Restauran y pintan las moragas
Diego López y Curro Leyton • 2 de febrero de 2026
Marbella restaura y decora con estilo cubista sus moragas.
Marbella. -
Las playas de Marbella son el principal escaparate del municipio, por ello el paisaje se gestiona con cuidado. Uno de estos ejemplos es la reciente noticia del responsable del área Diego López sobre la intervención artística en las barcas de moragas, estructuras que funcionan como esparcimiento público y como símbolos de la cultura marinera local—.
El Ayuntamiento ha optado por el arte cubista con colores llamativos y paisajes marinos que, según los responsables artísticos, el cubismo, con su fragmentación de formas y su ruptura de la perspectiva clásica, introduce una tensión interesante en un entorno dominado por la postal del Mediterráneo.
De esta manera las moragas pintadas reclaman mayor atención, invitan a una lectura distinta del paisaje y sugieren que la tradición puede ser reescrita sin ser borrada. Todo un reto.
El proyecto, confiado al artista local Curro Leyton, se apoya en un discurso cada vez más habitual en ciudades que viven del turismo: la integración del arte como herramienta de valor añadido urbano.
Leyton recurre a símbolos marinos, geometrías y colores intensos para contrastar con la luz de la costa, con la intención de convertir objetos cotidianos en piezas que oscilan útiles y artísticas.
El objetivo final es que las moragas no pasen desapercibidas ni se conviertan en otro elemento del decorado, aunque no se conviertan en monumentos.
Antes de ser pintadas, las barcas se restaurarán y protegerán frente al desgaste del entorno marino, prolongando su vida útil.
Diego López ha señalado que la actuación “no se plantea como un mero cambio estético del equipamiento existente, sino como una labor integral concebida para que estos elementos actúen como una entidad visual integrada en el entorno natural de las playas de Marbella, San Pedro Alcántara, Nueva Andalucía y Las Chapas”.
El actual trabajo supondrá la transformación de 24 unidades, una decena de estas embarcaciones se encuentran en San Pedro Alcántara, 12 en Marbella, una en El Rodeíto y otra en Las Chapas.
Antes de cada intervención pictórica cada una de ellas se someterá a un proceso de restauración integral, garantizando durabilidad, protección frente al ambiente marino y una base óptima para la obra.

Marbella.— Marbella ha comenzado 2026 con el mejor registro de desempleo en un mes de enero desde 2007, el director del ramo, Alejandro Freijo, ha señalado que “aunque este periodo suele venir acompañado de un leve repunte en las cifras de paro tras la campaña navideña, en esta ocasión el incremento ha sido mucho más contenido que en ejercicios anteriores, lo que confirma una clara mejora en la dinámica del mercado laboral local”. Ha especificado que el municipio cerró enero con 7.221 personas en situación de desempleo, apenas 57 más que en diciembre. Además, ha subrayado que el balance interanual “resulta especialmente favorable, con 946 parados menos que hace un año, lo que supone una reducción del 11,58 por ciento respecto a enero de 2025 y consolida la tendencia positiva del empleo en la ciudad”, al tiempo que ha detallado que durante el pasado mes se firmaron 3.107 contratos, 243 menos que en el mismo periodo del ejercicio anterior. Freijo ha puesto en valor la evolución de unos indicadores “que reflejan un contexto de mayor estabilidad, reducción progresiva del paro y mejora de la contratación, incluso en épocas tradicionalmente desfavorables para el mercado de trabajo”. Asimismo ha afirmado que “Marbella sigue dando pasos firmes hacia un modelo laboral más sólido y equilibrado” y ha asegurado que “son datos que ponen de manifiesto el compromiso del tejido empresarial local y el efecto de las políticas que estamos impulsando desde el Ayuntamiento para fomentar el empleo de calidad y la formación”.

Marbella. — De nuevo reaparece el conflicto de la vivienda turística ilegal en la ciudad. La portavoz socialista en el Ayuntamiento, Isabel Pérez, ha vuelto a exigir poner freno a la proliferación de pisos turísticos, especialmente aquellos que operan fuera de la legalidad. Su reclamación apunta directamente a la alcaldesa, Ángeles Muñoz, a quien acusa de “mirar para otro lado” mientras Marbella se consolida como uno de los municipios con mayor número de alojamientos turísticos ilegales del país. El núcleo de la crítica no está tanto en la falta de diagnósticos —que existen y son conocidos— como en la ausencia de decisiones. Pérez le ha recordado que hace un año anunció la creación de un registro municipal de viviendas turísticas, al considerar insuficiente el de la Junta de Andalucía. Doce meses después, ese compromiso sigue sin materializarse, convirtiendo ese período de tiempo en un indicador clave de la voluntad política de la alcaldesa. Las exigencias socialistas se articulan en torno a tres ejes claros: control efectivo de la legalidad, límites a la expansión de este tipo de alojamientos y uso de las herramientas normativas disponibles, desde la aplicación de la Ley de Vivienda hasta la declaración de zonas tensionadas. Son medidas que ya se han adoptado en otros municipios, incluidos algunos gobernados por el Partido Popular, lo que debilita el argumento de que se trate de propuestas ideológicas o inviables. Frente a ello, la gestión de Ángeles Muñoz aparece, según la oposición, marcada por una contradicción persistente: reconocer los efectos negativos de la turistificación —la expulsión de vecinos de los centros urbanos, la falta de alquileres asequibles— sin activar los mecanismos necesarios para corregirlos. La preocupación expresada por el portavoz del Gobierno marbellí, Félix Romero, sobre el vaciamiento residencial del casco histórico resulta difícil de sostener cuando las políticas municipales no han alterado la tendencia que lo provoca. El impacto social es el telón de fondo de este enfrentamiento político. La escasez de vivienda de larga duración afecta de manera directa a trabajadores esenciales —sanitarios, docentes, fuerzas de seguridad— que encuentran cada vez más complicado residir en la ciudad donde prestan servicio. Los ciudadanos acuden a un fenómeno social que trasciende el debate partidista y cuestiona la sostenibilidad del modelo urbano. Mientras el Gobierno central avanza en la creación de un registro único de alquileres de corta duración y en reformas legales que permiten a los vecinos limitar nuevos pisos turísticos, Marbella sigue atrapada en un compás de espera. Para la portavoz socialista, esa inacción no es neutra: beneficia a quienes convierten la vivienda en un activo especulativo y deja desprotegidos a quienes buscan simplemente un lugar donde vivir. Isabel Pérez ha lamentado que “la Marbella de Ángeles Muñoz sea líder en Andalucía en pisos turísticos ilegales y la tercera localidad de España”, unos primeros puestos negativos que son fruto de la “desidia” de una alcaldesa que tiene “abandonado” el municipio y solo actúa por intereses “personales, particulares o partidistas” La también diputada nacional ha señalado que el PSOE ha llevado varias mociones al pleno en materia de vivienda turística, en las que también se ha pedido la aplicación de la Ley de Vivienda y la declaración como zona tensionada, pero “PP y Vox siempre votan en contra. Por último, Pérez ha reflexionado del por qué Muñoz muestra indiferencia sobre este conflicto enquistado, apuntando a que una persona que vive en una mansión y tiene un patrimonio de 15 millones de euros quizá no le importa mucho que haya dificultades de acceso a una vivienda, olvidando que es la alcaldesa de todos.

