La última y verdadera causa del mal
Enrique Monterroso Madueño • 26 de enero de 2025
La última y verdadera causa del mal

El nuevo presidente de los EE.UU ha comenzado su labor revolucionaria de ponerlo todo patas arriba firmando decretos como un poseso, como un dictador poseso.
Sabíamos que ese día iba a llegar pero estábamos muchos en Babia, en actitud de espera de un milagro que lo detuviera, como si no creyéramos que fuera posible que una persona así y unos colaboradores como los que le rodean pudieran sentarse en la Casa Blanca que es todo un símbolo para la Humanidad como sede de la democracia universal en pura teoría de benevolencia comparada.
Leo artículos, escucho a comentaristas sobre el tema y no encuentro causas objetivas, razones últimas y directas para justificar el apoyo electoral recibido, salvo el rescate de millones de desencantados, siempre apostando por el vértigo y dejándose seducir por el antisistema que no les devuelve la esperanza pero calma su rabia contenida.
Es entonces, tras la escucha atenta y la lectura tranquila, cuando alcanzo a imaginar que esta situación -ya de por sí muy mala- puede ser, además, empeorable pues responde a una dinámica mundial que ha desatado una ola reaccionaria que busca refugio en la radicalidad.
Entonces- repito- dejo de hacerme preguntas hacia fuera y miro hacia dentro de mi mismo; todos deberíamos mirar hacia dentro y plantearnos al menos la duda de si tenemos algo que ver con lo sucedido, la duda de si el mal convive con nosotros y lo tenemos instalado en nuestro cerebro y no lo queremos ver.
Es conocida la anécdota referida a un periódico londinense que lanzó una encuesta entre sus lectores preguntándoles por las causas del mal en este mundo, a lo que , según la leyenda, el escritor Chesterton contestó de la siguiente forma : “Dear Sir, el mal soy yo. Y me pregunto por qué otros lectores no lo reconocen ”.
Cuando lo que está pasando no está pasando sólo en las Américas sino delante de nuestras barbas lo más probable es que algo haya sucedido en nuestros cerebros para desconfigurarlos hasta permitir y colaborar en que estas cosas sucedan. Y para mi, ese algo se llama Internet y sus secuelas.
No voy ahora a satanizar a la RED porque a estas alturas circula por nuestras venas y no podríamos ya vivir sin ella. Ni siquiera, pienso ahora, que el mal esté sólo en el personaje naranja, con ser esta causa ya de por sí suficiente; ni siquiera pienso que lo sucedido esté sólo en los excesos y desbordamientos de las redes sociales y las plataformas digitales a la que estamos materialmente pegados y que han devenido como grandes productoras de relatos, falsedades y medias verdades que se instalan en nuestros cerebros confundiéndolo todo hasta conseguir el descreimiento general que vemos por doquier y que bien pudiera haber contribuido a la causa.
No, el mal no está sólo en el personaje ni en las herramientas que todos usamos, ni en los ultraconservadores a quienes se les paró el reloj de la Historia.
No; el mal que explica lo sucedido y por suceder está en nuestra mente, en nuestra forma de procesar el hecho cierto de que el mundo ha cambiado por la acción de las nuevas tecnologías sin control.
En nuestras mentes ya líquidas todo puede tener un sentido. Por favor, piénsenlo. Tomen nota; hagan algo.
Buenas tardes
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