La diversidad cultural en Marbella funciona
Victoria Morales • 24 de febrero de 2026
Izquierda Unida: en Marbella la diversidad de 150 nacionalidades funciona frente al bulo racista de la derecha.
Marbella. -
La ciudad donde conviven más de 150 nacionalidades, la diversidad no es un eslogan, es una experiencia cotidiana.
Se percibe en los acentos que llenan las terrazas, en los turnos de trabajo de la hostelería, en las aulas y en los barrios.
Sin embargo, ese equilibrio se ve hoy interpelado por un debate nacional que con frecuencia sustituye los datos por el miedo y el señalamiento.
Este es el telón de fondo de la iniciativa impulsada por Izquierda Unida Marbella – Por Andalucía, que ha convocado un encuentro abierto para confrontar discursos de odio y desinformación sobre la inmigración.
El objetivo no es nuevo, pero sí importante: contrarrestar la expansión de bulos que asocian migración con inseguridad o abuso del sistema de protección social, una narrativa que, según la formación, se amplifica desde la derecha y la ultraderecha.
El reciente anuncio del Gobierno sobre la regularización de personas que ya residen en España ha reactivado un debate que intenta convertir a la población migrante en chivo expiatorio de todos los males. Frente a ello, la responsable de Acción Política de IU Marbella – Por Andalucía, Victoria Morales, propone un antídoto clásico y a menudo incómodo: los datos.
En este sentido, Morales recalcó que “las personas sin papeles no acceden a prestaciones sociales. Sin residencia legal no se puede solicitar el Ingreso Mínimo Vital ni otras ayudas como los subsidios por desempleo o los permisos por maternidad.
Sobreviven gracias a su trabajo, muchas veces en condiciones de gran precariedad, no gracias a ayudas públicas como se intenta hacer creer”.
Datos
Los números cuentan una historia menos estridente, pero más fiel. Según el Instituto Nacional de Estadística, en España viven cerca de siete millones de personas extranjeras.
De la población activa extranjera, el 83,5% está ocupada, de acuerdo con el Ministerio de Trabajo y más de tres millones están afiliadas a la Seguridad Social, según el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, sosteniendo sectores clave como la hostelería, la agricultura, la construcción, las actividades administrativas o el transporte, la columna vertebral.
En el caso de Marbella el retrato desmiente los relatos las comunidades migrantes más numerosas son la británica y la marroquí, seguidas de la rusa y la ucraniana.
Focalizar el discurso en una sola comunidad —advierte Morales— no sólo es inexacto; es un ataque directo a la convivencia. En una ciudad acostumbrada a la pluralidad, el señalamiento selectivo erosiona el pacto social que permite que la diversidad funcione.
El debate se vuelve aún más áspero cuando se aborda la situación de quienes viven sin regularización administrativa. Según Funcas, a principios de 2023 había alrededor de 700.000 personas en esta situación.
Muchas trabajan en la economía sumergida —empleo doméstico, invernaderos, construcción— sin contrato ni protección laboral, expuestas a abusos.
Lejos de la caricatura del “beneficiario de ayudas”, la realidad es más dura: sin residencia legal no se puede acceder al Ingreso Mínimo Vital ni a subsidios por desempleo o permisos por maternidad. Se sobrevive trabajando, a menudo en condiciones extremas.
El dilema que plantea Marbella no es solo local. Es una pregunta para España y para Europa: ¿qué hacemos con sociedades crecientemente diversas cuando el debate público se contamina de ruido? La respuesta que ensaya esta ciudad es modesta, pero ambiciosa: sustituir el miedo por información, y el prejuicio por convivencia.
“Frente al ruido y el odio, datos; frente a los bulos, convivencia”, resume Morales. En una ciudad de 150 nacionalidades, esa consigna no es retórica. Es, quizá, la única política realista para preservar lo que Marbella ya es.