Marbella. - El portavoz del gobierno marbellí, Félix Romero, ha anunciado la incorporación de una treintena de nuevos agentes de la Policía Local y once bomberos, una decisión presentada como un refuerzo necesario para una ciudad con “elevada demanda de seguridad”. La ampliación de la oferta pública de empleo —que eleva de 23 a 30 las plazas de Policía Local inicialmente previstas— no responde a un giro estratégico ni a un diagnóstico nuevo sobre la seguridad urbana. Llega, más bien, como consecuencia de jubilaciones producidas durante la tramitación del proceso y de la posibilidad legal de ampliar una convocatoria ya en marcha. En otras palabras: no se trata tanto de crecer como de no quedarse atrás. En una ciudad como Marbella, donde la población real fluctúa de forma constante y la presión sobre los servicios públicos se intensifica en temporadas altas, cada refuerzo es bienvenido. Estas nuevas incorporaciones recuerdan que Marbella no es una ciudad estable en términos demográficos y, que vive entre el padrón y la población flotante, entre el residente permanente y el visitante temporal, entre el invierno tranquilo y el verano desbordado. Una dualidad que exige una planificación a largo plazo, más que ajustes puntuales. Desde el ayuntamiento se insiste en que cada decisión “busca anticiparse a las necesidades reales”, sin embargo, una lectura crítica sugiere que las necesidades ya están aquí desde hace tiempo. Las jubilaciones no son un fenómeno inesperado, ni la sobrecarga de los servicios de seguridad una novedad, en ese sentido, la ampliación de plazas parece más una reacción que una apuesta ambiciosa por redimensionar los cuerpos de emergencia al nivel que demanda la ciudad. La convocatoria de once nuevas plazas de bombero, publicada ya en el Boletín Oficial del Estado, se enmarca en el mismo discurso de fortalecimiento de los servicios esenciales de seguridad ciudadana. Tener un cuerpo “dimensionado y preparado”, como subraya el portavoz municipal, es una obviedad en una ciudad con urbanizaciones extensas, eventos multitudinarios y un litoral expuesto a riesgos específicos. La cuestión clave no es sólo cuántos efectivos se incorporan, sino si el modelo actual de seguridad y emergencias está diseñado para una ciudad que funciona como un gran nodo turístico internacional. En todo caso, estas futuras incorporaciones dejan abierta una pregunta acerca de si es suficiente reforzar cuando se producen vacantes, o debería Marbella replantear de forma integral el tamaño y la estructura de sus servicios de emergencia.

Marbella.— La llegada de más de 350 nuevos árboles al vivero municipal de Marbella se encuadra dentro de un plan más amplio para superar los 4.000 ejemplares plantados durante la legislatura. El responsable del área, Diego López, confirmó que estos 350 árboles estarán plantados en los próximos 15 ó 20 días. En Marbella, el arbolado se ha convertido también en un terreno de conflicto social. Mientras el Ayuntamiento anuncia nuevas plantaciones, vecinos y colectivos denuncian talas puntuales, trasplantes controvertidos y decisiones que parecen favorecer intereses urbanísticos sobre el patrimonio natural. Esa tensión erosiona la credibilidad de cualquier estrategia ambiental, por ambiciosa que sea en cifras. Las especies seleccionadas —ligustrum, alcanforeros, spathodea, washingtonias o palmeras datileras— destacan por su resistencia al calor y su adaptación al entorno urbano. Son, en términos técnicos, elecciones seguras aunque aportan poca biodiversidad local. Buena parte de estas plantaciones responde a la caída de árboles por temporales o al deterioro de ejemplares antiguos. Es decir, el esfuerzo se concentra en reponer pérdidas, no necesariamente en ampliar corredores verdes, conectar espacios naturales o recuperar suelos degradados. López avanzó que el Consistorio continuará recibiendo nuevos ejemplares a lo largo de los próximos meses, lo que permitirá que, una vez finalizado el verano, se hayan plantado más de 600 árboles y 100 palmeras en el municipio, reforzando así la masa arbórea urbana.

Marbella. -- En la provincia de Málaga, las ambulancias se han convertido en un puente que muestra las grietas del sistema sanitario. Según el Sindicato Médico de Málaga la denuncia no describe un fallo puntual, sino un modelo de funcionamiento que ha asumido el déficit como norma. Con una sola ambulancia medicalizada dedicada a traslados interhospitalarios en toda la provincia, desde hace más de diez años, el sistema ha optado por una solución de conveniencia: utilizar los recursos destinados a atender las urgencias extrahospitalarias diarias para cubrir los traslados de pacientes críticos. Es decir, que la provincia tiene una sanidad dedicada a redistribuir la escasez, en lugar de corregirla. Cuando un paciente crítico debe ser derivado desde Marbella, la ambulancia que lo traslada es la misma unidad que minutos antes atendía un ictus, infartos o accidentes de tráfico en el municipio. Esto supone que durante horas, esa ambulancia deja de estar disponible para la Costa del Sol Occidental y, que el margen de respuesta ante una nueva emergencia se estrecha peligrosamente. Mientras la ambulancia del 061 o del SUAP realiza un traslado interhospitalario, el Hospital Universitario Costa del Sol (HUCS) queda expuesto a una realidad incómoda: si entra un segundo paciente crítico, la respuesta puede depender de recursos que vienen de otros municipios o de tiempos que ya no son clínicamente aceptables. Lo más grave del caso es que los traslados críticos se han incrementado casi un 100% en los últimos cinco años. No por una mala planificación médica, sino por el avance de las técnicas diagnósticas y terapéuticas, que hacen necesarios más desplazamientos rápidos entre centros. Sin embargo, lo que denuncia el Sindicato Médico apunta a algo más profundo que la falta de vehículos: una planificación sanitaria que no ha acompañado el crecimiento real de la Costa del Sol. El HUCS queda así atrapado en una contradicción estructural: se le exige responder a una demanda creciente, compleja y altamente estacional, mientras se le retiran —de forma temporal pero recurrente— los recursos que garantizan la seguridad del conjunto. En Málaga, y de forma particular en el área del HUCS, se ha normalizado que un municipio pueda quedarse sin ambulancia durante horas. Se ha normalizado que los servicios de urgencias trabajen al límite para cubrir déficits que no les corresponden. El sindicato advierte que los traslados de pacientes críticos dependientes entre un hospital y otro de la provincia de Málaga necesitan realizarse lo más precozmente posible para garantizar que el tratamiento, técnica quirúrgica o diagnóstico, que sólo se puede ofrecer al paciente en el hospital de destino, consiga la supervivencia del paciente. Con las nuevas técnicas diagnósticas y de tratamiento, este tipo de traslados está sufriendo un incremento progresivo que no ha aumentado los recursos para su realización, teniendo en cuenta que en la provincia de Málaga sólo existe una única ambulancia medicalizada (UVI Móvil) específica para ello desde hace diez años. La ambulancia tiene su base en Málaga capital, así que a la hora de trasladar a un paciente “tiempo dependiente” desde los hospitales de Ronda, Marbella, Antequera y Vélez Málaga al Hospital Clínico o al Hospital Regional, se considera que no puede realizarlo, ya que tarda un tiempo muy valioso en acudir al hospital periférico que lo solicita y regresar al centro hospitalario de destino. Por tanto, estos traslados vitales se realizan por las unidades que atienden las urgencias y emergencias extrahospitalarias, ya sean ambulancias o helicóptero sanitario del 061, que sólo vuela hasta unas horas antes del ocaso, y del SUAP (Servicio de Urgencias de Atención Primaria).

