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Por Enrique Monterroso Madueño. 17 de marzo de 2026
Desde el 2 de mayo de 1808 con motivo de la Guerra de la Independencia frente a Francia (¿recuerdan?: “ españoles, la patria está en peligro, acudamos a salvarla”), desde entonces - repito- una ley apócrifa, no escrita pero que siempre se cumple en la historia española dice: cuanto más patriota presuma de ser un gobernante, más dispuesto está a vender su patria, trocearla y dejar que la usen de felpudo. También nuestro Antonio Machado se refirió al mismo concepto de patriotismo cuando escribió: “En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera pero la compra con su sangre y la salva”. Dicho de otra forma: el patriotismo basado exclusivamente en alardes, proclamas banderas y desfiles es directamente proporcional al grado de sumisión y de obediencia ante los poderosos del mundo de los muy patriotas que siempre esperan algo a cambio, comenzando por los patrimonios privados. Defensores acérrimos de España hubo quien dio la llave de los Pirineos a Napoleón y algo más tarde a los Cien Mil Hijos de San Luis para que invadieran y saquearan a placer la patria en nombre de los valores de la patria vieja. Partidos muy patriotas hubo en el siglo XIX que se dedicaron a vender el suelo y la riqueza del país a precios de saldo a las potencias europeas. Y hasta el ínclito Caudillo de España demostró su patriotismo cediendo parte del suelo patrio (Rota, Morón, Torrejón y Zaragoza), a los Estados Unidos y dejando que los yankis usaran nuestro solar como portaaviones. Esa apócrifa ley no escrita dice también que los opositores a estos patriotas verdaderos siempre serán calificados de anti españoles, traidores, rojos peligrosos, terroristas, ayatolás o la que convenga más en cada momento. Así lo demuestra el que, en nuestra España, desde 1.812 y hasta hace bien poco hayan sufrido estos españoles exilios, prisiones, amenazas, represiones, acusaciones y paredones, según dictó y convino más en cada momento histórico, repito hasta nuestros días. Esta ley no escrita se reconfirma a la altura de 2026 cuando el actual presidente del gobierno español, tan cansinamente señalado como traidor y antipatriota por los muy patriotas y mucho patriotas, se atreve a negarle nada menos que a los Estados Unidos el uso de nuestro suelo en Andalucía en la actual guerra criminal e ilegal que llevan a cabo en Oriente Medio de la mano de Israel. Negación que es todo un gesto de afirmación de la soberanía nacional que ninguno de los que se quedan afónicos gritando vivas a España se atreverían a plantear. De tal manera que sería una paradoja curiosa si el panorama no fuera tan negro, que el que quienes supuestamente representan el espíritu más exaltado del nacionalismo español resulten ser una marioneta al servicio de los intereses del americano y del israelita mientras que sea un gobierno considerado por ellos como antiespañol quien se plante, no se arrodille y no acepte que la fuerza y la brutalidad impongan su ley. Así pues, tomemos nota. Es hora de quitarnos de encima el último de los complejos que aquejan mayormente a las izquierdas y arrebatar a la derecha el monopolio de la bandera de España. Se acabó que solo la ondeen quienes gritan en los estadios de fútbol “A por ellos, oé, oé, oé” . Se acabó la caspa y el olor a rancio rojo y gualda. A la derecha extrema y muy extrema ya solo le queda el monopolio de la bandera preconstitucional, la del aguilucho porque la enseña constitucional ya no tiene dueño. Una persona demócrata, sea conservador o progresista, puede hoy, si quiere, apuntarse a un patriotismo cívico, plural, irrenunciablemente democrático, respetuoso, empático y comprometido con los valores de paz e igualdad soberana que representa la legalidad internacional y hacerlo frente a una amenaza directa contra todos esos principios. Eso es lo que representan hoy España, su gobierno y esa bandera. Fuera complejos. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es. emonte7@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®
Por Enrique Monterroso Madueño. 1 de febrero de 2026
Hasta hace poco, me resistía a usar la palabra que empieza por F para describir al presidente Trump. Por un lado, había demasiados elementos del fascismo clásico que no parecían encajar. Por otro lado, el término se ha usado en exceso hasta el punto de perder su significado, especialmente por izquierdistas que te llaman fascista si te opones al aborto o a la acción afirmativa. Además, el término tiene una definición vaga, incluso por sus adeptos. Desde el principio, el fascismo ha sido una doctrina incoherente, e incluso hoy los académicos no se ponen de acuerdo sobre su definición. La versión original de Italia difería de la de Alemania, que a su vez difería de la de España, que a su vez difería de la de Japón. Acepté la caracterización del presidente Biden del movimiento MAGA como «semifascista» porque algunos paralelismos son evidentes. Trump era definitivamente autoritario e incuestionablemente patrimonialista. Más allá de eso, sin embargo, la mejor descripción parecía ser una psicológica propuesta por John Bolton, el asesor de seguridad nacional de Trump en su primer mandato: «Escucha a Putin, escucha a Xi, escucha cómo hablan de gobernar sin la carga de legislaturas poco cooperativas, sin preocuparse por lo que pueda hacer el poder judicial, y piensa para sí mismo: ¿Por qué no puedo hacer eso? Esto no equivale a ser fascista, en mi opinión, [ni] a tener una teoría de cómo quieres gobernar. Es solo ¿Por qué no puedo divertirme tanto como ellos?». Escribiendo hace un año, argumenté que el régimen de gobierno de Trump es una versión del patrimonialismo, en el que el estado es tratado como propiedad personal y negocio familiar del líder. Eso sigue siendo cierto. Pero, como también señalé entonces, el patrimonialismo es un estilo de gobierno, no una ideología o sistema formal. Puede superponerse a todo tipo de estructuras organizativas, incluyendo no solo gobiernos nacionales sino también maquinarias políticas urbanas como Tammany Hall, bandas criminales como la Mafia e incluso cultos religiosos. Debido a que su único principio firme es la lealtad personal al jefe, no tiene una agenda específica. El fascismo, en cambio, es ideológico, agresivo y, al menos en sus primeras etapas, revolucionario. Busca dominar la política, aplastar la resistencia y reescribir el contrato social. Durante el último año de Trump, lo que inicialmente parecía un intento de convertir al gobierno en su juguete personal ha derivado claramente hacia un fascismo doctrinal y operativo. Su afán por el espacio vital, su reivindicación de poder ilimitado, su apoyo a la extrema derecha global, su politización del sistema judicial, su despliegue de brutalidad performativa, su ostentosa violación de derechos, la creación de una policía paramilitar nacional: todos estos acontecimientos delatan algo más intencional y siniestro que la codicia o el gangsterismo comunes. Cuando los hechos cambian, cambio de opinión. Los