El PP vota en contra de la Quita y los taxistas
Isabel Pérez • 30 de enero de 2026
El PP de Marbella apuesta por mantener una escasez artificial de licencias de taxi y no quitar la deuda.
Marbella. -
En el pleno municipal de Marbella, el Partido Popular y Vox votaron en contra de la reforma del sector del taxi y el apoyo a la reforma del sistema de financiación autonómica.
La líder socialista Isabel Pérez ha denunciado que mientras la patronal insiste en que no se
necesitan nuevas licencias, estas se siguen traspasando por cifras que sólo pueden explicarse si el negocio es altamente rentable.
Según Pérez, a propuesta socialista buscaba introducir competencia regulada y equidad con convocatorias periódicas de nuevas licencias según criterios objetivos de demanda, límites a los precios de traspaso y la reversión de licencias al ayuntamiento para su adjudicación transparente, priorizando a asalariados que llevan años trabajando sin posibilidad real de emanciparse como titulares.
La diputada ha asegurado que el PP local mantiene una escasez artificial que protege el valor patrimonial de las licencias existentes, perpetúa la precariedad laboral de los chóferes asalariados y limita la capacidad del ayuntamiento para adaptar el servicio a las necesidades reales de la ciudad.
En términos políticos, añadió, supone aceptar que el interés de quienes ya están dentro pese más que el de los usuarios y los trabajadores que esperan fuera.
Financiación autonómica
La segunda negativa —apoyar la reforma del sistema de financiación autonómica y la quita de deuda propuesta por el Gobierno de España— según el PSOE, habría supuesto para Andalucía una quita de 19.000 millones de euros y un ahorro anual de más de 1.400 millones en intereses, además de 110 millones adicionales al año para Marbella y San Pedro.
El argumento socialista es claro: menos deuda y más recursos significan más margen para invertir en sanidad, educación y servicios públicos.
Todo sugiere que se mantiene la “disciplina de partido”, no se apunta solo a una votación concreta, sino a una forma de gobernar en la que lo municipal queda subordinado a la confrontación nacional. En ambos casos —taxi y financiación— el denominador común es la renuncia a intervenir.
No reformar el taxi implica aceptar un modelo que favorece la concentración de licencias y la desigualdad laboral. No apoyar la reforma financiera supone, según sus defensores, renunciar a recursos que aliviarían la presión sobre los servicios públicos.