Marbella. - La ciudad vuelve a situarse en el radar internacional tras ser reconocida como Mejor Destino para el Turismo Árabe en Europa en 2026. El galardón, concedido por la Organización de Turismo de la Liga Árabe (ATO), premia la calidad de su oferta y su infraestructura, confirmando una apuesta estratégica por atraer a un visitante de alto poder adquisitivo en un mercado global cada vez más competitivo. La alcaldesa, Ángeles Muñoz, ha valorado el reconocimiento como un respaldo a años de inversión en seguridad, servicios y modernización urbana, elementos que han convertido a Marbella en un destino cómodo y previsible para viajeros que buscan lujo, privacidad y estabilidad. Los estudios de la ATO destacan factores como la oferta hotelera adaptada a las expectativas del mercado árabe, conectividad internacional, apertura cultural y un nivel de hospitalidad que va más allá de lo convencional. El reconocimiento llega, además, en un momento de consolidación internacional. Recientemente, American Express Travel incluyó a Marbella entre los diez destinos imprescindibles para viajar en 2026, siendo la única ciudad española en la lista, recordó Muñoz. Por ahora, el reconocimiento de la ATO confirma una realidad incuestionable: Marbella ha aprendido a hablar el lenguaje del turismo global. El reto, como siempre, será traducir ese prestigio internacional en beneficios equilibrados y sostenibles para la ciudad que lo hace posible.

El Continente Americano tiene una extensión de 42,549 millones de km², conformado por América del Norte, del Centro y del Sur. De siglos atrás el país ubicado al norte y denominado, Estados Unidos de Norteamérica, superficie territorial que era habitado por pueblos indígenas entre los que destacaban: los Sioux; Cheroquis; Iroqueses; Comanches, Cheyenes; Apaches; Inuit y Anasis, entre otros, que no manejaban el concepto de “propiedad privada y, al ser invadidos por países europeos la implantaron. Exterminando y despojando tras largas luchas y verdaderas masacres, a los verdaderos dueños de ese territorio. La historia es larga, como largas y recurrentes las invasiones perpetradas aquí en México y demás países, tanto a América del Centro como del Sur, por países extranjeros, coludidos con sus conciudadanos europeos, (ingleses, escoceses, australianos, franceses, alemanes) que habían invadido una gran extensión territorial al norte de América. La historia nos habla de las luchas contra esos invasores, algunas se perdieron, otras se ganaron y otras se entregaron, quedando E.E.U.U. como el mayor invasor a fin de apropiarse de las riquezas del suelo de los países del Centro y Sur América. Los mexicanos, con su espíritu nacionalista y patriótico, se desbocaban y al no tener la misma fuerza armamentista, callados no se quedaban y, al ver los uniformes verdes de los soldados enemigos les gritaban: “green go home”; desde esas luchas de 1846-1848 son reconocidos nuestros vecinos como: “gringos”, más otros adjetivos impronunciables. Pero estamos ya en el siglo XXI, en el año de 2026, hablar del nefasto período presidencial por dos ocasiones de Donal Trump, resulta casi ocioso, cuando su señora madre dijera: “Sí, es un idiota con cero sentidos comunes y sin habilidades sociales, pero es mi hijo. Espero que nunca entre en política. Sería un desastre”. Será verdad o mentira, pero la realidad confirma esa frase. Donal Trump, ha llegado más allá de los límites de la ignominia en eso de dirigir los destinos de “su país”, porque queda claro que, lo considera de su propiedad no de los ciudadanos norteamericanos, a quienes su organización represora, llamada ICE (Siglas - Inmigración EE.UU.) conformada por asesinos preparados para agredir, detener, desaparecer, asesinar y no solo a inmigrantes, sino a cualquier ciudadano, nacido ahí en E.E.U.U. por el solo hecho de filmar las atrocidades que este grupo policiaco bajo las órdenes de Trump ha estado llevando a cabo. Con todo y esa formación por décadas han inculcado en la mente de los ciudadanos de ese país, que son el “País más poderoso del planeta” por lo tanto tienen derecho, mediante invasiones, guerras, masacres guerras, pisotear a un país, esté a miles de kilómetros del suyo, allá van y matan niños, ancianos, hombres y mujeres; ahí también mueren sus jóvenes soldados, que van a pelear y no saben ni porque, solo siguiendo órdenes cargadas de mentiras. Pierden la vida miles y miles de hogares en Estados Unidos por decisión de Presidentes que no han sabido reconocer, ni respetar, las leyes constitucionales, la soberanía de otros países y los derechos de sus ciudadanos a vivir en paz. El tan ambicionado petróleo, se puede comprar, intercambiar con los países que tienen la fortuna que la naturaleza les dio, así como el litio, oro, plata, zinc, cobre y cuanto se requiera, pero no robarlo y menos acusar a un presidente, a un país como “narcotraficante, como pretexto para pisotear el suelo soberano de otro país y secuestrar a su Presidente, tal como ocurrió con Nicolás Maduro y su esposa. En el mundo no hay quien no lo haya calificado como uno de los mayores delitos que Presidente alguno pueda perpetrar contra otro país. Las calles de varios Estados del país del norte se han llenado de ciudadanos, exigiendo la renuncia del Presidente Donal Trump y la desaparición del grupo represor llamado ICE, pero desde más allá de sus fronteras, en muchos países se pide JUSTICIA, para los asesinados, torturados detenidos, pisoteados en su cuerpo y en su dignidad. Exigir paz es la consigna mundial de millones de ciudadanos que habitamos este planeta. Saludos conciudadanos. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es Colaboración especial para LatinPress®. bnpb146@hotmail.co

La captura de Nicolás Maduro y el ascenso del gobierno interino de Delcy Rodríguez configuran un escenario que pudiéramos llamar de "liberalización autocrática", caracterizado por la inocultable tutela externa de los Estados Unidos, algo que la “revolución” intenta disimular con la clara lógica de preservar sus fuerzas. El otro rasgo inocultable del momento es una irresponsable y muy peligrosa fragmentación de las fuerzas opositoras, algo realmente insólito. Este cuadro plantea serias interrogantes sobre la viabilidad de una democratización plena frente a una mutación del autoritarismo hacia modelos de coexistencia pragmática. La paradoja de la liberalización bajo tutela El interinato oficialista procura manejar la coyuntura hacia lo que Andreas Schedler define como "autoritarismo competitivo", con la aspiración de inaugurar una nueva etapa de la revolución, sin Maduro, quien pasará a protagonizar al malo de la película. Por eso el gobierno interino de Delcy Rodríguez sostiene un discurso como quien recién llega al poder y con los 500 millones de Dólares que ingresarán por concepto de petróleo, ahora prometen hacer lo que no hicieron en 25 años. Repentinamente olvidaron que sólo entre 1999 y 2014, cuando no existían las malvadas sanciones, manejaron ingresos superiores a los 950.000 millones de Dólares. ¿Qué pasó? Los recursos se