La Policía de Marbella mantiene la vigilancia en todas sus playas para el control de las conductas irregulares
Marbella. - Además del número de policías y personal de seguridad desplegado, el dato más relevante es el volumen de incumplimientos detectados: 237 actas levantadas desde finales de junio hasta comienzos de agosto.
Un dato que ya supera, cuando todavía queda buena parte del verano, las 231 registradas durante toda la temporada anterior.
El incremento apunta a una presión creciente sobre el espacio litoral, pero también plantea el hasta qué punto la vigilancia está siendo capaz de prevenir las conductas irregulares y no únicamente de sancionarlas.
Es significativo que 193 de las 237 actas correspondan a la venta ilegal, es decir, más del 80% de las actuaciones sancionadoras están relacionadas con actividades comerciales no autorizadas.
La presencia de vendedores de pulseras, bolsos, gafas, relojes, prendas deportivas o bañadores forma parte desde hace años del paisaje de las playas de Marbella, especialmente en los meses de máxima ocupación. El problema, por tanto, no parece coyuntural.
Marbella está reforzando la seguridad de sus playas precisamente cuando su litoral soporta una enorme presión turística. Más visitantes significan más actividad económica y también más residuos, más ocupación del espacio público, más comercio irregular, más conflictos de convivencia y una mayor necesidad de servicios de emergencia.
El despliegue
El despliegue es importante: 15 policías locales, 80 vigilantes, 17 torres, tres ambulancias con personal de enfermería y tres motos de agua. Un dispositivo que también medirá la reducción efectiva de las infracciones.
Las mascotas, los masajes y el espacio
La normativa sobre mascotas, masajes, venta ambulante o comercio ilegal puede parecer secundaria frente a cuestiones de seguridad, pero en una playa masificada el espacio público es limitado.
El caso de los perros resulta ilustrativo. Marbella dispone de zonas específicamente habilitadas en El Pinillo y Ventura del Mar, lo que permite compatibilizar la presencia de animales con el uso turístico de las playas, el problema aparece cuando las excepciones no se respetan y determinadas prácticas terminan ocupando espacios destinados a otros usuarios.