Control sobre el tráfico rodado y los residuos sólidos
Miguel Ángel Benítez • 7 de octubre de 2025
La Policía Local de Marbella ha retirado 250 vehículos abandonados, levantado 900 actas por residuos sólidos y 365 denuncias a vehículos de movilidad personal.
MARBELLA. España. —
En lo que va de 2025, la Policía Local ha retirado 250 vehículos abandonados, levantado 919 actas por infracciones en materia de residuos sólidos frente a las 340 en 2024, y tramitado 365 denuncias contra patinetes y bicicletas que circulaban fuera de los espacios permitidos, en 2024 se gestionaron 186 denuncias.
Para un municipio acostumbrado a convivir con el exceso de tráfico, ruido y ocio, los números dibujan un intento de recuperar el control sobre la convivencia urbana.
El nuevo frente de las basuras
El repunte de sanciones por residuos sólidos urbanos apunta a un endurecimiento de la vigilancia sobre el cumplimiento de horarios para depositar basura, especialmente en los polígonos industriales, donde la actividad comercial y la ausencia de control vecinal favorecen los abusos.
Las multas parecen una declaración de intenciones, como el de imponer disciplina en un contexto donde la limpieza urbana afecta directamente la imagen turística —y, por tanto, la economía local—, la política de sanciones actúa como herramienta de mantenimiento reputacional.
La grúa como símbolo de orden
El otro gran frente son los vehículos mal estacionados o abandonados. En lo que va de año, 3.332 coches han sido retirados, en su mayoría por mal aparcamiento. Es una cifra que, leída con contexto, dice tanto de la presión urbana como de la transformación de la movilidad: más coches, menos espacio y una creciente intolerancia hacia la ocupación irregular del suelo público.
En el fondo, el control del aparcamiento refleja una paradoja habitual en ciudades turísticas: mientras se fomenta la llegada de visitantes y el consumo, se intenta a la vez limitar los efectos secundarios de la congestión que esos mismos visitantes generan. El resultado es un modelo urbano que oscila entre la hospitalidad y el agotamiento.
Los nuevos infractores: patinetes y bicicletas
El aumento de denuncias a usuarios de patinetes eléctricos y bicicletas —que prácticamente se han duplicado respecto al año pasado— introduce otro debate: el de la movilidad personal y su integración en la ciudad.
Los patinetes, que prometían una solución ecológica y ágil al tráfico, se han convertido en una fuente de conflicto en aceras y paseos marítimos.
El objetivo no es sancionar, sino mejorar la convivencia”, explicó el portavoz policial Miguel Ángel Benítez. La frase podría figurar en cualquier manual de gobernanza urbana contemporánea: una mezcla de pedagogía y autoridad. Pero la frontera entre ambas cosas es difusa.
Cada multa, cada vehículo retirado o patinete incautado, es también una señal de cómo la administración gestiona el espacio común.
En el mejor de los casos, representa un esfuerzo por ordenar el caos; en el peor, un síntoma de una ciudad que se vuelve más reglamentada y menos tolerante con el desorden cotidiano.