evaporaron, enriqueciendo obscenamente a la burocracia revolucionaria y empobreciendo dramáticamente a los venezolanos, dejando como resultado la ruina del país y una profunda crisis social de dimensiones humanitarias. Sin duda, un factor determinante será la tutela externa. El gobierno interino de Delcy Rodríguez apuesta a que la administración Trump sustituya el “cambio de régimen” por la "estabilización de intereses", priorizando la seguridad energética y el control migratorio. Y tal cosa pudiera suceder, si las fuerzas democráticas no recomponen la unidad y se convierten en un factor capaz de garantizar estabilidad política. La inversión norteamericana y los intereses geopolíticos de los EEUU, valoran la gobernabilidad futura como una condición imprescindible. Algo que jamás podrá garantizar una oposición dividida y en conflicto. Por otra parte, las contradicciones internas en el chavismo son evidentes y las acusaciones de traición son un secreto a voces en el PSUV, propiciando un escenario que guarda similitudes con la "Teoría de la Transición de Élites" de Guillermo O’Donnell y Philippe Schmitter. Para estos autores, las transiciones exitosas suelen iniciarse por fracturas en el bloque gobernante. En todo caso, por ahora no hay razones para generar expectativas en tal sentido. Lo cierto es que el oficialismo criollo, al intentar disimular su subordinación a los intereses de Washington, busca capitalizar la transición no como un fin hacia la democracia, sino como un medio para garantizar la supervivencia de su grupo político en un entorno de mayor apertura económica. El dilema de la oposición: entre la institucionalidad y la ruptura La fragmentación opositora venezolana refleja una tensión histórica entre dos rutas estratégicas. Por una parte, la “vía institucional”, asumida por la oposición moderada: su presencia en la Asamblea Nacional evoca el modelo de la Mesa Redonda en Polonia (1989). Al participar en instancias oficiales, este sector busca "ensanchar las grietas" del régimen desde dentro. Su apuesta es pragmática: la democracia no como un evento súbito, sino como una construcción incremental que garantice la sostenibilidad del proceso de reinstitucionalización. Por la otra, la vía de la “imposición carismática” –si me permiten el término- asumida por la oposición más radical: se fundamenta en la exigencia de una ruptura total e inmediata. Tiene un discurso maximalista, que arranca aplausos, pero profundiza las diferencias internas, estimula la fragmentación opositora y tiene serias limitaciones que derivan de su carencia de control territorial o militar, de su fracturada interlocución con el poder y de su dificultad para articular fuerzas internas desde el exterior. El discurso “duro” es cautivador para las masas, pero políticamente ineficiente y en la práctica, inútil para un proceso de transición. Lecciones comparadas: el espejo de la historia Para el liderazgo político actual, un referente imprescindible son la experiencia polaca y la chilena, ampliamente conocida en Venezuela. Podríamos mencionar muchos otros, pero solo agreguemos dos precedentes cardinales. El primero, el Pacto de la Moncloa: la transición española demostró que la estabilidad depende de la capacidad de los herederos del régimen y de la oposición para renunciar a agendas extremas en favor de un consenso constitucional. El escenario de hoy minimiza las dudas sobre la disposición del oficialismo a adelantar reformas que implique su eventual salida del poder, algo que francamente les conviene como fuerza política, al margen de que no están en condiciones para perpetuarse. El segundo, la Ley de Amnistía de 1978 (Brasil): un proceso de apertura lenta y controlada por los militares. Si la oposición moderada en la Asamblea Nacional no logra imprimir velocidad al cambio y la oposición radical no se dispone a articular con ella y a promover la unidad de las fuerzas democráticas, Venezuela podría quedar atrapada en una transición "infinita", donde se recupera el mercado, pero se posterga indefinidamente el cambio político, la alternancia en el poder. El éxito de la democratización real dependerá de la capacidad de la oposición para unificar la prudencia y el radicalismo, lo institucional con lo emotivo, la fuerza política con lo social. Las dos vertientes opositoras no son excluyentes por definición y pueden ser complementarias. ¡Ambas se necesitan! Sin esta síntesis, el país corre el riesgo de consolidar una "paz autoritaria" tutelada, donde la recuperación macroeconómica sirva de sedante para las demandas de justicia y libertad. ¡Dios bendiga a Venezuela! La opinión del autor no coincide necesariamente con la de LatinPress.es richcasanova@gmail.com Colaboración especial para LatinPress®

Hasta hace poco, me resistía a usar la palabra que empieza por F para describir al presidente Trump. Por un lado, había demasiados elementos del fascismo clásico que no parecían encajar. Por otro lado, el término se ha usado en exceso hasta el punto de perder su significado, especialmente por izquierdistas que te llaman fascista si te opones al aborto o a la acción afirmativa. Además, el término tiene una definición vaga, incluso por sus adeptos. Desde el principio, el fascismo ha sido una doctrina incoherente, e incluso hoy los académicos no se ponen de acuerdo sobre su definición. La versión original de Italia difería de la de Alemania, que a su vez difería de la de España, que a su vez difería de la de Japón. Acepté la caracterización del presidente Biden del movimiento MAGA como «semifascista» porque algunos paralelismos son evidentes. Trump era definitivamente autoritario e incuestionablemente patrimonialista. Más allá de eso, sin embargo, la mejor descripción parecía ser una psicológica propuesta por John Bolton, el asesor de seguridad nacional de Trump en su primer mandato: «Escucha a Putin, escucha a Xi, escucha cómo hablan de gobernar sin la carga de legislaturas poco cooperativas, sin preocuparse por lo que pueda hacer el poder judicial, y piensa para sí mismo: ¿Por qué no puedo hacer eso? Esto no equivale a ser fascista, en mi opinión, [ni] a tener una teoría de cómo quieres gobernar. Es solo ¿Por qué no puedo divertirme tanto como ellos?». Escribiendo hace un año, argumenté que el régimen de gobierno de Trump es una versión del patrimonialismo, en el que el estado es tratado como propiedad personal y negocio familiar del líder. Eso sigue siendo cierto. Pero, como también señalé entonces, el patrimonialismo es un estilo de gobierno, no una ideología o sistema formal. Puede superponerse a todo tipo de estructuras organizativas, incluyendo no solo gobiernos nacionales sino también maquinarias políticas urbanas como Tammany Hall, bandas criminales como la Mafia e incluso cultos religiosos. Debido a que su único principio firme es la lealtad personal al jefe, no tiene una agenda específica. El fascismo, en cambio, es ideológico, agresivo y, al menos en sus primeras etapas, revolucionario. Busca dominar la política, aplastar la resistencia y reescribir el contrato social. Durante el último