acontecimientos recientes han puesto de relieve el estilo de gobierno de Trump. La palabra fascista es la mejor descripción, y la reticencia a usar el término se ha vuelto perversa. Esto no se debe a una o dos cosas que él y su administración hayan hecho, sino a la totalidad. El fascismo no es un territorio con límites claramente definidos, sino una constelación de características. Al observar las estrellas juntas, la constelación aparece claramente. Demolición de normas. Desde el comienzo de su primera campaña presidencial en 2015, Trump rompió deliberadamente todos los límites de la civilidad; se burló del heroísmo de guerra del senador John McCain, se burló del rostro de su compañera candidata Carly Fiorina, aparentemente se burló de la menstruación de la presentadora de Fox News, Megyn Kelly, insultó a los inmigrantes y mucho más. Hoy en día todavía lo hace, recientemente haciendo un gesto obsceno a un trabajador de fábrica y llamando a un periodista «cerdo». Esta es una característica del estilo de gobierno fascista, no un error. Los fascistas saben que lo que los fundadores estadounidenses llamaron las «virtudes republicanas» obstaculizan su agenda política, y por eso alegremente destruyen las piedades liberales como la razón y la razonabilidad, la civilidad y el espíritu cívico, la tolerancia y la paciencia. Al burlarse de la decencia y decir lo indecible, abren el camino a lo que William Galston ha llamado las “pasiones oscuras” del miedo, el resentimiento y, especialmente, la dominación: el tipo de política que desplaza el discurso público hacia un terreno en el que los liberales no pueden competir. Glorificación de la violencia. Todos los estados usan la violencia para hacer cumplir sus leyes, pero los estados liberales la usan a regañadientes, mientras que el fascismo la abraza y la ostenta. Trump, por lo tanto, elogia a una turba violenta; respalda la tortura; reflexiona con cariño sobre golpear, azotar y disparar a manifestantes y periodistas; y, según se informa, sugiere disparar a manifestantes y migrantes. Sus anuncios de reclutamiento para ICE glorifican las redadas de estilo militar en hogares y vecindarios; su propaganda se deleita infantilmente en el asesinato de civiles; y todos hemos visto videos de agentes sacando a rastras a personas de autos y casas, en parte porque el gobierno los filma. Al igual que la demolición de la decencia cívica, la valorización de la violencia no es incidental al fascismo; es parte integral. El poder es correcto. También es característico del fascismo lo que George Orwell llamó » adoración al matón «: el principio de que, como lo expresó famosamente Tucídides, «los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben». Esta visión se hizo evidente en la notoria reunión de Trump en la Oficina Oval con el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, en la que Trump mostró un abierto desprecio por lo que consideraba la debilidad de Ucrania; se hizo evidente de manera explícita y escalofriante cuando Stephen Miller, el asistente más poderoso del presidente, le dijo a Jack Tapper de CNN: «Vivimos en un mundo, en el mundo real, que está gobernado por la fuerza, que está gobernado por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo que han existido desde el principio de los tiempos». Esas palabras, aunque ajenas a las tradiciones de la moral estadounidense y cristiana, podrían haber salido de los labios de cualquier dictador fascista. Aplicación de la ley politizada. Los liberales siguen la ley, les guste o no; los fascistas, solo cuando les gusta. l nazismo se caracterizó por un » estado dual «, donde, en cualquier momento, las protecciones de la ley ordinaria podían dejar de aplicarse. Trump no oculta su desprecio por el debido proceso legal; ha exigido innumerables veces que sus oponentes sean encarcelados (los cánticos de «Enciérrenla!», con su respaldo, fueron una característica destacada de su campaña de 2016), y ha sugerido la » terminación » de la Constitución y ha dicho » No sé » cuando se le preguntó si está obligado a defenderla. Su innovación más peligrosa en su segundo mandato es la reutilización de las fuerzas del orden federales para perseguir a sus enemigos (y proteger a sus amigos). Ningún presidente anterior ha producido algo como la orden directa y pública de Trump para que el Departamento de Justicia investigue a dos exfuncionarios, o como sus procesamientos descaradamente retaliativos de James Comey y Letitia James. “Al menos 470 personas, organizaciones e instituciones han sido blanco de represalias desde que Trump asumió el cargo, un promedio de más de una al día”, informó Reuters en noviembre (y hoy se pueden agregar otras a la lista, empezando por el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell). Si Trump no hubiera hecho nada más, su demolición de las fuerzas del orden independientes y apolíticas habría acercado al gobierno estadounidense más que nunca a un modelo fascista. Deshumanización. El fascismo se legitima al afirmar que defiende al pueblo de enemigos que son animales, criminales y brutos. Trump, por ejemplo, caracteriza a sus oponentes políticos como » alimañas » y a los inmigrantes como » basura » que » envenenan la sangre de nuestro país » (un lenguaje propio del Tercer Reich). El vicepresidente Vance, siendo senador, apoyó un libro titulado «Unhumans» (un título que alude a la izquierda). ¿Y quién puede olvidar su falsa afirmación de que los haitianos secuestran y comen perros y gatos domésticos? Tácticas de estado policial. Trump ha convertido a ICE en un paramilitar en expansión que recorre el país a voluntad, registra y detiene a no ciudadanos y ciudadanos sin órdenes judiciales, usa la fuerza ostentosamente, opera detrás de máscaras, recibe un entrenamiento escaso, miente sobre sus actividades y le han dicho que goza de » inmunidad absoluta «. Aumentó más del doble el tamaño de la agencia en 2025, y su presupuesto ahora es mayor que el de todas las demás agencias federales de aplicación de la ley juntas, y mayor que todos los presupuestos militares de todos los países excepto 15. «Esto va a afectar a todas las comunidades, a todas las ciudades», observó recientemente David Bier, académico del Cato Institute. «Realmente casi todos en nuestro país van a entrar en contacto con esto, de una forma u otra». En Minneapolis y otros lugares, la agencia se ha comportado de manera provocativa, a veces brutal y posiblemente ilegal; comportamientos que Trump y su personal han alentado, protegido y enviado equipos de cámaras para publicitar, tal vez con la esperanza de obtener una resistencia violenta que justificaría más represiones, una estratagema fascista estándar. La reciente aparición de la Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, con un cartel que decía Uno de los nuestros, todos los suyos parecía guiñar hacia otra medida fascista, el castigo colectivo, al igual que la decisión de la administración de inundar Minneapolis con miles de oficiales después de que los residentes comenzaron a protestar contra las