El PP veta un espacio a La Pasionaria
Isabel Pérez • 25 de abril de 2025
El Partido Popular de Marbella veta un símbolo de resistencia democrática.
Marbella. -
En la sesión plenaria de este viernes 25, el Ayuntamiento de Marbella, con el voto en contra del Partido Popular, bloqueó una propuesta para dedicar un espacio público a la memoria de Pasionaria León Díaz, superviviente de La Desbandá y vecina de San Pedro Alcántara.
No se trataba de una estatua polémica ni de una revisión radical del pasado, sino de un sencillo gesto: reconocer públicamente a una mujer que, a sus 96 años, representa uno de los episodios más oscuros y menos reconocidos de la historia reciente de España. El rechazo revela algo más
Es una señal clara del estancamiento moral e ideológico que todavía persiste en algunos sectores cuando se trata de hacer justicia simbólica a las víctimas del franquismo.
La negativa del gobierno local, encabezado por Ángeles Muñoz, a homenajear a una superviviente de uno de los mayores crímenes de guerra contra civiles en territorio español –la masacre de la carretera Málaga-Almería en 1937– no es solo una omisión: es un acto consciente de negación histórica.
Pasionaria León Díaz tenía ocho años cuando emprendió la huida con su madre embarazada y su hermano por la N-340, bajo el fuego indiscriminado de buques franquistas.
A su regreso, fue obligada, como tantos otros niños republicanos, a renunciar a su nombre y asumir uno impuesto por el santoral católico.
La dictadura no solo pretendía silenciar a sus enemigos; buscaba también borrar sus identidades.
Instalada desde 1986 en San Pedro Alcántara, tras una vida como empresaria en Canarias, Pasionaria no ha sido una figura militante ni una activista de pancarta.
Su lucha ha sido silenciosa, pero elocuente: sobrevivir, prosperar, y recordar. Su historia no enaltece una ideología, sino que exige una verdad. Y eso, al parecer, sigue siendo demasiado pedir.
El argumento implícito del PP —que estos homenajes reabren heridas— no se sostiene. Las heridas no se cierran silenciándolas. La memoria democrática no es un ajuste de cuentas; es un acto de responsabilidad civil.
La negativa a reconocer a Pasionaria no borra su historia, pero sí deja en evidencia a quienes prefieren mirar hacia otro lado antes que asumir un pasado incómodo.
En un país que ha tardado décadas en abordar su memoria colectiva, decisiones como esta envían un mensaje inquietante: que incluso en democracia, todavía hay víctimas que no merecen ser nombradas.