año de Trump, lo que inicialmente parecía un intento de convertir al gobierno en su juguete personal ha derivado claramente hacia un fascismo doctrinal y operativo. Su afán por el espacio vital, su reivindicación de poder ilimitado, su apoyo a la extrema derecha global, su politización del sistema judicial, su despliegue de brutalidad performativa, su ostentosa violación de derechos, la creación de una policía paramilitar nacional: todos estos acontecimientos delatan algo más intencional y siniestro que la codicia o el gangsterismo comunes. Cuando los hechos cambian, cambio de opinión. Los acontecimientos recientes han puesto de relieve el estilo de gobierno de Trump. La palabra fascista es la mejor descripción, y la reticencia a usar el término se ha vuelto perversa. Esto no se debe a una o dos cosas que él y su administración hayan hecho, sino a la totalidad. El fascismo no es un territorio con límites claramente definidos, sino una constelación de características. Al observar las estrellas juntas, la constelación aparece claramente. Demolición de normas. Desde el comienzo de su primera campaña presidencial en 2015, Trump rompió deliberadamente todos los límites de la civilidad; se burló del heroísmo de guerra del senador John McCain, se burló del rostro de su compañera candidata Carly Fiorina, aparentemente se burló de la menstruación de la presentadora de Fox News, Megyn Kelly, insultó a los inmigrantes y mucho más. Hoy en día todavía lo hace, recientemente haciendo un gesto obsceno a un trabajador de fábrica y llamando a un periodista «cerdo». Esta es una característica del estilo de gobierno fascista, no un error. Los fascistas saben que lo que los fundadores estadounidenses llamaron las «virtudes republicanas» obstaculizan su agenda política, y por eso alegremente destruyen las piedades liberales como la razón y la razonabilidad, la civilidad y el espíritu cívico, la tolerancia y la paciencia. Al burlarse de la decencia y decir lo indecible, abren el camino a lo que William Galston ha llamado las “pasiones oscuras” del miedo, el resentimiento y, especialmente, la dominación: el tipo de política que desplaza el discurso público hacia un terreno en el que los liberales no pueden competir. Glorificación de la violencia. Todos los estados usan la violencia para hacer cumplir sus leyes, pero los estados liberales la usan a regañadientes, mientras que el fascismo la abraza y la ostenta. Trump, por lo tanto, elogia a una turba violenta; respalda la tortura; reflexiona con cariño sobre golpear, azotar y disparar a manifestantes y periodistas; y, según se informa, sugiere disparar a manifestantes y migrantes. Sus anuncios de reclutamiento para ICE glorifican las redadas de estilo militar en hogares y vecindarios; su propaganda se deleita infantilmente en el asesinato de civiles; y todos hemos visto videos de agentes sacando a rastras a personas de autos y casas, en parte porque el gobierno los filma. Al igual que la demolición de la decencia cívica, la valorización de la violencia no es incidental al fascismo; es parte integral. El poder es correcto. También es característico del fascismo lo que George Orwell llamó » adoración al matón «: el principio de que, como lo expresó famosamente Tucídides, «los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben». Esta visión se hizo evidente en la notoria reunión de Trump en la Oficina Oval con el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, en la que Trump mostró un abierto desprecio por lo que consideraba la debilidad de Ucrania; se hizo evidente de manera explícita y escalofriante cuando Stephen Miller, el asistente más poderoso del presidente, le dijo a Jack Tapper de CNN: «Vivimos en un mundo, en el mundo real, que está gobernado por la fuerza, que está gobernado por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo que han existido desde el principio de los tiempos». Esas palabras, aunque ajenas a las tradiciones de la moral estadounidense y cristiana, podrían haber salido de los labios de cualquier dictador fascista. Aplicación de la ley politizada. Los liberales siguen la ley, les guste o no; los fascistas, solo cuando les gusta. l nazismo se caracterizó por un » estado dual «, donde, en cualquier momento, las protecciones de la ley ordinaria podían dejar de aplicarse. Trump no oculta su desprecio por el debido proceso legal; ha exigido innumerables veces que sus oponentes sean encarcelados (los cánticos de «Enciérrenla!», con su respaldo, fueron una característica destacada de su campaña de 2016), y ha sugerido la » terminación » de la Constitución y ha dicho » No sé » cuando se le preguntó si está obligado a defenderla. Su innovación más peligrosa en su segundo mandato es la reutilización de las fuerzas del orden federales para perseguir a sus enemigos (y proteger a sus amigos). Ningún presidente anterior ha producido algo como la orden directa y pública de Trump para que el Departamento de Justicia investigue a dos exfuncionarios, o como sus procesamientos descaradamente retaliativos de James Comey y Letitia James. “Al menos 470 personas, organizaciones e instituciones han sido blanco de represalias desde que Trump asumió el cargo, un promedio de más de una al día”, informó Reuters en noviembre (y hoy se pueden agregar otras a la lista, empezando por el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell). Si Trump no hubiera hecho nada más, su demolición de las fuerzas del orden independientes y apolíticas habría acercado al gobierno estadounidense más que nunca a un modelo fascista. Deshumanización. El fascismo se legitima al afirmar que defiende al pueblo de enemigos que son animales, criminales y brutos. Trump, por ejemplo, caracteriza a sus oponentes políticos como » alimañas » y a los inmigrantes como » basura » que » envenenan la sangre de nuestro país » (un lenguaje propio del Tercer Reich). El vicepresidente Vance, siendo senador, apoyó un libro titulado «Unhumans» (un título que alude a la izquierda). ¿Y quién puede olvidar su falsa afirmación de que los haitianos secuestran y comen perros y gatos domésticos? Tácticas de estado policial. Trump ha convertido a ICE en un paramilitar en expansión que recorre el país a voluntad, registra y detiene a no ciudadanos y ciudadanos sin órdenes judiciales, usa la fuerza ostentosamente, opera detrás de máscaras, recibe un entrenamiento escaso, miente sobre sus actividades y le han dicho que goza de » inmunidad absoluta «. Aumentó más del doble el tamaño de la agencia en 2025, y su presupuesto ahora es mayor que el de todas las demás agencias federales de aplicación de la ley juntas, y mayor que todos los presupuestos militares de todos los países excepto 15. «Esto va a afectar a todas las comunidades, a todas las ciudades», observó recientemente David Bier, académico del Cato Institute. «Realmente casi todos en nuestro país van a entrar en contacto con esto, de una forma u otra». En Minneapolis y otros lugares, la agencia se ha comportado de manera provocativa, a veces brutal y posiblemente ilegal; comportamientos que Trump