Marbella destinó 1,7MM€ a colegios públicos.
Diego López • 26 de diciembre de 2025
Marbella realizó 111 actuaciones en 2025, en colegios públicos, por más de 1,7 millones de euros.
Marbella. -
A primera vista, la cifra impresiona: más de 1,7 millones de euros invertidos en colegios públicos durante 2025.
Es una cantidad respetable en un contexto de ayuntamientos constreñidos por competencias limitadas y presupuestos tensionados.
Pero, como ocurre a menudo, el valor real de la inversión no está tanto en el titular como en cuánto toca a cada centro, en qué se gasta y qué puede —y qué no puede— cambiar con ese dinero.
Si se distribuye el presupuesto anunciado entre las 111 actuaciones ejecutadas, el promedio ronda los 15.000 euros por intervención.
Incluso si algunas obras concentran más recursos —como el caso del CEIP José Banús, donde se han acometido trabajos estructurales de mayor calado— el patrón general apunta a actuaciones de pequeña y mediana escala: mantenimiento, seguridad, accesibilidad, iluminación, patios y cubiertas. Es decir, lo que en el lenguaje administrativo se denomina “conservación”, no transformación.
Desde ese punto de vista, el plan cumple una función clara: evita el deterioro progresivo de los centros, reduce riesgos estructurales, mejora condiciones básicas de confort y seguridad y corrige déficits acumulados durante años. Nadie aprende mejor en un aula con goteras, mala iluminación o patios degradados. En ese sentido, el retorno de la inversión es tangible, inmediato y poco discutible: colegios más seguros, más funcionales y más dignos.
Sin embargo, el alcance del presupuesto también marca sus límites. Con esta dotación no cabe esperar saltos cualitativos profundos en el modelo educativo ni una modernización integral de los centros. No hay margen para grandes reformas arquitectónicas, ampliaciones significativas, rediseños pedagógicos del espacio o incorporación masiva de tecnologías educativas avanzadas. El presupuesto sirve para sostener el sistema, no para reinventarlo.
El reparto territorial equilibrado —Marbella Oeste, Este, San Pedro, Nueva Andalucía y Las Chapas— refuerza además una lógica política conocida: llegar a todos los distritos, evitar agravios comparativos y demostrar presencia municipal en cada barrio. Es una estrategia eficaz en términos de cohesión territorial y percepción ciudadana, pero también diluye el impacto concentrado que tendría una inversión más ambiciosa en menos centros.
¿Qué resultados pueden esperarse, entonces? A corto plazo, mejoras visibles en el día a día escolar: menos incidencias, más seguridad, espacios exteriores más utilizables y centros que envejecen más despacio. A medio plazo, una reducción del coste futuro de reparaciones mayores, gracias a un mantenimiento constante. Lo que no puede esperarse es que este presupuesto, por sí solo, cambie indicadores educativos, reduzca ratios, innove metodologías o cierre brechas sociales vinculadas a la educación.
En última instancia, el plan revela tanto una virtud como una carencia estructural. La virtud es la constancia: invertir cada año en lo básico, aunque no luzca. La carencia es la ausencia de una estrategia más ambiciosa, coordinada con otras administraciones, que permita pasar del mantenimiento a la transformación. Porque conservar los colegios es imprescindible. Pero aspirar a algo más que sobrevivir también debería serlo.









