Centro de Salud Nueva Andalucía

Antonio Sanz • 19 de marzo de 2026

La Junta de Andalucía asegura que el Centro de Salud de Nueva Andalucía funciona a pleno rendimiento.

Marbella. - Según el consejero de salud de Andalucía, Antonio Sanz, el nuevo centro de salud de La Campana–Nueva Andalucía, en Marbella, ya funciona a pleno rendimiento tras la ampliación del antiguo consultorio, alcanzando un total de 19 consultas y una cartera asistencial más completa.

En cuanto a recursos humanos, el dispositivo cuenta actualmente con 6 médicos de familia y 2 pediatras, a los que se sumará próximamente un facultativo más, lo que elevará la plantilla médica a 9 profesionales. Este equipo sanitario está dimensionado para atender a una población aproximada de 13.800 a 14.000 usuarios.

Si se analiza la ratio, el centro se sitúa en torno a 1 médico por cada 1.500 -- 1.750 pacientes, una cifra que entra dentro de los estándares habituales en Atención Primaria, aunque en el límite alto de lo recomendable. 

Organismos profesionales suelen situar el cupo óptimo del médico de familia en torno a 1.200 – 1.500 pacientes, por lo que, si bien la dotación prevista permite la cobertura asistencial, podría verse tensionada en picos de demanda o en periodos de alta presión asistencial.

El refuerzo con un nuevo facultativo contribuirá a mejorar esta ratio, acercándose a niveles más equilibrados, especialmente en un área como Nueva Andalucía, caracterizada por su crecimiento poblacional y estacionalidad.

El consejero destacó la última tecnología electromédica, como un electrocardiógrafo y un ecógrafo, añadiendo que el centro ya funciona a pleno rendimiento.

