Marbella. -
No hace falta exigir responsabilidades políticas por el clima creado en Marbella para demostrar que quienes corearon los insultos contra Pedro Sánchez en la manifestación por la solidaridad con Ceuta, convocada por la alcaldesa de Marbella, Ángeles Muñoz, sean los autores de las pintadas que aparecieron un día después en la sede del PSOE
El vandalismo no debería necesitar demasiadas explicaciones para provocar una reacción política unánime, por eso resulta preocupante que, ante un ataque de estas características, el PSOE tenga que reclamar públicamente algo que debería surgir de manera automática: la condena del resto de las fuerzas políticas y, es más decepcionante que la reacción política, salvo la de Izquierda Unida, ante este episodio no haya sido inmediata y colectiva.
Una sede partidista puede ser muchas cosas como ha dicho José Bernal: un despacho, un lugar de reuniones, un espacio de atención a los ciudadanos, pero antes que nada es un lugar donde los ciudadanos ejercen un derecho democrático elemental: organizarse políticamente y defender unas ideas.
Las líneas rojas no aparecen cuando se rompe una persiana o se pinta una fachada. Se construyen mucho antes, con palabras o con gestos.
El secretario general del PSOE Marbella ha relacionado las pintadas con los mensajes y eslóganes escuchados días antes durante una concentración celebrada en Marbella en apoyo a Ceuta. La coincidencia, por supuesto, no demuestra la autoría del ataque. Sería irresponsable establecer esa conexión sin una investigación policial que la acredite. Pero tampoco es razonable utilizar la ausencia de una prueba de autoría para ignorar la cuestión política de fondo.
Nadie puede aceptar como normal que en una concentración política se insulte gravemente al adversario, que se le señale públicamente y que determinadas expresiones de odio político sean jaleadas, después no puede sorprenderse demasiado cuando el lenguaje termina degradando la convivencia democrática.
Si una sede del PSOE es atacada, el PSOE tiene todo el derecho a denunciarlo. Los responsables del vandalismo deben ser identificados y responder ante la justicia. Y las fuerzas políticas de Marbella deberían condenar los hechos sin matices.