Los alquileres turísticos se han convertido en una plaga
Manuel Núñez • 14 de julio de 2025
Las viviendas turísticas se han convertido en una plaga.
Marbella. -
En muchas ciudades del mundo, desde Lisboa hasta Los Ángeles, el auge del alquiler turístico ha reconfigurado el espacio urbano en nombre del beneficio inmediato.
Pero en Marbella, la transformación tiene un nombre y un rostro propio. Mientras la ciudad se convierte en un escaparate para visitantes temporales, el nuevo coordinador de Izquierda Unida, Manuel Núñez, clama por frenar lo que él describe como una “plaga”. Al otro lado, en silencio o en negación, está la alcaldesa Ángeles Muñoz, del Partido Popular.
Lo que se libra en Marbella no es solo una batalla sobre licencias y normativas, es una disputa sobre el modelo de ciudad. Núñez lo tiene claro: “Marbella no puede seguir perdiendo su identidad, ni expulsando a su gente en nombre de la especulación”. Sus advertencias, respaldadas por cifras del Registro de Turismo de Andalucía y el INE, revelan que el 15% del parque de viviendas del municipio ya está destinado al uso turístico, más de 15.000 viviendas en un territorio que supera incluso a la capital de la provincia en densidad de pisos turísticos.
Mientras tanto, Ángeles Muñoz insiste en que las viviendas turísticas no suponen un problema real para el acceso a la vivienda.
Su postura no solo contrasta con la percepción de amplios sectores sociales, sino que contradice incluso el estudio encargado por su propio gobierno municipal a la Universidad de Málaga, donde se concluye que la proliferación de pisos turísticos está alterando el acceso a la vivienda, desfigurando el tejido social y dificultando la contratación de profesionales en sectores esenciales.
La crítica de Núñez señala una falta de voluntad política para asumir que Marbella, bajo su actual modelo de desarrollo, ha cruzado una línea roja. Lo que comenzó como un fenómeno puntual, se ha transformado en una maquinaria que expulsa a residentes, encarece los alquileres y convierte a los barrios en decorados para Instagram.
En su propuesta, Izquierda Unida no solo pide una moratoria inmediata en la concesión de nuevas licencias, sino también medidas fiscales —como un recargo en el IBI y la tasa de basura para las VUT.
La idea no es acabar con el turismo, sino ponerle límites razonables. En palabras de Núñez: “Hay que recuperar el derecho a la ciudad para quienes vivimos y trabajamos en ella”.
Pero esa visión choca con el discurso oficial del Ayuntamiento, donde predomina una narrativa triunfalista basada en el crecimiento turístico como sinónimo de éxito.
En ese relato, las tensiones sociales, la expulsión de los jóvenes, la conversión de bloques residenciales en hoteles encubiertos o la desaparición del comercio de proximidad quedan relegadas a daños colaterales, cuando no negadas abiertamente.
La pregunta de fondo es incómoda y profundamente política: ¿para quién se gobierna una ciudad? ¿Para quienes invierten en ella desde fuera o para quienes la habitan cada día? Manuel Núñez plantea esta cuestión con claridad. Ángeles Muñoz, por ahora, responde con silencio o evasivas.