El consejero, que el día anterior inauguró el nuevo Servicio de Urgencias de Atención Primaria (SUAP) de Las Albarizas, destacó la puesta en marcha en los últimos meses de los centros de salud de Las Chapas y Ricardo Soriano en esta localidad malagueña asegurando que hoy hay 31.347 profesionales en Atención Primaria, un 21,4% más que en 2018; de los que 7.486 son médicos de familia, un 9,3% más que en 2018", ha detallado.
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Marbella. — El Ayuntamiento ha reforzado su estrategia de prevención de incendios forestales con la aprobación de dos nuevos planes de autoprotección en zonas especialmente expuestas, una medida que consolida un modelo basado no solo en la planificación pública, sino en la corresponsabilidad vecinal. La decisión, anunciada por el portavoz municipal Félix Romero, forma parte de un programa que acumula más de seis años de desarrollo y que prevé alcanzar los 174 documentos aprobados antes del final del verano. Los nuevos planes afectan a Las Cumbres de Elviria y a Sierra Blanca, dos urbanizaciones enclavadas en laderas boscosas donde el riesgo se intensifica tras un año de abundantes lluvias. La paradoja es conocida: cuanto más verde el paisaje, mayor la carga de combustible en los meses de calor extremo. En ese contexto, el Ayuntamiento defiende haber delimitado prácticamente todas las zonas de peligro y haber articulado un sistema de alerta temprana. Pero el elemento más significativo no es técnico, sino político. Cada plan de autoprotección establece con precisión qué deben hacer los residentes, las comunidades de propietarios y los gestores privados en caso de emergencia. Aunque supervisados por los servicios municipales y de extinción, estos documentos trasladan parte de la responsabilidad operativa a quienes habitan esos espacios. En términos pragmáticos, la implicación vecinal tiene ventajas claras. En entornos urbanos dispersos, donde las urbanizaciones se adentran en el monte, la capacidad de respuesta inmediata es crucial. Los residentes son los primeros en detectar humo, los primeros en intervenir en tareas básicas de contención y, en muchos casos, quienes mejor conocen la configuración del terreno. La autoprotección, bien diseñada, puede reducir tiempos de reacción y evitar que pequeños conatos se conviertan en incendios de gran escala. Además, existe una cuestión de fondo sobre el alcance de lo público. La prevención y gestión de incendios forestales, especialmente en territorios donde la urbanización ha avanzado sobre zonas naturales, es tradicionalmente una competencia estructural de la administración. Cuando esta responsabilidad se comparte —o se desplaza parcialmente— hacia los vecinos, puede interpretarse tanto como una estrategia de eficiencia como una señal de los límites institucionales para cubrir un territorio cada vez más complejo. En Marbella el crecimiento urbanístico ha estrechado la frontera entre la ciudad y el monte, así que los planes de autoprotección no son solo una herramienta técnica, son también un reflejo de un modelo de ciudad que ha externalizado parte de sus riesgos. Funcionan, en el mejor de los casos, como un sistema de cooperación. En el peor, como un parche que traslada al ámbito privado lo que antes era una obligación inequívocamente pública.
Por Félix Romero 28 de abril de 2026
Marbella. - En Marbella, algunas promesas urbanísticas no desaparecen: se diluyen. A comienzos de la década de 2010, la ya alcaldesa Ángeles Muñoz anunció una transformación que aspiraba a redefinir la entrada de la ciudad. La aprobación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), dijo, abriría la puerta a una de las actuaciones más relevantes de España: la reconversión del polígono industrial La Ermita. El planteamiento era ambicioso: más de 1,6 millones de metros cuadrados serían reorganizados para sustituir un tejido industrial envejecido por un gran centro de negocios, acompañado de vivienda —incluida protección oficial— y amplias zonas verdes. Junto a estas actuaciones, se contemplaba la ampliación del Puerto La Bajadilla y la creación de las estaciones de autobús y tren, proyectos competencia de la Junta de Andalucía a los que, se comprometió “exigir su ejecución”, afirmaba Muñoz. Las empresas serían trasladadas a La Serranía, un nuevo espacio productivo de 850.000m², más del doble que el polígono existente (350.000m²). Habló de una planificación sobre el número de naves que se trasladarían y qué tipo de actividad desarrollarían, asegurando que los empresarios dispondrían del espacio suficiente para toda su actividad, “ una vez que se desarrollara y urbanizara ”. El tiempo prometido, hasta que se produjera el traslado, era de cinco años. Hoy, el reciente incendio en La Ermita ha obligado a recordar que la ciudad sigue enfrentando un problema que decidió posponer. El polígono, con orígenes que se remontan al menos a los años setenta, recordaba el portavoz del Gobierno de Marbella, Félix Romero, evidencia las limitaciones de un modelo industrial superado. Calles estrechas, densidad excesiva, escasa capacidad de expansión y malas conexiones, configuran un entorno poco compatible con actividades de mayor valor añadido. La implantación de empresas tecnológicas o industriales avanzadas no es solo difícil; en muchos casos, es inviable en un espacio ya superado por el tiempo. La obsolescencia física, sin embargo, no cuenta toda la historia. La Ermita ya no funciona como un polígono industrial en sentido estricto, nos dijo Romero, estimando que cerca de un 80% de su actividad está vinculada al sector servicios y al soporte del turismo: talleres, almacenes, pequeñas empresas auxiliares. Es un espacio que sostiene la economía real de la ciudad, aunque no encaje con su relato de futuro. Pese a ello, la cuestión de su futuro sigue sin una respuesta clara. No existe, por ahora, un estudio público concluyente ni un proyecto definido que marque una hoja de ruta. Lo que sí ha sido constante, según reconoció Romero, es el planteamiento histórico de trasladar el polígono a una ubicación más adecuada. Una idea que, sin embargo, nunca ha llegado a materializarse, quedándose en la pura retórica. No existe un estudio público concluyente, ni un proyecto definido, ni un calendario creíble. La explicación oficial dada a Latinpress.es apunta a la incertidumbre urbanística, marcada por la ausencia prolongada de un PGOU plenamente desarrollado. Una carencia que ha servido como argumento para aplazar decisiones estructurales. El resultado es que Marbella vive en un equilibrio precario, necesita el suelo que ocupa La Ermita para responder a la creciente presión residencial y a su modelo de crecimiento. Pero también necesita las empresas que operan en ese espacio, cuyo desplazamiento sin alternativas viables tendría un impacto inmediato en el funcionamiento cotidiano de la ciudad. Reordenar el polígono, por tanto, no es solo una cuestión urbanística, es una intervención directa sobre su modelo económico. Implica decidir si Marbella quiere —y puede— diversificar su base productiva o si, por el contrario, continuará profundizando en su especialización turística, reorganizando sus infraestructuras para servir a ese objetivo. Latinpress.es fue claro en su pregunta al portavoz: ¿Qué Futuro tiene en Marbella un nuevo polígono industrial? ¿Hay algún estudio o proyecto? Romero fue cauto: Mire, el polígono, evidentemente adolece de planificación, algo propio de infraestructuras de este tipo que se hacían en aquellos años y que hoy generan problemas de los que somos todos conscientes. La Corporación, desde siempre, ha tenido el planteamiento del traslado del polígono, es una cuestión que se ha planteado en infinidad de ocasiones y que sin embargo, ha chocado con la situación urbanística, con la ausencia de Plan General etcétera. Estoy convencido de que es algo que tendrá que debatirse y hablarse, por supuesto, con todos los propietarios, de forma que sea beneficioso para todo el mundo. Será una de las cuestiones que habrá que abordar cuando estemos en una fase más avanzada de la planificación urbanística. Latinpress.es ¿Ha dicho que, cuando exista el nuevo plan general, será cuando tendrá cabida la discusión de este desarrollo? No exactamente, lo que he querido decir es que en otro momento de la fase de elaboración del Plan General, puede tratarse este tipo de casos. Siempre se ha planteado la posibilidad del traslado del polígono porque Marbella está necesitada de suelos, para sus empresas y para la vivienda y, también está necesitada de una planificación lógica acerca de esos polígonos industriales que tenemos. Hablo de todos los polígonos que hay en Marbella. Hay que reordenar. Hay que planificar. Y hay que ubicar en los sitios pertinentes los distintos polígonos del municipio. Es un tema que deberá ser tratado, probablemente, en un estadio distinto del que estamos ahora mismo en cuanto a la tramitación del plan. Las empresas instaladas son necesarias y no pueden ser desplazadas sin alternativas viables. El debate, por tanto, trasciende lo urbanístico. La situación de La Ermita plantea muchos interrogantes, uno es sobre el modelo de ciudad al que se aspira y otro, si las autoridades locales y regionales están dispuestas a diversificar su economía y atraer nuevas actividades productivas.