Por Fabrizio De Luca
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8 de abril de 2026
Seguramente estoy soñando y alejado de la praxis de nuestra cotidianidad, y esto no lo digo solamente en el mundo del sector público, sino también en el sector privado y empresarial. Hablar de líderes para el bien, reduce su posibilidad de participación en ambos sectores, pues no se trata de aprovechar la oportunidad de un nombramiento y escalar a posiciones ejecutivas o ministeriales, sino precisamente lo contrario, el tener que rechazar posiciones, al saber que al aceptarlas se estaría contribuyendo con una tendencia destructiva no solo de la nación, sino de los principios que como líder para el bien le han acompañado. Estirpe y calaña son los dos polos opuestos que refuerzan la creencia que ya no puede ser confirmada, de que lo ético necesariamente se hereda, sobre todo cuando recordamos al mismo profeta Ezequiel cuando hace la distinción, de que los pecados de los padres son independientes a los pecados de los hijos. Por lo que cada quien tiene que correr con la responsabilidad de la cosecha que tendrá, por lo que ha sembrado personalmente. Esa siembra no necesariamente es reconocida por la sociedad, ni por los círculos de poder, sobre todo, cuando se ha sembrado en la ética y lo correcto, y lo que en el fondo buscamos y premiamos es precisamente lo contrario, la corrupción y los corruptos para seguir en lo mismo, en el reparto del botín que es el erario y el saqueo descarado de las arcas del Estado. Los discursos, la retórica, la demagogia, el engaño descarado a toda la nación de los principales actores políticos, pues lamentablemente somos un país presidencialista no institucionalista, y estas pretensiones reales dejan mucho que desear. De hecho, no deja de tener sentido el preguntarse: ¿Si se va a seguir con lo mismo, porque no permitir que sigan robando lo que roban? Y tal vez usted, lo vea como una expresión o pregunta tonta. Pero el tablero está ahí, y el tiempo restante permite de todo en el partido de gobierno. Pero aquí está lo central, son los líderes para el bien y lo que eso significa. Y qué difícil es definirlo, sin incluirnos a nosotros mismos, de repente tampoco podremos tirar la primera piedra. ¿Cuál es el futuro del país? Los “líderes tradicionales” pronto se van y los jóvenes que han pisado las alfombras de la cosa pública, casi todos y en poco tiempo, ya tienen colas que pisar y una fuerte marca de calaña singular. Vemos los discursos y lo vemos en los medios de comunicación, indicando: "hay que proteger la democracia" pero le pregunto a usted: ¿Cuál democracia? ¿Es esto lo que quiere la mayoría del pueblo ecuatoriano? ¿No se supone que la democracia es lo que quiere la ciudadanía? Las máscaras deben caer, y comenzar por reconocer que la nuestra partidocracia ha fracasado, no necesariamente por los partidos mismos, sino por las cúpulas políticas partidarias, en un altísimo porcentaje mafiosas y corruptas. ¿Y en esas cúpulas políticas partidarias hay líderes para el bien? Dígame ¿Cuáles son, mencionemos sus nombres y apellidos, dígame quién puede lanzar la primera piedra? Créanme, que sin ánimos de ofender, la respuesta categórica es que nadie los conoce. Y si ese liderazgo mafioso es el modelaje de inconductas que se pueden ver, cabe preguntar: ¿Qué se podría esperar de las nuevas generaciones partidarias? Y la respuesta clara, inconfundible, muy ecuatoriana, será: ¡más de lo mismo! Pero por qué, porque nadie es "pendejo" ¡A lo que vinimos pues, es la consigna perenne, ahora que somos gobierno, será sáquenme lo mío! ¡Ah pero es que tenemos bajas expectativas o nulas esperanzas de lo que podría ser un nuevo gobierno! No es eso, es que la experiencia ha demostrado, que no es posible tener cambios significativos desde los mismos paradigmas o esquemas de pensamientos. Por esto, ni el cambio que ha venido implementando la gestión de gobierno del "nuevo Ecuador" puede resultar en un verdadero relanzamiento, ni tampoco lo que obtendremos del resultado electoral de finales de este año, si se aprueba el cambio de calendario electoral por parte del Tribunal Contencioso Electoral. Al fin y al cabo participaremos en una nueva Rat Race. Es que estamos en lo mismo históricamente repetitivo, todo ha sido lo mismo: quítate tú para ponerme yo, y los mismos financistas de siempre que jamás atajan para que otro enlace, esquilmando a más no poder los recursos del erario, obligando a más endeudamiento, impulsando iniciativas de auto provecho y hasta apoyando más impuestos, pues con ello se sacan exiguos beneficios. Es una cofradía infernal la que tenemos como sistema político, electoral y estatal, por eso la cosa pública solo prospera para los forajidos ultra protegidos. Por lo que seguirá quedando como única salida democrática plausible: "Una Asamblea Nacional Constituyente" la que sería una gran alternativa democrática, en la que el pueblo dirá qué hacer, qué no hacer e instruirá a los poderes públicos para una nueva institucionalidad y estrategia de desarrollo de nuestra nación. Tristemente, líderes para el bien si existen, pero no estarán formando parte de la cosa pública, pues para ello es totalmente necesario amarrar el caballo donde digan los intereses de la anti nación y la anti soberanía. Y entonces, si somos honestos, íntegros, líderes reales para el bien, no sería posible verlos arrodillados a intereses que traicionan el interés nacional. Consecuentemente, las expectativas no son altas, aunque dibujemos un escenario fenomenal, tal vez imaginando un país inexistente y cumpliendo con la sagrada misión compartida por todos los que nos han gobernado: “seguir siendo encantadores de serpientes”. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de LatinPress.es fabriziodeluca823@gmail.com Colaboración especial para LatinPress®