Tecnología fotocatalítica para los autobuses
Félix Romero • 19 de junio de 2025
Marbella comenzará a utilizar, en su transporte público, tecnología fotocatalítica para degradar contaminantes en un 73%
Marbella. —
Todo sugiere que en la ciudad un nuevo tipo de innovación, en el transporte público, recorrerá sus calles.
Los autobuses urbanos estarán equipados con una tecnología que promete purificar el aire interior —y potencialmente también el exterior— mientras transportan pasajeros.
El Ayuntamiento de Marbella, en colaboración con la concesionaria Avanza y la empresa tecnológica Wiwell, ha lanzado un proyecto piloto que busca combinar movilidad urbana y salud ambiental mediante una solución tan ambiciosa como simbólica.
Se trata de una tecnología fotocatalítica que utiliza láminas adhesivas activadas por la luz —solar o artificial— para degradar contaminantes y eliminar patógenos.
Según las pruebas preliminares, los resultados son prometedores: reducción del 73% de agentes contaminantes en el aire interior de los vehículos.
El proyecto se ha implementado inicialmente en la línea de autobús al Hospital Universitario Costa del Sol, una de las más transitadas de la ciudad, y se extenderá al transporte escolar.
El anuncio se inscribe en un momento en el que la salud pública, la calidad del aire y la sostenibilidad convergen como prioridades estratégicas para las ciudades. Esperemos que no se trate de una iniciativa limitada con fuerte carga de marketing.
El proceso
Detrás de la fotocatálisis ciertos materiales (como el dióxido de titanio) pueden actuar como catalizadores en presencia de luz para descomponer compuestos orgánicos, bacterias y algunos gases contaminantes. Lo innovador aquí es su aplicación a gran escala y en movimiento, algo que hasta ahora había sido marginal en el transporte público.
Seguridad
La tecnología es segura, no requiere mantenimiento especial y tiene una vida útil de hasta 10 años, afirmó Pascuale Di Gregorio, director general de Wiwell, durante la presentación.
Sin embargo, como ocurre con muchas soluciones tecnológicas verdes, la efectividad real fuera de entornos controlados está aún por validarse a través de datos independientes y en escenarios urbanos más complejos.
Una apuesta por la sostenibilidad
Marbella no es ajena a la presión por reducir su huella ambiental. Con episodios esporádicos de mala calidad del aire y un parque vehicular privado en constante crecimiento, la ciudad ha tenido dificultades para conciliar su modelo de desarrollo turístico con las exigencias medioambientales del siglo XXI.
Esta iniciativa —que combina salud pública, innovación tecnológica y transporte colectivo— parece diseñada para proyectar una imagen de vanguardia verde.
“Queremos que los padres sepan que sus hijos viajan en un entorno limpio y seguro”, dijo el concejal Félix Romero. Un mensaje que mezcla la preocupación por la salud pospandemia con un lenguaje muy alineado con las nuevas tendencias de marketing climático.
La idea de convertir los autobuses en purificadores móviles del aire urbano, mediante la aplicación de esta tecnología a los vehículos, suena futurista, sobre todo porque ninguna solución aislada puede sustituir una política integral de movilidad sostenible que priorice el transporte público limpio, el rediseño urbano y la reducción del uso de coches privados.
Aun así, este tipo de microintervenciones puede tener valor como parte de un ecosistema de medidas: pequeños avances tecnológicos con bajo coste y mantenimiento, que se integran sin fricciones en los sistemas existentes.
La experiencia de Marbella puede verse como un caso interesante de eco-innovación localizada que, aunque limitada en escala y alcance, contribuye a visibilizar nuevas formas de abordar la contaminación y la higiene urbana en el transporte público.
La clave, como siempre, estará en los datos, uno de ellos será la calidad del aire.