tácticas federales, una priorización que era explícitamente retributiva. Socavando las elecciones. La reciente reflexión de Trump de que no debería haber elecciones en 2026 puede o no haber sido jocosa (como ha mantenido la Casa Blanca), pero él y sus partidarios de MAGA creen que nunca pierden una elección, punto. Hicieron todo lo posible para anular las elecciones de 2020, como detallan hasta la saciedad la acusación del fiscal Jack Smith contra Trump y el informe posterior. Manipular, robar o cancelar directamente las elecciones es, por supuesto, la tarea número uno para los fascistas. Aunque Trump tiene un mandato limitado, no debemos esperar que él y sus leales de MAGA entreguen voluntariamente la Casa Blanca a un demócrata en 2029, independientemente de lo que digan los votantes, y la segunda insurrección estará mucho mejor organizada que la primera. Lo privado es público. El fascismo clásico rechaza la distinción liberal fundamental entre el gobierno y el sector privado, según el dictamen de Mussolini: «Ningún individuo o grupo fuera del Estado». Entre las iniciativas más audaces de Trump (aunque con un éxito intermitente) se encuentran sus esfuerzos por controlar entidades privadas, como bufetes de abogados, universidades y corporaciones. Uno de sus primeros actos como presidente el año pasado fue desafiar descaradamente una ley recién promulgada al tomar la propiedad de TikTok en sus propias manos. Bolton comprendió esta mentalidad cuando dijo: «No puede distinguir entre su propio interés personal y el interés nacional, si es que entiende qué es el interés nacional». Ataques a los medios de comunicación. Poco después de asumir el cargo en 2017, Trump denunció a los medios de comunicación como » el enemigo del pueblo estadounidense «, una frase familiar de las dictaduras en el extranjero. Su hostilidad nunca cedió, pero en su segundo mandato, ha alcanzado nuevas alturas. Trump ha amenazado con licencias de transmisión, abusado de su autoridad regulatoria, manipulado acuerdos de propiedad, presentado demandas exorbitantes, favorecido con el acceso periodístico, registrado la casa de un reportero y vilipendiado a los medios de comunicación y periodistas. Aunque Trump no puede dominar los medios de comunicación en los Estados Unidos de la manera en que el primer ministro Viktor Orbán lo ha hecho en Hungría, está ejecutando el libro de jugadas de Orbán. Ningún otro presidente, ni siquiera Richard Nixon (nada amigo de los medios), ha usado tácticas tan descaradamente antiliberales contra la prensa. Agresión territorial y militar. Una razón por la que me resistí a identificar el trumpismo con el fascismo en su primer mandato fue la aparente falta de interés de Trump en la agresión contra otros estados; en todo caso, parecía tímido a la hora de usar la fuerza en el extranjero. Bueno, eso era entonces. En su segundo mandato, ha usado la fuerza militar promiscuamente. Por supuesto, muchos presidentes han desplegado la fuerza, pero el uso explícitamente depredador de Trump para apoderarse del petróleo de Venezuela y su amenaza al estilo gangsteril de arrebatarle Groenlandia a Dinamarca «por las buenas» o «por las malas» fueron movimientos autoritarios al estilo de los años 30. Lo mismo ocurre con su desprecio por el derecho internacional, las alianzas vinculantes y las organizaciones transnacionales como la Unión Europea, todo lo cual impide el ejercicio sin restricciones de la voluntad del Estado, un principio fascista central. (Mussolini: “Igualmente ajenas al espíritu del fascismo… son todas las superestructuras internacionalistas o de la Liga que, como lo demuestra la historia, se derrumban cuando el corazón de las naciones se ve profundamente conmovido por consideraciones sentimentales, idealistas o prácticas”). Alcance transnacional. Como los autoritarios en general, los fascistas aman la compañía; el mundo es más seguro para ellos si hay más. En su segundo mandato, Trump ha roto con la política estadounidense de larga data al reducir el apoyo a los derechos humanos, al tiempo que elogia y apoya a los populistas autoritarios y a los nacionalistas iliberales en Serbia, Polonia, Hungría, Alemania, Turquía, El Salvador y Eslovaquia, entre otros lugares, y al mostrarse extrañamente deferente con el hombre fuerte del presidente ruso, Vladimir Putin. Aún más sorprendente es su alineamiento de facto contra los aliados liberales de Estados Unidos y sus partidos en Europa, a los que desprecia. Nacionalismo de sangre y tierra. Una característica distintiva del fascismo es su insistencia en que el país no es solo un conjunto de individuos, sino un pueblo, un Volk: un grupo místicamente definido y étnicamente puro, unido por la sangre, la cultura y el destino compartidos. En consonancia con esta idea, Trump ha repudiado la ciudadanía por nacimiento, y Vance ha llamado a «redefinir el significado de la ciudadanía estadounidense en el siglo XXI» para que se dé prioridad a los estadounidenses con vínculos históricos más largos: «las personas cuyos antepasados ​​lucharon en la Guerra Civil», como él mismo lo expresó, o las personas a quienes otros en la derecha MAGA llaman » estadounidenses de herencia «. En otras palabras, algunos estadounidenses son más volkistas que otros. Nacionalismo blanco y cristiano. Si bien Vance, Trump y MAGA no proponen una ideología explícita de jerarquía racial, no ocultan su anhelo por una América más blanca y cristiana. Trump ha encontrado muchas maneras de comunicar esto: por ejemplo, dejando claro su desdén por los países «de mierda» y su preferencia por los inmigrantes cristianos blancos; aceptando deliberadamente a los sudafricanos blancos como refugiados políticos (mientras cerraba la puerta a la mayoría de los demás solicitantes de asilo); renombrando bases militares para que compartan los nombres de generales confederados (después de que el Congreso ordenó que se eliminaran sus nombres); diciendo que las leyes de derechos civiles llevaron a que los blancos fueran «muy maltratados». En su Estrategia de Seguridad Nacional, castiga a Europa por permitir que la inmigración socave la «autoconfianza de la civilización» y proclama: «Queremos que Europa siga siendo europea», un grito de guerra de los nacionalistas cristianos blancos en todo el continente. Siguiendo su ejemplo, el Departamento de Seguridad Nacional ha propagado temas abiertamente nacionalistas blancos, y los parques nacionales y museos han eliminado de sus exhibiciones las referencias a la esclavitud. Turbas y matones callejeros. El uso de milicias y turbas para acosar, maltratar e intimidar de otro modo a los oponentes es una estratagema fascista estándar (el ejemplo clásico es el pogromo de la Noche de los Cristales Rotos de Hitler en 1938). Como pocos necesitarán que se les recuerde, el paralelo Trump-MAGA es la violencia de la turba y la milicia contra el Capitolio de los Estados Unidos el 6 de enero de 2021. Trump sentó las bases, a sabiendas, para esta operación, llamando a las fuerzas de la milicia a » retroceder y estar preparados » en septiembre