Bloqueada en Marbella la gestión felina
Isabel Pérez • 8 de abril de 2026
El Ayuntamiento de Marbella tiene bloqueada la gestión de las colonias felinas.
Marbella.-
En política municipal los compromisos sobre bienestar animal suelen formularse con rapidez, pero su cumplimiento es lo que con mayor frecuencia falla.
En Marbella, ese desfase ha quedado expuesto en la gestión de las colonias felinas, convertida hoy en un ejemplo de promesas anunciadas y políticas aún por ejecutar.
La portavoz del Grupo Municipal Socialista, Isabel Pérez, ha anunciado la presentación de una moción al próximo pleno con un mensaje directo al equipo de gobierno: abandonar la retórica y asumir la gestión efectiva del problema. “Dejar de vender humo”, en sus palabras.
La carga política apunta a una cuestión de fondo: la distancia entre lo anunciado en 2025 y la realidad administrativa de 2026.
El 15 de abril de 2025, el ayuntamiento presentó un programa que prometía ordenar la gestión de las colonias felinas mediante el método CER (Captura, Esterilización y Retorno), ampliamente reconocido como la vía más eficaz y ética para el control de poblaciones de gatos urbanos.
El plan incluía medidas concretas —acreditaciones oficiales para voluntarios, formación, herramientas tecnológicas como códigos QR— destinadas no solo a mejorar el control sanitario, sino también a reducir los conflictos vecinales. Un año después, según denuncia Pérez, ese programa permanece en gran medida sin desplegar.
La consecuencia más inmediata no es solo administrativa, sino social, más de una treintena de voluntarios continúan realizando labores esenciales sin reconocimiento oficial, expuestos a sanciones y advertencias por parte de la propia administración que, en teoría, debería ampararlos.
La paradoja es evidente: quienes sostienen de facto el sistema son tratados, en ocasiones, como infractores.
Este vacío institucional tiene efectos más amplios. Sin una implementación estructurada del método CER, el control de la población felina queda fragmentado y dependiente de recursos privados —tiempo y dinero de los voluntarios—, lo que debilita cualquier estrategia a medio plazo. Al mismo tiempo, persisten denuncias por envenenamientos y desapariciones de animales, síntomas de una convivencia deteriorada que el propio plan municipal aspiraba a corregir.
A esta situación se suma la controversia en torno al centro de protección animal Triple A, donde, pese a inversiones anunciadas, se mantienen deficiencias estructurales y carencias en la disponibilidad de personal veterinario. De nuevo, la crítica no se dirige tanto a la ausencia de iniciativas como a su insuficiente materialización.
La moción socialista plantea ahora medidas concretas:
- Un calendario público para la entrega de acreditaciones.
- El cese de sanciones a los alimentadores.
- Financiación efectiva del método CER y.
- Un informe técnico independiente sobre el estado del centro.
Lo que está en cuestión es la credibilidad de la acción pública cuando los anuncios no se traducen en cambios tangibles.
En un ámbito como el bienestar animal —donde la intervención depende en gran medida de la colaboración ciudadana— esa brecha erosiona la confianza institucional y desplaza la responsabilidad hacia quienes, sin respaldo oficial, ya están haciendo el trabajo.









