Los caballos de Marbella sin exámenes veterinarios
Carmen Sánchez • 28 de julio de 2025
Marbella lleva siete años sin hacer exámenes veterinarios a los caballos turísticos.
Marbella. -
En una ciudad sinónimo de lujo, exclusividad y ostentación, hay una realidad que permanece cuidadosamente apartada de las postales turísticas: la de los caballos que tiran de coches en pleno siglo XXI.
Mientras los visitantes recorren el centro histórico en carruajes aparentemente pintorescos, los animales que hacen posible ese recorrido han sido dejados en la sombra por el mismo ayuntamiento que los regula. O debería hacerlo.
Un informe reciente obtenido por el Partido Animalista PACMA revela que el Ayuntamiento de Marbella no ha realizado exámenes veterinarios oficiales a estos caballos desde diciembre de 2018, una omisión que compromete directamente el bienestar de los animales y expone una preocupante negligencia institucional.
El hecho de que no exista constancia oficial de revisiones veterinarias en siete años no es solo un problema administrativo. Es una advertencia sobre el sufrimiento crónico que pueden estar padeciendo decenas de caballos bajo un sistema que ignora sus necesidades fisiológicas más básicas.
En la última inspección registrada —ya caduca— dos caballos presentaban cojera, y uno no alcanzaba la edad mínima legal para ser explotado en el trabajo.
PACMA también señala que hay al menos nueve animales sin uso declarado que tampoco cumplirían con ese requisito.
La implicación es clara: animales jóvenes podrían estar siendo usados en contra de la normativa vigente, sin que nadie —legalmente— lo esté verificando.
Transparencia opaca
Según denuncia PACMA, cada solicitud de información pública ha debido ser reclamada ante el Consejo de Transparencia de Andalucía, lo que plantea dudas legítimas sobre la voluntad del consistorio de permitir el escrutinio público.
La falta de transparencia no es un simple fallo burocrático. Es una estrategia política que invisibiliza las consecuencias de mantener la tracción animal en un sistema turístico anacrónico, y protege intereses económicos que siguen viendo a los animales como engranajes, no como seres sintientes.
En 2020, el Ayuntamiento de Marbella —quizás empujado por la presión social— prometió abolir la tracción animal en tres años. Hoy, esa promesa yace enterrada bajo una nueva normativa que extiende legalmente esta forma de explotación durante al menos dos décadas más.
El apoyo político de PP y Vox, frente a la oposición de PSOE y la abstención de OSP, confirma que el eje ideológico en torno al bienestar animal sigue siendo difuso, cuando no puramente utilitario.
La nueva ordenanza, según PACMA, rechazó todas las alegaciones de protección animal, salvo una que limita el tipo de alimento que los animales pueden recibir en la vía pública —un cambio cosmético que apenas raspa la superficie del problema.
Marbella no es un caso aislado. Pero es un símbolo potente: una ciudad que se vende al mundo como vanguardia de la modernidad europea, mientras mantiene prácticas que pertenecen al siglo XIX.