de 2020 y luego susurrando «¡Estén allí, será salvaje!» a sus partidarios. Su indulto a todos los atacantes del Capitolio, más de 1.500, incluidos los más violentos, solo demostró lo que sabíamos, que es que tenían su bendición. Si bien Trump ha encontrado la violencia estatal adecuada a sus propósitos hasta ahora en su segundo mandato, la violencia callejera es evidentemente parte de su repertorio. Engrandecimiento del líder. Desde 2016, cuando declaró que » solo yo puedo arreglarlo » y se jactó de que sus partidarios permanecerían leales si le disparara a alguien en la Quinta Avenida, Trump ha cultivado un culto a la personalidad. Aunque algunos de sus esfuerzos de autoengrandecimiento pueden parecer cómicos (el dorado de la Oficina Oval, el cambio de nombre del Kennedy Center, el arco de triunfo propuesto), entiende la centralidad del culto al líder en un régimen de estilo fascista. En marcada contradicción con la tradición presidencial estadounidense desde George Washington, no pretende servir al pueblo ni a la Constitución. Su mentalidad, su simbolismo y su retórica subrayan el punto que planteó a The New York Times este mes: su propia mente y moralidad son los únicos límites a su poder global. Esto es Fascismo 101. Hechos alternativos. Como Orwell, Hannah Arendt y prácticamente todos los demás estudiosos del autoritarismo han enfatizado, crear un campo de distorsión de la realidad es lo primero que hará un gobierno fascista, para impulsar mejor su propia narrativa retorcida, confundir a la ciudadanía, desmoralizar a los oponentes políticos y justificar todo tipo de corrupción y abuso. Si bien otros presidentes (incluidos algunos buenos) han mentido, ninguno se ha acercado al despliegue de desinformación masiva al estilo ruso de Trump, como detallo en mi libro The Constitution of Knowledge. Desde el comienzo de su primer mandato, Trump ha hecho de los » hechos alternativos » un sello distintivo de su estilo de gobierno, emitiendo mentiras, exageraciones y medias verdades a un ritmo de 20 al día. Como era de esperar, su segundo mandato ha traído más de lo mismo. Siguiendo su ejemplo, una derecha posmoderna MAGA-ficada desecha alegremente la objetividad como elitismo y la verdad como una máscara para el poder. La política como guerra. Una marca distintiva del fascismo es su concepción de la política, mejor capturada por Carl Schmitt, un teórico político alemán de principios del siglo XX cuyas doctrinas legitiman el nazismo. Schmitt rechazó la visión madisoniana de la política como una negociación social en la que diferentes facciones, intereses e ideología llegan a un acuerdo, la idea central de nuestra Constitución. Más bien, vio la política como un estado de guerra entre enemigos, ninguno de los cuales puede entender al otro y ambos se sienten existencialmente amenazados, y solo uno de los cuales puede ganar. El objetivo de la política schmittiana no es compartir el país, sino dominar o destruir al otro lado. Esta concepción ha sido evidente en la política MAGA desde que Michael Anton (ahora funcionario de la administración Trump) publicó su famoso artículo argumentando que las elecciones de 2016 fueron una batalla de vida o muerte para salvar al país de la izquierda (una elección de «Vuelo 93»: «carga la cabina o mueres»). En el discurso pronunciado por Stephen Miller en el funeral de Charlie Kirk, la aceptación del totalitarismo schmittiano por parte de MAGA alcanzó su apoteosis: «Somos la tormenta. Y nuestros enemigos no pueden comprender nuestra fuerza, nuestra determinación, nuestra resolución, nuestra pasión… No son nada. Son maldad». Gobernar como revolución. Aunque nació en la revolución, la tradición liberal estadounidense, especialmente su rama conservadora, valora la continuidad, la estabilidad y el cambio gradual guiado por la razón. El fascismo, por el contrario, «no es reaccionario sino revolucionario», como insistió Mussolini. Busca desarraigar y reemplazar el viejo orden y adopta una acción audaz y estimulante sin ataduras a la deliberación racional. MAGA adopta su propio ethos revolucionario, lo que Russell Vought, director de la Oficina de Administración y Presupuesto de la administración y probablemente su intelecto más formidable, ha llamado «constitucionalismo radical», una doctrina que viciaría muchos controles sobre el poder presidencial. En pos de esta visión, Vought le dijo a Tucker Carlson en una entrevista de noviembre de 2024: «El presidente tiene que moverse ejecutivamente lo más rápido y agresivamente posible, con una perspectiva constitucional radical, para poder desmantelar esa burocracia [federal] y sus centros de poder» porque «las burocracias odian al pueblo estadounidense». Predijo: «Si tienes un constitucionalismo radical, será desestabilizador… Pero también es estimulante». Dijo que pondría a las agencias federales «en trauma», una idea compartida por Christopher Rufo, uno de los arquitectos del ataque de Trump a las universidades, que Rufo describió como un «plan de contrarrevolución» para poner a las universidades «en un terror existencial». Mientras Trump cerraba una agencia designada por el Congreso, renombraba una masa de agua internacional, arrestaba a un escritor de opinión, deportaba inmigrantes a un gulag extranjero, aterrorizaba ciudades estadounidenses, amenazaba a un aliado y más, mostró cómo se ve cuando un estado radicalizado abandona la deliberación racional y se declara la guerra contra sí mismo. Se puede objetar que hay elementos del fascismo europeo clásico que no se encuentran en el trumpismo (por ejemplo, manifestaciones multitudinarias y rituales públicos), o que hay elementos adicionales del trumpismo que deberían incluirse en la lista (la hipermasculinidad de MAGA, la misoginia y la cooptación del cristianismo se asemejan a patrones fascistas). El ejercicio de comparar las diversas formas del fascismo no es preciso. Si los historiadores objetan que Trump no es una copia de Mussolini, Hitler o Franco, la respuesta es sí, pero ¿y qué? Trump está construyendo algo nuevo sobre viejos principios. Nos está mostrando en tiempo real cómo es el fascismo estadounidense del siglo XXI. Sin embargo, si Trump es un presidente fascista, eso no significa que Estados Unidos sea un país fascista. Los tribunales, los estados y los medios de comunicación siguen siendo independientes de él, y sus esfuerzos por intimidarlos probablemente fracasarán. Podría perder el control del Congreso en noviembre. No ha logrado moldear la opinión pública, salvo contra sí mismo. Ha superado el mandato de sus votantes, su coalición se está fracturando y ha descuidado las herramientas que permiten a los presidentes generar cambios duraderos. Él y su partido pueden desafiar la Constitución, pero no pueden reescribirla, gracias a Dios. Así pues, Estados Unidos, otrora la democracia liberal ejemplar del mundo, es ahora un estado híbrido que combina un líder fascista y una Constitución liberal; pero no, no ha caído en el fascismo. Y no caerá. En ese caso, ¿tiene sentido llamar fascista a Trump, incluso si fuera cierto? ¿Acaso eso no aleja a sus votantes? ¿No sería mejor simplemente describir sus acciones sin etiquetarlo de forma polémica? Hasta hace poco, lo creía. Ya no. Las similitudes son demasiadas y demasiado fuertes como para negarlas. Los estadounidenses que apoyan la democracia liberal necesitan reconocer a qué nos enfrentamos para poder afrontarlo, y para reconocer algo, hay que nombrarlo. Trump se ha revelado, y debemos nombrar lo que vemos. Jonathan Rauch es escritor colaborador de The Atlantic e investigador principal del programa de Estudios de Gobernanza de la Brookings Institution. Recientemente, escribió » Propósitos cruzados: El pacto roto del cristianismo con la democracia». La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es. emonte7@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®
