Una ciudad con daños recurrentes
Diego López • 28 de diciembre de 2025
Marbella recibió más de 100 obras de envergadura y 4.000 pequeñas actuaciones durante 2025.
Marbella. -
La ciudad cerró 2025 con una cifra que impresiona en titulares: más de un centenar de obras “de envergadura” y alrededor de 4.000 pequeñas actuaciones repartidas por todo el municipio.
El balance, presentado por el concejal de Obras, Diego López, dibuja una ciudad en movimiento constante, atravesada por máquinas, vallas, asfaltos nuevos y un goteo casi infinito de intervenciones menores.
El gobierno local sitúa en el centro de su relato los grandes equipamientos sanitarios: los centros de salud de Las Chapas y Ricardo Soriano, y la ampliación del ambulatorio de Las Albarizas con el espacio Pablo Ráez.
López habla de un “vuelco” al sistema sanitario de Marbella, aunque ese giro depende en gran medida de la Junta de Andalucía, titular de las competencias.
El Ayuntamiento aparece aquí más como facilitador y ejecutor de obras que como arquitecto de una política sanitaria propia.
A ese bloque se suman actuaciones de emergencia tras la DANA y otros temporales, como la escollera de Tamanaco. Obras necesarias, sin duda, pero que responden más a la lógica de reparar daños recurrentes que a una estrategia preventiva de largo alcance.
En el mismo paquete se incluyen proyectos con una fuerte carga simbólica, como la recuperación del Faro y su entorno, un espacio cerrado durante décadas que todavía no ha vuelto a la ciudadanía. Es una operación urbanística con alto valor político: visible, fotografiable y fácilmente reivindicable, pero que continúa sin uso.
El listado continúa con la rehabilitación del Trapiche del Prado, la renovación de la piscina Salduba o el pabellón Sergio Scariolo.
Equipamientos que refuerzan la idea de una ciudad que invierte en deporte y patrimonio, aunque de forma fragmentada, sin que se perciba un hilo conductor claro más allá de la suma de actuaciones.
Donde el discurso municipal se vuelve más técnico —y menos épico— es en el saneamiento, las obras en Hacienda Las Chapas, El Rosario y Costabella, responden a una demanda histórica de los vecinos y corrigen una anomalía administrativa: sin redes adecuadas, no había licencias ni reformas posibles.
El capítulo de las “microactuaciones” es el más revelador. Bordillos, baldosas sueltas, arquetas, alcorques, rampas de accesibilidad, pasos de peatones, luminarias LED. Más de 4.000 pequeñas intervenciones que no terminan de mejorar la fisonomía de la ciudad.
El gobierno presume de rapidez —algunas incidencias se resuelven en menos de 48 horas— y de haber creado un equipo específico para ello. Es la política municipal en su forma más pragmática: poco glamour, pero alto impacto inmediato. El problema es que esta acumulación de obras, grandes y pequeñas, también tiene un reverso.
La ciudad aparece atrapada en una lógica de mantenimiento permanente, donde casi todo es urgente y casi nada es estructural. Hay mejoras, sí, pero también una sensación de parcheo continuo, de respuesta reactiva más que de planificación ambiciosa.
Marbella avanza, pero lo hace a base de capas superpuestas: una rampa aquí, un centro de salud allá, un paseo fluvial más.









