Residencia pública de mayores
Diego López • 19 de diciembre de 2025
Marbella anuncia para el 30 de junio de 2026, la apertura de la Residencia Pública para Mayores.
Marbella. -
La futura residencia pública para personas mayores del Trapiche del Prado avanza con acciones que, según el concejal Diego López, permitirá abrir el equipamiento en 2026.
Esta promesa incumplida insistentemente durante años, busca cerrar uno de los compromisos sociales más reiterados del actual mandato municipal.
En 2024, la alcaldesa de Marbella, Ángeles Muñoz, fue explícita: “el objetivo es que durante este año se vaya concluyendo la obra y que en 2025 podamos aperturar la residencia de mayores pública”.
Esa declaración situó el proyecto no solo como una prioridad presupuestaria, sino como un hito simbólico: la primera residencia pública municipal para mayores, en una ciudad envejecida y con una oferta residencial privada inaccesible para buena parte de la población.
A finales de 2025, la obra no está concluida, pero sí en una fase avanzada que permite una lectura más matizada. Las actuales actuaciones —instalaciones, climatización, electricidad, revestimientos interiores y urbanización exterior— corresponden a la recta final de un proyecto complejo, tanto por su dimensión funcional como por su integración con un edificio histórico del siglo XVII.
No se trata ya de estructura o cimientos, sino del momento en que una obra empieza a convertirse en un espacio habitable.
Sin duda, la residencia no es solo un edificio nuevo, es un complejo asistencial que debe cumplir estándares sanitarios, de accesibilidad, eficiencia energética y seguridad, y que además convive con el Trapiche del Prado, rehabilitado como centro de interpretación cultural.
Esta dualidad —equipamiento social moderno y patrimonio histórico— añade valor al proyecto, pero también complejidad técnica y administrativa.
Diego López habla de plazos “firmes” y fija ahora el horizonte del 30 de junio como fecha de finalización. El énfasis en el buen ritmo de ejecución y en la coordinación con la Junta de Andalucía busca reforzar la idea de que el retraso no responde a desidia, sino a la magnitud del proyecto.
Sin embargo, para la ciudadanía —especialmente para las familias que esperan plazas públicas— el debate es menos técnico y más tangible. La residencia fue anunciada como una respuesta urgente a una demanda histórica. Cada mes adicional sin apertura prolonga una carencia estructural: la falta de recursos públicos para una población mayor que crece más rápido que la red de servicios sociales.
El proyecto se mueve en una línea delicada. Por un lado, es innegable que Marbella está invirtiendo cerca de 10 millones de euros en un equipamiento que no genera rentabilidad económica directa, algo poco habitual en una ciudad donde gran parte del suelo y la inversión pública se orientan al turismo.
Por otro, el retraso respecto al calendario inicialmente anunciado erosiona la credibilidad de los compromisos políticos, aunque la obra avance de forma sostenida.
Si finalmente abre sus puertas en 2026, aunque sea en la segunda mitad del año, el gobierno municipal podrá reivindicar haber cumplido el fondo del compromiso, aunque no su calendario exacto.
Si, por el contrario, la apertura se desplaza de nuevo, el proyecto pasará a engrosar la lista de infraestructuras sociales prometidas que llegan tarde, incluso cuando llegan bien hechas.