Por Enrique Monterroso Madueño 25 de diciembre de 2025
Hay una forma eficaz de medir los cambios en la vida: mirar hacia atrás. Recordar dónde estábamos hace diez, veinte o cincuenta años. Cómo era nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra vivienda, nuestro coche; cómo era, en definitiva, nuestra vida. Quiénes éramos entonces y quiénes somos ahora. El paso del tiempo se entiende mejor así, por contraste. Es inevitable que aparezcan la nostalgia y cierta idealización del pasado, pero los cambios profundos se imponen con claridad. Saltan a la vista y resultan inapelables. Hablando de España los datos objetivos son los que son. A nivel europeo y me atrevo a decir que más allá, me es difícil encontrar una historia de éxito tan enorme como los últimos cincuenta años españoles. Hace 50 años España era pobre, inculta y subdesarrollada. Secuestrada por una dictadura y por la moral católica. Era un convento y un cuartel. Hoy al final de este 2025 España es uno de los países más prósperos, más libres del planeta y con más derechos ciudadanos alcanzados. Nuestra esperanza de vida supera los 83 años, de las más altas del planeta, y el índice de desarrollo humano que tenemos está entre las naciones con mejores condiciones de vida. Somos una democracia plural y europeísta. Tenemos una sanidad pública, universal y gratuita; una educación de calidad y disfrutamos de libertades civiles que hace medio siglo parecían inalcanzables. Nuestra renta per cápita duplica con creces la media mundial. Es un país donde las mujeres no sólo votan sino que deciden y gobiernan. Y es uno de los lugares del mundo donde amar a quienes queramos o decir lo que pensamos no nos cuesta la cárcel como antes. Medio siglo ha dado para mucho. No ha habido en la historia de España una transformación mayor que la vivida en este medio siglo. En ningún momento del pasado hubo una etapa de mayor prosperidad; nunca un período mejor que celebrar. No diré que todo sea perfecto; en ningún país lo es y aquí tampoco. Hay muchísimos temas por mejorar, como es el caso de la vivienda o las desigualdades entre nosotros, especialmente entre la infancia. Las libertades , tan duramente conseguidas , están hoy cuestionadas. La democracia también corre el riesgo de una involución autoritaria. La prosperidad económica no ha alcanzado a todos los lugares por igual. El ascensor social sigue averiado aunque casi todos los jóvenes hoy llegan a la universidad. La memoria sigue siendo la gran asignatura pendiente y a una buena parte de los españoles les molesta que se recuerde lo nefasta que fue la dictadura, el período del franquismo. Nuestro presente es muy mejorable, ciertamente. Pero si miramos medio siglo atrás, simplemente no hay color. A ojos de cualquier extranjero la trasformación de España es apreciada con admiración. No así los propios españoles que parecemos no valorar debidamente los objetivos alcanzados. ¿Por qué nos cuesta tanto a los españoles reconocer los méritos de nuestro propio país? ¿ Por qué tenemos la autoestima tan baja? Como todos los traumas, para entenderlo hay que mirar al pasado, a la muy deficiente construcción nacional española ya desde siglos atrás. No sólo no abrazamos en su día el concepto de nación que nos equiparaba a la Europa ilustrada sino que , en algunos momentos de nuestra historia nos enorgulleció aquello de que cuanto más analfabeto, más patriota. La ignorancia en el pasado y una ensalada de falsos mitos sustituyeron a un verdadero proyecto nacional con una idea de España con un futuro común. En media España de derechas, se instaló con el tiempo una idea de España enfrentada a la otra media a la que llega a tachar de antiespaña, tanto que a la izquierda esa imagen provocó una reacción, una respuesta. Se confundió federalismo ( que viene de frater, hermano) con debilidad de la nación. Se sigue confundiendo hoy en día. Por favor, miremos lo justo el retrovisor; miremos la historia de cincuenta años atrás para entender cómo hemos llegado hasta aquí. En los dos últimos siglos España perdió todas sus colonias, vivió cuatro guerras civiles, sufrió varias dictaduras, y se convirtió en una caricatura de El Quijote, alguien con sueños de una gloria pasada pero comiéndose los mocos. Y así llegó España a 1.975, con una nación de ciudadanos pero agrietada. Una patria donde quienes la celebran piensan en desfiles militares en vez de hospitales públicos o escuelas. Algunos de estos supuestos patriotas no se dan cuenta de la incoherencia que supone llevar una pulserita rojigualda en la muñeca y esconder su dinero en paraísos fiscales. Por eso nos sigue costando tanto querernos como país. Porque durante demasiado tiempo el patriotismo fue monopolio de los reaccionarios y el rechazo a la bandera fue la respuesta natural de quienes defendían la libertad y el progreso. En España, el amor a la patria se confundió con el amor a la dictadura. Tanto es así que, como vemos a estas alturas, cincuenta años después a la democracia le está costando construir su propio relato, echar raíces. El resultado es esta paradoja: un país que está viviendo su mejor época y, sin embargo, no se la cree. Superar esta contradicción no exige olvidar el pasado sino comprenderlo. Mirarlo de frente, sin miedo. Recordar de dónde venimos es la única manera de saber quiénes somos. La historia de España no es solo la de sus reyes ni las de sus guerras inciviles sino también la de quienes lucharon por la libertad, por la ciencia, la cultura, la justicia y la igualdad. Ahí está la verdadera herencia nacional que deberíamos reivindicar. Tenemos motivos de sobra para recuperar nuestra estima, nuestro patriotismo español. No permitamos que España sea propiedad privada y la registren a su nombre. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es. emonte7@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®
Por Enrique Monterroso Madueño 11 de noviembre de 2025
