Disparos antiaéreos sobre Caracas
Doménico Spiezio • 6 de enero de 2026
Disparos antiaéreos sobre Miraflores reavivan la alerta en Venezuela y profundizan una tensa calma nacional.

Caracas. Venezuela. Doménico Spiezio. Latinpress.es
Marbella. -
A la 1:51 de la madrugada de este miércoles 6, el cielo sobre el Palacio Presidencial de Miraflores, en Caracas, se iluminó con disparos antiaéreos, rompiendo la quietud nocturna y devolviendo a Venezuela a un estado de alerta inmediata.
El episodio, breve pero inquietante, se produjo en un país que desde hace semanas vive bajo una tensa calma, donde la ausencia de certezas pesa tanto como la amenaza abierta de una nueva escalada militar.
Durante los pocos minutos que duró el incidente, Latinpress.es
Marbella
pudo constatar la confusión generalizada y la falta de información oficial sobre lo que estaba ocurriendo.
Unos quince minutos después, el fuego cesó y la capital recuperó el silencio, pero no la tranquilidad. En su lugar, comenzaron a circular rumores de un posible intento de golpe de Estado, alimentados por el contexto político y por las advertencias previas desde Washington.
Según versiones no confirmadas que se difundieron en redes sociales y entre fuentes locales, el incidente habría involucrado una veintena de drones venezolanos que habrían sido confundidos con aeronaves estadounidenses.
La respuesta defensiva con fuego antiaéreo obligó a esos aparatos a alejarse del espacio aéreo presidencial, evitando una confrontación mayor. Ninguna autoridad confirmó oficialmente esta versión.
El episodio elevó el nivel de nerviosismo entre la población, que permanece atenta a cualquier señal de un nuevo choque tras las declaraciones del presidente Donald Trump, quien días antes había advertido sobre la posibilidad de un segundo ataque si la situación venezolana no evoluciona conforme a los intereses de Estados Unidos.
En un momento en el que Venezuela no atraviesa un vacío de poder, pero sí una profunda crisis de autoridad, existe el miedo de una disputa sobre quién ejerce el poder real.
La militarización del discurso y la desconfianza ciudadana ha llevado a que cada estallido nocturno lleve al país a una vigilia permanente.









