84 VPP para 3.000 personas
Ángeles Muñoz • 12 de enero de 2026
San Pedro Alcántara sortea 84 VPO para 3.000 personas.
SAN PEDRO ALCÁNTARA—
El sorteo público de 84 viviendas de protección oficial celebrado este lunes 12 en Marbella fue, al mismo tiempo, un gesto político medido y una fotografía nítida del desequilibrio que define hoy el mercado residencial local.
Para las familias agraciadas, el acto representó una oportunidad real de acceso a una vivienda en uno de los municipios más caros del sur de España. Para las más de 3.000 personas que participaron sin éxito, fue un recordatorio de hasta qué punto la oferta pública sigue siendo insuficiente frente a la demanda acumulada.
Desde la lógica de la política de vivienda, la promoción "Marbala" encaja en lo que podría describirse como una estrategia incremental: proyectos de tamaño medio, ejecutados en colaboración con promotores sociales, con precios contenidos y ayudas directas que amortiguan —pero no eliminan— la barrera de entrada.
El diseño urbano, con zonas comunes, piscina y estándares de obras homologables al mercado libre, apunta a una idea cada vez más extendida en Europa: la vivienda protegida no debe ser sinónimo de vivienda de menor calidad.
Sin embargo, los números relativizan el impacto. Ochenta y cuatro viviendas en una ciudad donde el crecimiento demográfico, la presión del turismo residencial y la expansión del alquiler vacacional han tensionado el mercado hasta límites estructurales.
El propio Ayuntamiento reconoce esa brecha cuando fija como objetivo 1.000 VPO a lo largo de la legislatura, una cifra ambiciosa en el discurso pero todavía modesta si se compara con la magnitud del problema.
El reparto entre régimen especial y general —ingresos de hasta tres y hasta 5,5 veces el IPREM— revela otro rasgo clave del momento actual: la vivienda protegida ya no se dirige solo a los hogares más vulnerables, también a capas medias que, pese a tener empleo y renta estable, han quedado expulsadas del mercado libre.
En Marbella, el acceso a la vivienda se ha convertido en una exclusión transversal, no circunscrito a un único perfil social.
El sorteo, transparente y reglado, cumple con los estándares administrativos y evita arbitrariedades, pero también introduce un elemento de azar que subraya la escasez: no se adjudica por necesidad relativa, sino por probabilidad. En ese sentido, el sistema funciona más como válvula de escape que como solución estructural.
Desde una perspectiva de vivienda y propiedad, el mensaje es claro: el Ayuntamiento está actuando, pero lo hace dentro de los márgenes que le permite un modelo urbano altamente tensionado por la inversión privada, la segunda residencia y el atractivo internacional del municipio.
Mientras esos factores sigan empujando los precios al alza, cada promoción de VPO será celebrada como un logro político y, al mismo tiempo, percibida como insuficiente por una ciudadanía que vive el acceso a la vivienda como una carrera cada vez más cuesta arriba.
En definitiva, el sorteo de San Pedro Alcántara no resuelve la crisis de vivienda en Marbella, pero sí la define con precisión: una ciudad próspera, deseada y dinámica, donde incluso las políticas públicas avanzan a un ritmo más lento que la presión del mercado.









