La lección de las ratas en Marbella
Jose Ibañez • 27 de octubre de 2025
La lección de las ratas en Marbella.
Marbella. - El pasado domingo 12, entre los aplausos de padres y niños en el Skatepark de Marbella, un par de ratas irrumpió desde la maleza junto a las gradas, provocando gritos, sobresaltos y miradas de incredulidad.
Días después, el miércoles 22, una escena similar se repitió en el parque Maestra Maribel Notario Madueño (plaza de los Enamorados), justo detrás de un importante supermercado en la calle Jacinto Benavente.
Son episodios breves, casi anecdóticos, pero que ilustran una tensión creciente entre la vida urbana, la higiene pública y la gestión del espacio común.
Las ratas no son simplemente una molestia visual. Su presencia en entornos urbanos representa un indicador de salud pública: allí donde proliferan, suele haber fallos en la gestión de residuos, mantenimiento de vegetación o control sanitario.
Las autoridades locales de muchas ciudades mediterráneas, Marbella incluida, suelen reforzar las campañas de desratización antes del verano. Pero el repunte de estos avistamientos fuera de temporada sugiere que el problema puede estar desbordando los calendarios tradicionales.
Según expertos en control de plagas, los inviernos cada vez más templados —resultado directo del cambio climático— permiten que las ratas mantengan ciclos reproductivos más largos y que encuentren refugio en zonas verdes mal gestionadas o llenas de basura acumulada. En ese sentido, el problema no es solo biológico, sino estructural.
Marbella, símbolo del turismo de lujo en la Costa del Sol, ha invertido en infraestructuras modernas y en la proyección de una imagen pulida ante los visitantes. Sin embargo, los incidentes recientes revelan las grietas de esa postal: espacios públicos sin un mantenimiento constante y terrenos baldíos que actúan como reservorios de fauna urbana.
De las conversaciones espontáneas, estando presente Latinpress.es, que se dieron entre los padres en las gradas del Skatepark se dio paso a la frustración. “Pagamos impuestos por vivir en una ciudad limpia”, decía uno de ellos.
Las ratas son, en muchos sentidos, los canarios del pozo minero urbano: su presencia alerta de desequilibrios antes de que sean visibles.
La anécdota del parque Skate o la de los Enamorados no es solo un hecho menor en una tarde de domingo. Es un recordatorio incómodo de que la vida urbana depende de un equilibrio frágil.









