La procesionaria del Pino en Marbella
Diego López • 23 de agosto de 2025
Marbella refuerza su defensa contra la procesionaria del pino.
Marbella, España. –
En un esfuerzo por proteger tanto el arbolado urbano como la salud de sus ciudadanos, el Ayuntamiento de Marbella ha puesto en marcha su campaña anual contra la procesionaria del pino, una de las plagas más persistentes y dañinas en los ecosistemas mediterráneos.
El programa, basado en la técnica de endoterapia, consiste en la inyección directa de un compuesto en el sistema vascular de los pinos.
Con ello se busca que el producto llegue a las acículas antes de que las larvas inicien su alimentación.
La intervención, que ofrece una protección de hasta nueve meses, se realiza en esta época del año para maximizar su eficacia y minimizar riesgos ambientales.
La procesionaria, cuyas orugas forman los característicos bolsones de seda en invierno, no solo debilita a los árboles: supone también un riesgo para la salud de los más vulnerables.
El contacto con sus pelos urticantes puede provocar reacciones graves en niños, adultos con alergias y mascotas, una de las razones por las que las autoridades han priorizado la intervención en colegios, parques infantiles y residencias de mayores.
El tratamiento se complementa con una red de trampas de feromonas, que permite a los técnicos municipales seguir de cerca el ciclo del insecto y ajustar la estrategia según las condiciones climáticas de cada temporada.
“Tras más de siete años aplicando este sistema integrado, la detección de bolsones y el número de avisos ciudadanos se ha reducido de forma notable”, afirmó Diego López, concejal de Parques y Jardines. “La combinación de endoterapia, trampeo de feromonas y asesoramiento técnico ha convertido a Marbella en un referente en la gestión sostenible de esta plaga”.
Más allá de la lucha contra un insecto, el Ayuntamiento subraya que esta estrategia representa una apuesta por la salud pública y la conservación del medio ambiente urbano. En un municipio con un amplio patrimonio arbóreo, el desafío no es solo proteger los pinos, sino también garantizar que las zonas verdes sigan siendo espacios seguros para la comunidad.