Los temas candentes de la sociedad española hoy (dana, cribados, privatización de la salud, la poca vergüenza del emérito, juicios acosadores, acoso infantil, violencia machista …) todos ellos muy fuertes, tapan o solapan el debate acerca de la desigualdad generacional en nuestra sociedad. Un debate que apenas asoma la patita y que consiste en dilucidar si lo mal que viven los jóvenes / no tan jóvenes en España que no pueden ni pagar un alquiler tiene algo que ver con lo bien que viven los pensionistas jubilados en nuestro país. Alguien está interesado en abrir, agitar y alimentar un falso debate sobre la pobreza fáctica de la mayoría de los tardojóvenes en España y la aparente riqueza de los mayores. El tema de la brecha de riqueza y la propiedad entre jóvenes y pensionistas irá cobrando más fuerza a medida que se politice y metan sus narices los ultras si no la hubieren metido ya. Es innegable que los jóvenes tienen menos patrimonio, menos viviendas y salarios más bajos que los jubilados. Pero ¿ quiere decir eso que estamos ante la causa de la desigualdad? ¿ Es la desigualdad una cuestión de edad o una cuestión social? Parece que el verdadero problema de los jóvenes no es un asunto de riqueza comparada con los jubilados y sus pensiones actuales como quieren hacer ver algunos sino la consideración de la vivienda no para vivir sino como objeto de negocio muy rentable. La desigualdad de renta entre los jubilatas y las nuevas generaciones, la brecha existente se explica por la propiedad inmobiliaria más que por el dinero contante y sonante. Hoy en 2025, la mayoría de los jóvenes tienen que destinar el 90% de su salario para emanciparse, razón por la cual tres de cada cuatro jóvenes con empleo siguen atrapados en casa de sus padres o viviendo en comunas. Visto así el enfoque cambia por completo. En España, a partir de los años 70 la llamada sociedad de propietarios se convirtió en una verdadera palanca de crecimiento. Los españoles accedimos de forma masiva a la propiedad, lo que nos transformó en clase media. Y nuestro bienestar comenzó a apoyarse cada vez menos en los salarios y cada vez más en la revalorización de nuestras viviendas. No tenemos un euro pero nuestras viviendas valen un pico y eso nos da calorcito. Esta transformación ha ensanchado la brecha social porque la propiedad de los bienes inmuebles se reparte de forma profundamente desigual hasta el punto de que quienes no tengan vivienda serán pobres en un futuro cercano. Avanzamos hacia una sociedad profundamente dividida: de un lado, los multipropietarios que acumulan cada vez más viviendas; del otro, una mayoría creciente sin acceso a ninguna. Muchas personas sin vivienda y muchas viviendas sin personas. Una fractura que rompe la cohesión social y que amenaza no sólo las posibilidades de progreso social para el futuro inmediato sino la propia democracia como estamos viendo con asombro hipócrita. No se preocupen: lo peor está por venir. La desigualdad no hace más que amplificarse: quienes ya poseen patrimonio lo acumulan a una velocidad superior al crecimiento de la economía real de nuestro país. Esto les permite controlar una parte creciente de la riqueza total y, con ella, concentrar también poder económico, mediático y político. Una dinámica que podría llevarnos en pleno siglo XXI a niveles de desigualdad inauditos. Si de verdad queremos acabar con la desigualdad, la redistribución no debe plantearse entre viejos y jóvenes, sino entre los grandes poseedores de patrimonio y quienes carecen de él. Para ello, será imprescindible un nuevo pacto social. Y eso exige una enorme fuerza política, que sólo podrá construirse si jóvenes y viejos se sitúan en el mismo bando, el de los defensores de la justicia social. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es. emonte7@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®
Por Enrique Monterroso Madueño 2 de noviembre de 2025
El escandalado por los fallos en el cribado de los cánceres de mama en Andalucía es una tragedia en varios actos que aún no ha terminado, ni mucho menos. El asunto viene de lejos pero tuvo en 2024 un punto álgido cuando la Junta activó un plan millonario para rebajar las listas de espera a golpe de derivaciones a las clínicas privadas y propaganda. El Gobierno andaluz vendió entonces como solución un plan de choque de cientos de millones, con la privada de muleta y la promesa de rebajar drásticamente la lista quirúrgica y las demoras en consultas. La letra pequeña era otra: recortes presupuestarios, quirófanos sin personal y miles de pacientes esperando diagnóstico, cambiándose a la privada y hasta muriendo como se está comprobando. La foto oficial mostraba curvas descendentes pero en los pasillos la realidad era otra: meses, años de espera, profesionales exhaustos y una Atención Primaria que no levantaba cabeza. Un año después en 2025 las listas de espera seguían atascadas y el discurso oficial viró del triunfalismo al matiz.. Hasta que este otoño les llegó el latigazo: los fallos en el cribado de los cánceres de mama. El problema no era un bache: era un socavón. Ahí se acabó el maquillaje. El líder carismático, beatífico y suave de la derecha española, dejó de sonreír y empezó a fruncir el entrecejo y mostrar cara de preocupación ante la eventualidad de que las mamas se lleven por delante su sillón. La respuesta del Gobierno a este latigazo está siendo impedir, negar una comisión parlamentaria de investigación y cavar trincheras para lo que se avecina. Pero no podrán ocultar que fueron ellos mismos quienes hace ya varios años modificaron el sistema de avisos del cribado dando órdenes a la empresa contratada al efecto de dejar de avisar individualmente a las mujeres con diagnóstico dudoso. Ese cambio administrativo, aparentemente técnico, es el punto de partida de toda la tragedia pues ha impedido salvar vidas durante estos años transcurridos. La verdad ya no se sostiene con sonrisas y cumplidos hacia las mujeres. Las mujeres, la sociedad exige certezas, no sonrisas impostadas. En la calle,( lo vimos el domingo pasado en Sevilla y lo veremos próximamente en Málaga) mareas blancas, rosas y de todos los colores, los propios sanitarios, los sindicatos y los profesionales empujan, aprietan, exigen claridad y recursos y claman a gritos certezas y soluciones al tiempo señalan al Presidente - rebajado en el trato de Sr. Moreno Bonilla a simplemente Bonilla- pidiendo su dimisión. De manera que el relato del “milagro sanitario” ha volado por los aires. Cuando una administración confunde comunicación con gestión y propaganda con soluciones, el boomerang siempre vuelve. La sanidad pública no necesita muecas y galanteos: necesita personal estable, tiempos garantizados y datos abiertos, hospital por hospital. Lo demás es filfa. Si algo está dejando claro este escandalazo, más allá del descrédito personal y político de los responsables durante estos años de la Sanidad Pública en nuestra tierra, es que la mentira institucional tiene las patas muy cortas y que se coge antes a un político mentiroso que a un cojo. Las redes y las plazas ya no se pliegan a los argumentarios de cartón piedra. Cuando las víctimas se ponen de pie y se organizan, ni el ruido mediático ni las carantoñas, ni el control informativo (entiéndase Canal Sur) pueden taparlas. En Andalucía, la sanidad pública se defiende en los quirófanos y en las plazas. Tomemos nota.
