Málaga revoca las licencias de coches de caballo
PACMA • 6 de octubre de 2025
Málaga pone fin a los coches de caballos, dejando al descubierto la resistencia de Marbella.
Marbella. -
Con la decisión de revocar definitivamente las 25 licencias que aún permitían la circulación de coches de caballos por el centro de la ciudad, Málaga se ha convertido en la primera gran urbe andaluza en poner fin a una práctica que, durante décadas, simbolizó el encanto turístico del sur de España.
Lo que para algunos era una tradición pintoresca, para otros representaba una forma de explotación animal difícil de justificar en pleno siglo XXI.
El Partido Animalista (PACMA) ha celebrado lo que considera una “victoria ética”, el resultado de más de una década de denuncias, campañas y diálogo institucional. La organización había documentado durante años las duras condiciones de los caballos: largas jornadas bajo el sol, escasos puntos de agua y descanso, y un control irregular de su estado físico.
La presión dio resultado. Este lunes, el alcalde Francisco de la Torre anunció la revocación definitiva de las licencias, argumentando que la medida se tomó “pensando en el bienestar y la seguridad de los animales”.
Marbella observa.
Apenas a una hora de distancia, la ciudad costera sigue permitiendo los coches de caballos, aferrada a una imagen que considera parte esencial de su atractivo turístico. “Los turistas vienen buscando autenticidad, una experiencia romántica”, dicen los cocheros. Esa “autenticidad”, sin embargo, está cada vez más cuestionada por el cambio de sensibilidad social.
Según activistas locales, la resistencia de Marbella responde menos a una falta de conciencia y más a un temor económico: el miedo a que eliminar los coches de caballos afecte la imagen de lujo y tradición que la ciudad proyecta hacia el exterior. En palabras de un portavoz de PACMA, “es el miedo a perder una postal que ya no encaja con los tiempos”.
El contraste entre Málaga y Marbella ilustra un momento de transición en la relación entre turismo y bienestar animal. Lo que antes se vendía como parte del folclore, hoy se somete al escrutinio de una ciudadanía más atenta al sufrimiento animal y más exigente con la coherencia ética de sus destinos.