y su personal han alentado, protegido y enviado equipos de cámaras para publicitar, tal vez con la esperanza de obtener una resistencia violenta que justificaría más represiones, una estratagema fascista estándar. La reciente aparición de la Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, con un cartel que decía Uno de los nuestros, todos los suyos parecía guiñar hacia otra medida fascista, el castigo colectivo, al igual que la decisión de la administración de inundar Minneapolis con miles de oficiales después de que los residentes comenzaron a protestar contra las tácticas federales, una priorización que era explícitamente retributiva. Socavando las elecciones. La reciente reflexión de Trump de que no debería haber elecciones en 2026 puede o no haber sido jocosa (como ha mantenido la Casa Blanca), pero él y sus partidarios de MAGA creen que nunca pierden una elección, punto. Hicieron todo lo posible para anular las elecciones de 2020, como detallan hasta la saciedad la acusación del fiscal Jack Smith contra Trump y el informe posterior. Manipular, robar o cancelar directamente las elecciones es, por supuesto, la tarea número uno para los fascistas. Aunque Trump tiene un mandato limitado, no debemos esperar que él y sus leales de MAGA entreguen voluntariamente la Casa Blanca a un demócrata en 2029, independientemente de lo que digan los votantes, y la segunda insurrección estará mucho mejor organizada que la primera. Lo privado es público. El fascismo clásico rechaza la distinción liberal fundamental entre el gobierno y el sector privado, según el dictamen de Mussolini: «Ningún individuo o grupo fuera del Estado». Entre las iniciativas más audaces de Trump (aunque con un éxito intermitente) se encuentran sus esfuerzos por controlar entidades privadas, como bufetes de abogados, universidades y corporaciones. Uno de sus primeros actos como presidente el año pasado fue desafiar descaradamente una ley recién promulgada al tomar la propiedad de TikTok en sus propias manos. Bolton comprendió esta mentalidad cuando dijo: «No puede distinguir entre su propio interés personal y el interés nacional, si es que entiende qué es el interés nacional». Ataques a los medios de comunicación. Poco después de asumir el cargo en 2017, Trump denunció a los medios de comunicación como » el enemigo del pueblo estadounidense «, una frase familiar de las dictaduras en el extranjero. Su hostilidad nunca cedió, pero en su segundo mandato, ha alcanzado nuevas alturas. Trump ha amenazado con licencias de transmisión, abusado de su autoridad regulatoria, manipulado acuerdos de propiedad, presentado demandas exorbitantes, favorecido con el acceso periodístico, registrado la casa de un reportero y vilipendiado a los medios de comunicación y periodistas. Aunque Trump no puede dominar los medios de comunicación en los Estados Unidos de la manera en que el primer ministro Viktor Orbán lo ha hecho en Hungría, está ejecutando el libro de jugadas de Orbán. Ningún otro presidente, ni siquiera Richard Nixon (nada amigo de los medios), ha usado tácticas tan descaradamente antiliberales contra la prensa. Agresión territorial y militar. Una razón por la que me resistí a identificar el trumpismo con el fascismo en su primer mandato fue la aparente falta de interés de Trump en la agresión contra otros estados; en todo caso, parecía tímido a la hora de usar la fuerza en el extranjero. Bueno, eso era entonces. En su segundo mandato, ha usado la fuerza militar promiscuamente. Por supuesto, muchos presidentes han desplegado la fuerza, pero el uso explícitamente depredador de Trump para apoderarse del petróleo de Venezuela y su amenaza al estilo gangsteril de arrebatarle Groenlandia a Dinamarca «por las buenas» o «por las malas» fueron movimientos autoritarios al estilo de los años 30. Lo mismo ocurre con su desprecio por el derecho internacional, las alianzas vinculantes y las organizaciones transnacionales como la Unión Europea, todo lo cual impide el ejercicio sin restricciones de la voluntad del Estado, un principio fascista central. (Mussolini: “Igualmente ajenas al espíritu del fascismo… son todas las superestructuras internacionalistas o de la Liga que, como lo demuestra la historia, se derrumban cuando el corazón de las naciones se ve profundamente conmovido por consideraciones sentimentales, idealistas o prácticas”). Alcance transnacional. Como los autoritarios en general, los fascistas aman la compañía; el mundo es más seguro para ellos si hay más. En su segundo mandato, Trump ha roto con la política estadounidense de larga data al reducir el apoyo a los derechos humanos, al tiempo que elogia y apoya a los populistas autoritarios y a los nacionalistas iliberales en Serbia, Polonia, Hungría, Alemania, Turquía, El Salvador y Eslovaquia, entre otros lugares, y al mostrarse extrañamente deferente con el hombre fuerte del presidente ruso, Vladimir Putin. Aún más sorprendente es su alineamiento de facto contra los aliados liberales de Estados Unidos y sus partidos en Europa, a los que desprecia. Nacionalismo de sangre y tierra. Una característica distintiva del fascismo es su insistencia en que el país no es solo un conjunto de individuos, sino un pueblo, un Volk: un grupo místicamente definido y étnicamente puro, unido por la sangre, la cultura y el destino compartidos. En consonancia con esta idea, Trump ha repudiado la ciudadanía por nacimiento, y Vance ha llamado a «redefinir el significado de la ciudadanía estadounidense en el siglo XXI» para que se dé prioridad a los estadounidenses con vínculos históricos más largos: «las personas cuyos antepasados lucharon en la Guerra Civil», como él mismo lo expresó, o las personas a quienes otros en la derecha MAGA llaman » estadounidenses de herencia «. En otras palabras, algunos estadounidenses son más volkistas que otros. Nacionalismo blanco y cristiano. Si bien Vance, Trump y MAGA no proponen una ideología explícita de jerarquía racial, no ocultan su anhelo por una América más blanca y cristiana. Trump ha encontrado muchas maneras de comunicar esto: por ejemplo, dejando claro su desdén por los países «de mierda» y su preferencia por los inmigrantes cristianos blancos; aceptando deliberadamente a los sudafricanos blancos como refugiados políticos (mientras cerraba la puerta a la mayoría de los demás solicitantes de asilo); renombrando bases militares para que compartan los nombres de generales confederados (después de que el Congreso ordenó que se eliminaran sus nombres); diciendo que las leyes de derechos civiles llevaron a que los blancos fueran «muy maltratados». En su Estrategia de Seguridad Nacional, castiga a Europa por permitir que la inmigración socave la «autoconfianza de la civilización» y proclama: «Queremos que Europa siga siendo europea», un grito de guerra de los nacionalistas cristianos blancos en todo el continente. Siguiendo su ejemplo, el Departamento de Seguridad Nacional ha propagado temas abiertamente nacionalistas blancos, y los parques nacionales y museos han eliminado de sus exhibiciones las referencias a la