Se sancionará por tirar la basura en la calle
Félix Romero • 26 de agosto de 2025
Marbella insiste en la sanción económica para frenar la basura fuera de control.
Marbella. –
La postal idílica de playas y avenidas bien cuidadas se ve más ensombrecida cada verano, por un viejo problema: la basura.
El ayuntamiento ha decidido redoblar su estrategia, confiando en que las sanciones económicas actúen como el mejor antídoto contra las conductas incívicas que erosionan la convivencia urbana.
En lo que va de año (a junio), la Policía Local ha tramitado más de 280 infracciones por depósito indebido de residuos, superando en apenas cinco meses el total de sanciones registradas en 2024.
El patrón se repite: bolsas dejadas junto a contenedores, escombros arrojados en solares y enseres abandonados en la vía pública. Conductas que, más allá del impacto visual, generan costes crecientes de limpieza y molestias vecinales.
El municipio ha decidido intensificar la vigilancia apoyándose en la red de cámaras urbanas, un método que permite no solo detectar infractores en tiempo real, sino también crear una sensación de control permanente que disuada a los potenciales infractores.
El modelo de la multa: ¿correctivo o disuasión?
Las sanciones económicas se han convertido en la herramienta predilecta de los gobiernos locales frente a los problemas de convivencia. La lógica es clara: golpear en el bolsillo para corregir un comportamiento.
Marbella sigue así la estela de ciudades como Singapur, Zúrich o Viena, donde los sistemas de multas - incluso de forma directa en plena vía pública - han demostrado efectividad en la reducción de basura callejera.
En Singapur, por ejemplo, tirar un chicle en la vía pública puede acarrear sanciones de cientos de dólares, y la medida ha contribuido a consolidar la imagen de una de las ciudades más limpias del mundo.
En Zúrich, los ciudadanos pueden ser multados incluso por no separar adecuadamente los residuos, una presión económica que ha impulsado tasas de reciclaje superiores al 50%.
¿Funciona la multa?
Sin embargo, la experiencia internacional sugiere que la penalización, por sí sola, rara vez es suficiente.
En muchas ciudades europeas, las campañas de sanción tuvieron que complementarse con programas de educación cívica, incentivos al reciclaje y mejoras en la propia gestión de residuos.
En París y Roma, donde la aplicación de sanciones fue inconsistente, la efectividad se diluyó frente a la percepción de impunidad.
En contraste, Tokio combina normas estrictas con una cultura ciudadana de corresponsabilidad: cada barrio gestiona de forma activa sus residuos, reforzando la idea de que la limpieza es un deber colectivo, no solo una imposición administrativa.









