considera que sus intereses están mejor representados por una formación local. Pero ese voto termina fragmentado entre decenas de siglas cuando llega el momento de configurar la institución provincial.
FEMMA pretende cambiar esa ecuación para que la suma de fuerzas locales tenga una segunda vida política fuera de cada ayuntamiento.
El discurso municipalista tiene además una ventaja evidente: resulta difícil discutir la importancia de la política de proximidad traducida a limpiar una calle, pero no basta con afirmar que los partidos locales están más cerca de los ciudadanos.
Hay que demostrar que esa cercanía produce mejores decisiones que pueden mantenerse cuando llegan los pactos, los presupuestos y la negociación institucional.
Ese fue precisamente uno de los asuntos abordados en la mesa redonda celebrada en San Pedro: la tensión entre las grandes obras y el mantenimiento cotidiano, las líneas rojas ante posibles pactos y el relevo generacional.
Son cuestiones aparentemente domésticas, pero políticamente decisivas. Un partido municipalista puede ser muy independiente mientras esté en la oposición; la prueba llega cuando necesita negociar un presupuesto, una alcaldía o una inversión con el PP, el PSOE o cualquier otra formación. La independencia política se vuelve entonces bastante más cara que la independencia de discurso.
La presencia de Juan Franco, alcalde de La Línea de la Concepción, y Sebastián Hidalgo, diputado provincial en Cádiz, aportó al encuentro un elemento interesante: un ejemplo real de municipalismo que ha conseguido saltar desde el ayuntamiento hasta una institución supramunicipal.
La experiencia de 100×100 La Línea fue presentada como referencia para las formaciones malagueñas que aspiran a ganar peso en la Diputación, aunque con la cautela de que un caso de éxito no constituye automáticamente un modelo exportable.
Málaga cuenta con 103 municipios y una realidad extraordinariamente fragmentada. Lo que funciona en un municipio no necesariamente puede reproducirse a escala provincial.
Por eso, FEMMA tendrá que resolver una cuestión que todavía permanece abierta: qué une realmente a sus integrantes más allá de su rechazo a depender de los grandes partidos.
OSP ha vinculado desde el principio el municipalismo provincial con una reivindicación estrictamente local: el equilibrio entre Marbella, San Pedro Alcántara y Nueva Andalucía en el reparto de inversiones. Esa reivindicación aparece expresamente ligada a la organización del encuentro.
El municipalismo deja de ser solamente una herramienta para los pequeños municipios frente a Málaga capital o frente a los grandes partidos. Puede convertirse también en un instrumento para los núcleos que consideran que dentro de un mismo municipio existe un desequilibrio territorial.
Lo difícil empieza después.
FEMMA tendrá que decidir cómo se organiza, quién toma las decisiones, cómo se financia, qué posiciones comunes adopta y hasta dónde puede llegar la disciplina de una federación formada por partidos que precisamente nacieron reivindicando su autonomía.
Ahí aparece la contradicción central del proyecto. Los partidos independientes quieren escapar de las estructuras verticales de PP y PSOE. Pero para tener fuerza colectiva necesitan construir otra estructura común, inevitablemente dotada de órganos, reglas, acuerdos y mecanismos de decisión.
En otras palabras: para dejar de depender de los grandes partidos tendrán que aprender a funcionar como un partido grande sin convertirse en uno.
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