esclavitud. Turbas y matones callejeros. El uso de milicias y turbas para acosar, maltratar e intimidar de otro modo a los oponentes es una estratagema fascista estándar (el ejemplo clásico es el pogromo de la Noche de los Cristales Rotos de Hitler en 1938). Como pocos necesitarán que se les recuerde, el paralelo Trump-MAGA es la violencia de la turba y la milicia contra el Capitolio de los Estados Unidos el 6 de enero de 2021. Trump sentó las bases, a sabiendas, para esta operación, llamando a las fuerzas de la milicia a » retroceder y estar preparados » en septiembre de 2020 y luego susurrando «¡Estén allí, será salvaje!» a sus partidarios. Su indulto a todos los atacantes del Capitolio, más de 1.500, incluidos los más violentos, solo demostró lo que sabíamos, que es que tenían su bendición. Si bien Trump ha encontrado la violencia estatal adecuada a sus propósitos hasta ahora en su segundo mandato, la violencia callejera es evidentemente parte de su repertorio. Engrandecimiento del líder. Desde 2016, cuando declaró que » solo yo puedo arreglarlo » y se jactó de que sus partidarios permanecerían leales si le disparara a alguien en la Quinta Avenida, Trump ha cultivado un culto a la personalidad. Aunque algunos de sus esfuerzos de autoengrandecimiento pueden parecer cómicos (el dorado de la Oficina Oval, el cambio de nombre del Kennedy Center, el arco de triunfo propuesto), entiende la centralidad del culto al líder en un régimen de estilo fascista. En marcada contradicción con la tradición presidencial estadounidense desde George Washington, no pretende servir al pueblo ni a la Constitución. Su mentalidad, su simbolismo y su retórica subrayan el punto que planteó a The New York Times este mes: su propia mente y moralidad son los únicos límites a su poder global. Esto es Fascismo 101. Hechos alternativos. Como Orwell, Hannah Arendt y prácticamente todos los demás estudiosos del autoritarismo han enfatizado, crear un campo de distorsión de la realidad es lo primero que hará un gobierno fascista, para impulsar mejor su propia narrativa retorcida, confundir a la ciudadanía, desmoralizar a los oponentes políticos y justificar todo tipo de corrupción y abuso. Si bien otros presidentes (incluidos algunos buenos) han mentido, ninguno se ha acercado al despliegue de desinformación masiva al estilo ruso de Trump, como detallo en mi libro The Constitution of Knowledge. Desde el comienzo de su primer mandato, Trump ha hecho de los » hechos alternativos » un sello distintivo de su estilo de gobierno, emitiendo mentiras, exageraciones y medias verdades a un ritmo de 20 al día. Como era de esperar, su segundo mandato ha traído más de lo mismo. Siguiendo su ejemplo, una derecha posmoderna MAGA-ficada desecha alegremente la objetividad como elitismo y la verdad como una máscara para el poder. La política como guerra. Una marca distintiva del fascismo es su concepción de la política, mejor capturada por Carl Schmitt, un teórico político alemán de principios del siglo XX cuyas doctrinas legitiman el nazismo. Schmitt rechazó la visión madisoniana de la política como una negociación social en la que diferentes facciones, intereses e ideología llegan a un acuerdo, la idea central de nuestra Constitución. Más bien, vio la política como un estado de guerra entre enemigos, ninguno de los cuales puede entender al otro y ambos se sienten existencialmente amenazados, y solo uno de los cuales puede ganar. El objetivo de la política schmittiana no es compartir el país, sino dominar o destruir al otro lado. Esta concepción ha sido evidente en la política MAGA desde que Michael Anton (ahora funcionario de la administración Trump) publicó su famoso artículo argumentando que las elecciones de 2016 fueron una batalla de vida o muerte para salvar al país de la izquierda (una elección de «Vuelo 93»: «carga la cabina o mueres»). En el discurso pronunciado por Stephen Miller en el funeral de Charlie Kirk, la aceptación del totalitarismo schmittiano por parte de MAGA alcanzó su apoteosis: «Somos la tormenta. Y nuestros enemigos no pueden comprender nuestra fuerza, nuestra determinación, nuestra resolución, nuestra pasión… No son nada. Son maldad». Gobernar como revolución. Aunque nació en la revolución, la tradición liberal estadounidense, especialmente su rama conservadora, valora la continuidad, la estabilidad y el cambio gradual guiado por la razón. El fascismo, por el contrario, «no es reaccionario sino revolucionario», como insistió Mussolini. Busca desarraigar y reemplazar el viejo orden y adopta una acción audaz y estimulante sin ataduras a la deliberación racional. MAGA adopta su propio ethos revolucionario, lo que Russell Vought, director de la Oficina de Administración y Presupuesto de la administración y probablemente su intelecto más formidable, ha llamado «constitucionalismo radical», una doctrina que viciaría muchos controles sobre el poder presidencial. En pos de esta visión, Vought le dijo a Tucker Carlson en una entrevista de noviembre de 2024: «El presidente tiene que moverse ejecutivamente lo más rápido y agresivamente posible, con una perspectiva constitucional radical, para poder desmantelar esa burocracia [federal] y sus centros de poder» porque «las burocracias odian al pueblo estadounidense». Predijo: «Si tienes un constitucionalismo radical, será desestabilizador… Pero también es estimulante». Dijo que pondría a las agencias federales «en trauma», una idea compartida por Christopher Rufo, uno de los arquitectos del ataque de Trump a las universidades, que Rufo describió como un «plan de contrarrevolución» para poner a las universidades «en un terror existencial». Mientras Trump cerraba una agencia designada por el Congreso, renombraba una masa de agua internacional, arrestaba a un escritor de opinión, deportaba inmigrantes a un gulag extranjero, aterrorizaba ciudades estadounidenses, amenazaba a un aliado y más, mostró cómo se ve cuando un estado radicalizado abandona la deliberación racional y se declara la guerra contra sí mismo. Se puede objetar que hay elementos del fascismo europeo clásico que no se encuentran en el trumpismo (por ejemplo, manifestaciones multitudinarias y rituales públicos), o que hay elementos adicionales del trumpismo que deberían incluirse en la lista (la hipermasculinidad de MAGA, la misoginia y la cooptación del cristianismo se asemejan a patrones fascistas). El ejercicio de comparar las diversas formas del fascismo no es preciso. Si los historiadores objetan que Trump no es una copia de Mussolini, Hitler o Franco, la respuesta es sí, pero ¿y qué? Trump está construyendo algo nuevo sobre viejos principios. Nos está mostrando en tiempo real cómo es el fascismo estadounidense del siglo XXI. Sin embargo, si Trump es un presidente fascista, eso no significa que Estados Unidos sea un país fascista. Los tribunales, los estados y los medios de comunicación siguen siendo independientes de él, y sus esfuerzos por intimidarlos probablemente fracasarán. Podría perder el control del Congreso en noviembre. No ha logrado moldear la opinión pública, salvo