Tres equipamientos terminados continúan vacíos
Félix Romero • 9 de septiembre de 2025
El centro de Salud de Ricardo Soriano, El Faro o El Trapiche, pudieran entrar en funcionamiento en 2026.
Marbella. -
Pareciera que el nuevo centro de salud Ricardo Soriano, la rehabilitación del Faro y la finalización de El Trapiche se han convertido en símbolos de un urbanismo político que privilegia la foto sobre la función.
La secuencia se repite: “histórico avance”, con un agravante, mientras el nuevo centro ambulatorio permanece cerrado, la presión sobre los centros de salud existentes crece, con listas de espera que minan la confianza en el sistema público.
El centro de salud Ricardo Soriano, El Faro y El Trapiche, han sido presentados a la sociedad marbellí como inaugurados, pero todos permanecen vacíos.
Ahora, la promesa de que alguno pueda empezar a funcionar en 2026 vuelve a situar la política urbana y sanitaria en la frontera difusa entre la gestión y la estrategia electoral.
El portavoz del gobierno local, Félix Romero, quiso ser cauto al hablar de plazos. “No puedo darle ninguna fecha”, le dijo a Latinpress.es, subrayando que la puesta en marcha depende de la Junta de Andalucía.
Sin embargo, deslizó una comparación que encierra la lógica de muchas administraciones en tiempos de campaña: preguntando a los periodistas si tenían hijos, y si estos estudiaban más cuando se acercaban los exámenes. “Pues es lo mismo”, concluyó.
La metáfora revela un patrón recurrente en la política española —y global—: el esfuerzo se intensifica cuando se acerca la prueba decisiva, que en este caso serían las elecciones municipales de 2027.
Las inauguraciones, aunque simbólicas, funcionan como recordatorios visuales de la acción de gobierno, son una especie de “buenas notas” que se muestran al electorado después de meses de parálisis burocrática.
El problema es que, como en el caso de los estudiantes, la preparación de última hora puede dejar lagunas. Los centros de salud, saturados desde hace años, no necesitan gestos apresurados, sino una planificación sostenida y recursos estables.
Si las inauguraciones se concentran en los meses previos a las urnas, corren el riesgo de percibirse menos como una respuesta a las necesidades de la ciudadanía y más como parte del temario electoral.
Al final, la metáfora de Romero no es inocente: confiesa que la política local estudia más cuando se examina, aunque estudie todos los días. Lo que queda en duda es si, en esta carrera hacia los exámenes de 2026, los alumnos de la democracia llegarán preparados para manejar la siempre frágil memoria vecinal.