Por Enrique Monterroso Madueño 28 de septiembre de 2025
En mis tiempos-ya pretéritos- cuando alguien desbarraba con su boca se decía aquello de “ siempre que habla sube el pan dos reales” . Pues algo de eso pasa con Trump. El guerrero naranja acaba de hablar en la ONU, sin papeles, improvisando, con su desparpajo y descaro y el efecto de sus latigazos nos ha llegado a muchos de nosotros agnósticos que no salimos de nuestro asombro y que nos permite comprobar que todo es empeorable si seguimos con este nivel de docilidad. Reconozcamos que los Estados Unidos han sido durante mucho tiempo un país fascinante. Durante décadas nos hipnotizaba cuanto venía de allí, hasta convertir su influencia en una parte de nosotros, sin la cual los días seguramente perderían color. Han sabido conquistarnos, colonizarnos a través de la seducción por el consumo masivo, da igual el qué. ¿ O no? Vemos sus películas sin descanso, oímos su música, desayunamos sus cereales, almorzamos sus hamburguesas, bebemos sus refrescos, nos hacemos con su tecnología, calzamos sus zapatillas, vestimos sus vaqueros, leemos a sus escritores, viajamos a sus ciudades, admiramos sus deportistas, buscamos sus marcas, conmemoramos sus fiestas, adoptamos sus superhéroes, estudiamos su lengua, envidiamos su competitividad, traducimos todo a dinero como ellos, ponemos por las nubes los pioneros, los espectáculos, los intelectuales americanos, la biblia en pasta. Pero la imitación de lo americano, lo yanki, alcanza no sólo al consumo sino a lo lleva consigo que es su modelo político y social y eso es verdaderamente lo importante. Digamos que en el lote nos llevamos lo que tienen de bueno pero también lo que tienen de perjudicial y pernicioso. Hoy en 2025, la versión más extrema y preocupante de ese modelo americano es el trumpismo, de Trump: un populismo nacionalista, xenófobo y negacionista incluso frente a evidencias científicas como la crisis climática o el paracetamol como causante del autismo. Por eso nos sentimos concernidos por sus amenazas cuando abre la boca ; y porque , vemos que su sombra , como la del ciprés que decía Delibes, es alargada y llega al último rincón. Especialmente preocupante de este personaje es su hostilidad hacia todo aquello que no se pliegue a un control ideológico del líder, convertido descaradamente en un dictador totalitario. Él define lo que es bueno o malo y pone en marcha mecanismos de represión cuyo efecto más evidente no es sólo generar miedo- que ya es grave- sino que practiquemos la autocensura, es decir, que antes de que nos afecte directamente nos censuramos a nosotros mismos, que no llamemos la atención por nada, que no nos enfrentemos a las injusticias, que no digamos en voz alta lo que pensamos, que dejemos de ser asertivos que disimulemos, miremos para otro lado y mintamos si hace falta, que nos reprimamos a nosotros mismos, que renunciemos a los derechos y actuemos como si no tuviéramos convicciones. Que abjuremos de nuestras ideas políticas. En definitiva, que dejemos de ser ciudadanos y pasemos a ser cosas. En España hay indicios de que “las cosas” podrían ir por ahí. De hecho la Comunidad de Madrid lleva años implantando el mismo modelo pero con otro collar. Frente a eso no cabe sino invitar a todes a rebelarse y a profundizar en lo nuestro, el llamado km 0 de nuestra conciencia. Estamos a tiempo. Y recordemos siempre que las cosas importantes no son cosas. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es. emonte7@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®
Por Enrique Monterroso Madueño 24 de septiembre de 2025
En política los excesos verbales, la demagogia, los exabruptos siempre han sido moneda común. Es más , la moderación, ser modosito y no increpar demasiado a los adversarios es sinónimo de ser inofensivo y no comerse ni un rosco electoral. El énfasis, la hipérbole, la demasía, la ofensa, el insulto está bien visto y cotiza en las urnas. Admitido esto como “ normal”, hay que añadir que lo que suena ahora en España por tierra, mar y aire es harina de otro costal. Mucha gente, escandalizada, lo expresa suavemente preguntándose “a dónde vamos a llegar”, p ues yo se los adelanto: vamos a llegar a la violencia. O estamos ya en ella. Cuando se empieza a hablar de violencia política, malo; vamos mal porque puede “normalizarse” que se dice ahora y muy pronto convertirse en un lugar común, que se dice mucho también ahora. El lugar común al que se puede llegar en España pero también en más países es que se hable de violencia política procurando, deseando y hasta animando a que de las palabras se pasen a los hechos. Ejemplos: el otro día hablaba un jefe de ultraderecha española de cavar la fosa del Gobierno; a los voceros les encanta fantasear con ella y se diría que hasta se orgasmean cada vez que lo dicen; la reinona de Madrid se lleva la palma instigando y jugando con descaro a la provocación hasta conseguir poner de los nervios a los demócratas de toda España, no sólo de Madrid. A ver si caen en la provocación y montamos un escenario prebélico como ha dicho textualmente. Con ser grave ya esto, me parece de especial maldad que dicha expresión verbal responda a un patrón, a un método preconcebido, a una estrategia buscada: no denunciar nunca la violencia política de derechas y siempre acusar a la izquierda de practicarla. Pero ellos la instigan. Podríamos decir que es el patrón de Donald Trump y del trumpismo la internacional. Trump adjudicó el otro día el asesinato de su influencer a la izquierda antes de que se supiera nada sobre el asesino. Y ayer mismo ha fulminado a un presentador de TV que no le gusta ¿ Por qué lo hace ? Porque su objetivo es inducir la violencia y el odio en sociedades democráticas, infiltrar el miedo en la gente y después, procurar el enfrentamiento y el caos, para terminar recortando las libertades y derechos alcanzados. Aquí aún suena a teoría, pero Trump ya lo está poniendo en práctica. Y aquí, algo parecido: parar una carrera ciclista, colocar una bandera en el colegio o llamar a las cosas por su nombre es violencia política (“Sarajevo en guerra”, “kaleborroka” dicen los alumnos más aventajados del trumpismo), pero un genocidio del gobierno israelí que es “lo que ocurre en Gaza”, “ eso de lo que usted me habla”. Sabiendo que todo lo que sucede en Estados Unidos, desde el bótox hasta las fake news, acaba llegando aquí, me parece muy peligroso que los que están llamados a detentar algún día el poder y el gobierno en el Estado español copien y sigan al pie de la letra este discurso de los más ultras pues en cuestión de violencia se sabe cómo comienza pero no cómo termina. Es más, ese seguidismo por parte de los, teóricamente aspirantes al poder y representantes de la españoles, no sólo es una frivolidad imperdonable de tal o cual dirigente sino un error que me atrevo a llamar histórico y atribuible a la falta de inteligencia política. En un país llamado España que ha sufrido durante décadas la violencia política de ETA, que ha sufrido una guerra civil y cuarenta años de dictadura jugar a la violencia política es un error peor que un crimen. Hay asuntos con los que, sencillamente, no se juega. No todo vale. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es. emonte7@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®
Por Enrique Monterroso Madueño 31 de mayo de 2025