contra sí mismo. Ha superado el mandato de sus votantes, su coalición se está fracturando y ha descuidado las herramientas que permiten a los presidentes generar cambios duraderos. Él y su partido pueden desafiar la Constitución, pero no pueden reescribirla, gracias a Dios. Así pues, Estados Unidos, otrora la democracia liberal ejemplar del mundo, es ahora un estado híbrido que combina un líder fascista y una Constitución liberal; pero no, no ha caído en el fascismo. Y no caerá. En ese caso, ¿tiene sentido llamar fascista a Trump, incluso si fuera cierto? ¿Acaso eso no aleja a sus votantes? ¿No sería mejor simplemente describir sus acciones sin etiquetarlo de forma polémica? Hasta hace poco, lo creía. Ya no. Las similitudes son demasiadas y demasiado fuertes como para negarlas. Los estadounidenses que apoyan la democracia liberal necesitan reconocer a qué nos enfrentamos para poder afrontarlo, y para reconocer algo, hay que nombrarlo. Trump se ha revelado, y debemos nombrar lo que vemos. Jonathan Rauch es escritor colaborador de The Atlantic e investigador principal del programa de Estudios de Gobernanza de la Brookings Institution. Recientemente, escribió » Propósitos cruzados: El pacto roto del cristianismo con la democracia». La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es. emonte7@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®

Como consorte se menciona a Melania Knavs la esposa de Donald Trump y no como primera dama como sucede en México para menosprecio de las demás mujeres que serían en ese señalamiento damas de segunda. Lo más absurdo. Se trae a colación porque se pretende incorporar a la señora Knavs, a la problemática que vive Estados Unidos en este momento. Eso actualiza un tema que solo tiene como explicación un contrato civil. Los esposos no son parientes, -salvo que alguien se haya casado con un consanguíneo -ni siquiera políticos. Y en una elección controvertida como ha sido la de Estados Unidos, la esposa, salvo el papel de acompañante y simple ciudadana, no tiene ningún fundamento legal, público. En muchos países , como en Cuba, esa figura no existe y cuando la mujer aparece en escena, lo hace con una posición pública propia. EN CUANTO A PRESIDENTES, HAY DE ESPOSAS A ESPOSAS. LA HISTORIA LO DICE La posición de consorte de un presidente, se desprende de una tradición que en la doble moral de la llamada monogamia, confiere a la esposa el papel de compañera en actos y programas que solo son obligación del personaje electo. La personalidad de algunas mujeres que vivieron esa situación- como fue el caso de Eleanor Roosevelt activista y pionera de los derechos humanos, en Estados Unidos-, enriquece políticamente al funcionario y en casos de mujeres comunes, exhibe en países que la cultivan, la vida interna de una familia como parte de la concepción conservadora de la familia tradicional. Con esos tintes, pero más humanística se desarrolló la familia de Barack Obama, pareja al parecer desecha por los caminos verdosos por los que transita ahora el anciano Obama. En su momento, su esposa Michelle supo captar el respeto de millones de conciudadanos. Caso único por su formación académica y su trayectoria como una gran abogada, Michelle sorteó durante ocho años los vaivenes de una posición puntera, pero endeble legalmente. Sus inteligentes ideas, sus discursos, su gentileza ante los avatares, son una herencia que desde luego no revisa la señora de Trump, en medio del maremágnum que provoca su esposo. Deleznable es, también, que circulen en medios y redes, epítetos y calificativos que pretenden denigrarla como extensión de su cónyuge y por su vida pasada. El tiempo dirá de su actuación, pero solo puede ser juzgada si interfiere en la función pública. LAS CONSORTES HAN DADO MUCHO DE QUE HABLAR EN LA HISTORIA Ya hemos mencionado y criticado en su momento, el libro La suerte de la consorte y un largo subtítulo Las esposas de los presidentes de México, historia de un olvido y relato de un fracaso (Océano 2013 ) que la historiadora Sara Sefchovich, ha publicado en cuatro ediciones, un nutrido volumen que aborda el tema de la consorte dentro del contexto histórico de la mujeres de presidentes mexicanos. Lo aborda como un tema original en el país .-en otros países hay investigaciones similares-, en una larga y profusa investigación que nutre el tratamiento por sus contenidos históricos. Quinientos años son hurgados en la vida de las mujeres que fueron compañeras de los hombres del poder tildadas de primeras damas frente al conglomerado femenino del país, que pasa a segundo término. Y que en el camino detuvo el trabajo de la la autora ya que en el pasado sexenio la esposa de AMLO Beatriz Gutiérrez Müller se negó a tomar ese absurdo papel. Y menos ahora cuando gobierna una mujer con un esposo que permanece en una discreta presencia, LA VIDA DE LAS CONSORTES ES ALCANZADA POR LA DE SUS ESPOSOS En el acontecer de su libro, la autora mencionada tuvo dificultades por falta, en muchos casos, de datos reales o porque se atravesaban informes y “chismes”, que podían alterar la formalidad del trabajo. La seriedad no altera el texto y se lee sin sorpresa porque ella, además, no asume pelos en la lengua. Si hay que decir algo de una señora, hay que decirlo, si la vox populi así lo consignó. Y se saben muchas cosas, algunas interesantes, de esas mujeres. Trasciende el hecho de que queriendo poner en primer término a la mujer, siempre se acomoda la primacía del hombre en un país que había tenido en esa publicación, solo presidentes hombres. Es un libro muy nutrido de información que podía leerse mejor en pequeños tomos; ha sido utilizado en el teatro, el cine y otras formas de expresión, algunas que como la nuestra, le criticamos el término primera dama. EN ESTE SEÑALAMIENTO DESTACA UNA MUJER SINGULAR: LA ESPOSA DE MADERO A unos días de que se celebren los ciento nueve años de la Constitución de 1917 -pacto que signó la Revolución de 1910-, quisiera referirme a la esposa del caudillo Francisco I. Madero, Sara Pérez Romero, quien, como se conoce en la historia, no se dedicaba a las labores del hogar, sino que salía a la calle a defender los derechos humanos. Coahuilense como Madero, Sara vivió en pacto de castidad desde que su esposo fue asesinado y muy anciana se le veía por la colonia Roma donde vivió hasta su muerte en 1952. Se menciona que el autor José Emilio Pacheco se refirió a ella con la que se topaba en su barrio, como “una viejita frágil, dignísima, siempre de luto por el marido asesinado”. En Estados Unidos, cuando falleció el presidente Franklin Delano Roosevelt, su sucesor Harry Truman rindió homenaje a su esposa Eleanor Roosevelt, por sus abundantes tareas y luchas, llamándola Primera dama del mundo, expresión justa en ese caso, porque no se discrimina a nadie. Pero a Sarita le dieron un título más completo para nuestro país porque lo ganó también por su lucha, no por su género: Primera dama de la Revolución. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es Colaboración especial para LatinPress®. laislaquebrillaba@yahoo.com.mx