La mala gestión de la alcaldesa de Marbella
Isabel Pérez • 10 de septiembre de 2025
La deficiente gestión de la alcaldesa de Marbella, abre el inició del nuevo curso político.
Marbella. -
Tras dieciséis años en el poder, Ángeles Muñoz sigue ocupando el sillón de mando en Marbella, pero su proyecto político parece estar cada vez más desgastado.
Lo que en su día se presentó como un liderazgo firme para recuperar el prestigio de una ciudad marcada por la corrupción del caso Malaya, hoy es señalado por la oposición como un modelo agotado, más cercano a la propaganda que a la gestión transformadora.
La portavoz socialista Isabel Pérez ha sido clara en su diagnóstico: Muñoz “ya no va a mejorar la nota”. El símil escolar no es casual. Marbella, un municipio que aspira a jugar en las grandes ligas del turismo internacional, parece estancado en asignaturas pendientes que nunca termina de aprobar: limpieza, movilidad, vivienda asequible, patrimonio histórico, planificación urbanística.
Los suspensos acumulados
La lista de carencias es larga y repetitiva. A pesar de los recursos extraordinarios que el municipio recibe gracias a su potencia turística, la ciudad sufre problemas básicos de servicios públicos, como la recogida de basura.
El urbanismo, que debería ser el tablero estratégico para ordenar el futuro, permanece sin nuevo plan desde hace más de una década, mientras el debate se centra en operaciones puntuales y privatizaciones cuestionadas, señaló Pérez.
La vivienda se ha convertido en un examen imposible de aprobar para buena parte de los vecinos: los precios empujan hacia fuera a las clases medias y jóvenes, en una ciudad que corre el riesgo de ser un escaparate de lujo sin comunidad estable detrás.
En paralelo, el patrimonio histórico –del Convento de la Trinidad a la Casa del Gobernador– se percibe como un asunto marginal para un Ayuntamiento más preocupado por grandes anuncios que por la rehabilitación de espacios con valor identitario.
La economía en rojo
La gestión financiera tampoco ofrece motivos para un aprobado. Mientras otros municipios liquidan deuda y ganan margen de maniobra, Marbella sigue recurriendo al crédito bancario, un movimiento que la oposición interpreta como un camino hacia la fragilidad económica.
La paradoja es que, pese al músculo turístico, el Ayuntamiento no logra traducir esa riqueza en estabilidad presupuestaria ni en inversiones públicas estructurales.
El riesgo del cortoplacismo
Quizá el mayor reproche político hacia Muñoz es el de haber instalado a Marbella en la improvisación y el cortoplacismo. La líder socialista asegura que la ciudad vive de un brillo turístico que no se traduce en un proyecto sólido de futuro. Los vecinos perciben que los grandes problemas –movilidad, vivienda, planificación– se enuncian campaña tras campaña, pero no se resuelven.
Un liderazgo en tiempo de descuento
El relato que se construye en torno a Muñoz es el de una alcaldesa que aprobó con nota en sus primeros exámenes –recuperar la estabilidad tras la corrupción, devolver confianza institucional, atraer inversión privada–, pero que ha ido acumulando suspensos en las pruebas de madurez: planificación urbana, cohesión social, sostenibilidad financiera.
Marbella necesita pasar de curso, dice la también diputada nacional socialista, pero la alcaldesa ya no tiene ni la energía ni las ideas para guiarla hacia la siguiente etapa.









