Marbella para Vivir
Victoria Morales • 3 de junio de 2025
Izquierda Unida respalda la manifestación por una vivienda digna y se pregunta ¿para quién se construye la ciudad?
Marbella. -
Bajo la postal del turismo de lujo, campos de golf y urbanizaciones cerradas, Marbella se está enfrentando a una creciente revuelta silenciosa.
Este viernes, un nuevo capítulo de este descontento tendrá lugar en la Plaza de los Naranjos, donde el movimiento ciudadano Marbella para Vivir ha convocado una concentración que denuncia la situación cada vez más crítica de la vivienda en la ciudad.
El respaldo de Izquierda Unida a esta protesta no es simplemente un gesto político; es una señal de que la presión popular empieza a fracturar la narrativa oficial.
En el epicentro del conflicto se encuentra una paradoja tan antigua como el capitalismo: una ciudad próspera, en auge económico, que sin embargo expulsa a sus propios habitantes.
Marbella es, para muchos, un lugar imposible. Los precios de venta superan los 5.000€m² y los alquileres alcanzan los 1.900€ por 100m², según Idealista. Esta realidad convierte a Marbella en un escenario emblemático de un fenómeno global: la gentrificación disfrazada de éxito económico.
La alcaldesa Ángeles Muñoz, del Partido Popular, aparece en el punto de mira de la protesta. Según Izquierda Unida, su mandato de más de una década ha priorizado el urbanismo de alto standing, alimentando una burbuja especulativa y postergando —cuando no directamente ignorando— las necesidades de vivienda del residente medio.
Las cifras parecen respaldar esta crítica: proyectos de vivienda pública prometidos llevan meses, incluso años, de retraso, mientras las licencias para viviendas de lujo no han cesado.
El movimiento Marbella para Vivir ha logrado articular un discurso coherente, más allá de la simple protesta. Propone declarar Marbella como zona tensionada —una figura legal que permitiría limitar los precios del alquiler—, intervenir en el mercado de viviendas turísticas y penalizar fiscalmente las viviendas vacías. Son medidas que, aunque polémicas, responden a un modelo de ciudad más inclusivo y sostenible.
La protesta de este viernes podría marcar un punto de inflexión si la movilización supera la mera catarsis. Como ocurre en muchas ciudades europeas, el desafío no es solo urbanístico, sino profundamente político: ¿para quién se construye la ciudad? ¿Quién tiene derecho a quedarse? Y quizás la más dolorosa de todas: ¿pueden los trabajadores vivir donde trabajan?
Mientras la administración municipal continúa anunciando proyectos que no despegan, la ciudadanía empieza a reclamar con fuerza su derecho a pertenecer a su ciudad.
Marbella, con su glamour y sus contradicciones, se convierte así en un microcosmos que reclama el derecho a la vivienda frente a la lógica del capital inmobiliario global.