Todo parece indicar que estamos en la última fase del conflicto palestino Han pasado ya muchos meses desde aquel 7 de Octubre del 23,día fatídico en el que el horror más salvaje se instaló en territorio gazatí. La desproporción de la respuesta es tal que sólo cabe establecer la comparación con aquella otra Solución Final que llevó a cabo el nazismo precisamente contra ellos, los judíos pero también contra los rojos, gitanos, homosexuales, discapacitados y otras minorías señaladas por ser diferentes. La desproporción es tal – repito- entre el criminal acto de Hamás y las operaciones de exterminio que estamos presenciando que los más atrevidos piensan que las autoridades israelíes vieron en los terribles y sangrientos atentados realizados por Hamas una ventana de oportunidad que les permitiría alcanzar el sueño del establecimiento de un estado judío sobre la Palestina histórica. El ojo por ojo ha funcionado y de qué manera. Los países europeos y buena parte del mundo occidental siempre hemos actuado con Israel como si de un niño mimado y malcriado se tratara, le hemos consentido a Israel todo; incumplió todas y cada una de las resoluciones de la ONU para abandonar los territorios ocupados de Palestina. Y este niño malcriado se ha terminado por convertir en un monstruo, en palabras de la profesora Ferrero-Turrión. ¿Por qué ahora el monstruo va a hacer caso de las llamadas al orden, justo ahora que el orden internacional parece secuestrado por cuatreros y forajidos caprichosos que precisamente usan el miedo y la fuerza para someter a los demás, sin complejos ni maquillajes, por qué? Ahora parece difícil frenar en seco las acciones del niño malcriado , difícil parar esta monstruosa locura de pretender aniquilar a todo un pueblo simplemente porque se creen los elegidos por Yahvé para ocupar esas tierras. A lo largo de estos casi 80 años de existencia, Israel ha conseguido construir un complejo militar-industrial-tecnológico-de espionaje y de comunicación absolutamente puntero que se ha hecho imprescindible para la mayor parte de sus socios y aliados occidentales, donde estamos nosotros. Ese entramado económico-comercial que ha construido ha sido posible, por supuesto, gracias al apoyo incondicional de las antiguas fuerzas coloniales europeas, así como de su aliado incondicional, los EEUU. Un vínculo casi indestructible, gracias a la industria armamentística más sofisticada -incluida la bomba atómica- del que es difícil escapar porque nos tiene cogidos por salva sea la parte. Y lo peor es que esta incapacidad nuestra, la de los europeos y la de buena parte del mundo occidental para pararlos, puede terminar poniendo en tela de juicio unos principios que decimos defender a toda costa como son la Paz, el Estado de Derecho, la democracia y los Derechos Humanos y terminar adoptando los principios del monstruo, sea este israelí, ruso, norteamericano o chino. De tal manera que si, en lugar de profundizar en la defensa del modo de vida europeo, nos empeñamos en construir un europeísmo que responda tan solo a la obsesión por los monstruos, la obsesión por el miedo, por la seguridad, y por armarnos hasta los dientes, que son los ejes sobre los que operan y crecen las ideologías reaccionarias, puede suceder que, a medio plazo, no quede nada por defender, nada al menos que nos haga distintos a los europeos de los rusos, los chinos ,de los estadounidenses, o de los israelitas transformados ya en democracias autoritarias. O peor, puede suceder que, andando el tiempo, nos miremos y no nos veamos ya tan distintos y solo hayamos vivido un espejismo, el de creernos mejores. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es. emonte7@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®
Por Enrique Monterroso Madueño 10 de mayo de 2025
Sin pretender rebajar ni un ápice la importancia de la buena nueva de la elección de León XIV como Papa, sin embargo la coincidencia en el tiempo de la celebración el 9 de mayo del Día de Europa, celebración cargada de incertidumbres dado el contexto geopolítico en el que nos movemos con el trumpismo danzando a sus anchas, y también la conmemoración no menos relevante del 80 aniversario del fin de la segunda guerra mundial que supuso un freno al nazismo en el mundo, ambos aniversarios invitan a ordenar eso que llamo la realidad y que consiste en prestarles atención y decir algo dirigido a las conciencias sin perder de vista aquello que dijo María Zambrano de que un ciudadano es un individuo con conciencia. El aniversario hoy de aquel mayo de 1.950 de la Declaración Schuman que se considera el primer paso para la integración de los estados europeos habla bien claro de la lucha por la supervivencia de lo local dentro de lo global, de una UE que se enfrenta a los gigantes del mundo, China, Rusia y los EEUU en su lucha por la dignidad, por la seguridad y por el progreso humano y social. De igual modo, cada año que pasa es más oportuno y necesario recordar que la democracia no es algo con la que se viene a este mundo per se, sino que es algo que hay que cuidar, defender, salvaguardar y hasta pelear por su existencia como lo hicieron nuestros antepasados en 1.945 tras el ínclito desembarco en Normandía enfrentándose al nazismo. Tiene este día del 9 de mayo la oportunidad de lanzar un alegato sobre la necesidad de defender la democracia por las lecciones aprendidas en estos últimos años, en particular en un momento en el que se da la triste, cínica y vergonzante paradoja de contemplar cómo Rusia ha roto de facto con el orden internacional y los EE.UU van a su bola. Sentada esta realidad , pensemos que no hay manera de concurrir en esta pugna global que se está viviendo en este tiempo desde los espacios de confort de cada rincón del mundo, se llame España o un Macondo cualquiera. O se fortalece la posición política de la Unión Europea, o estamos condenados a ser palmeros de la pugna entre los llamados poderosos de La Tierra. Esto lo saben bien quienes pretenden fragmentar Europa, desde fuera pero también desde dentro con apelaciones a los viejos nacionalismos vinculados a los Estados-nación. Las extremas derechas en Europa y en los EEUU, verdaderas fuerzas del mal, pretenden romper la espina dorsal del modelo social propio de los Estados democráticos y sociales de derecho. Su objetivo es cabalgar hacia modelos autoritarios en lo político, conservadores o reaccionarios en lo moral, y ultraliberales en lo económico. Este Mayo del 25, tenemos que recordar nuestro deber de proteger lo conquistado para ganar futuro. “Ojo en el camino y ojo en lo porvenir” que cantaba Silvio Rodríguez, para defender y profundizar en los derechos humanos, laborales y sociales conseguidos. Para defender la convivencia y la paz (ojito, un paz desarmada y desarmante que dijo ayer el nuevo Papa) ante quienes quieren volver al mundo cavernario, al canibalismo social y a la proliferación de democracias autoritarias. “Ayudadme a tender puentes” nos pedía ayer León XIV por cierto que alguna ambición debe tener este Papa al elegir este nombre, sabedor sin duda de que aquel otro León XIII es considerado pionero del acercamiento de la Iglesia a la realidad del mundo moderno. “Lo mismo digo, Santidad”, le respondería yo si pudiera. Ojalá que la impresionante fuerza de la Iglesia Católica comandada por usted se implique en esta más que ardua tarea. Larga vida a una Europa Unida y larga vida a la Democracia. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es. emonte7@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®
Por Enrique Monterroso Madueño 13 de abril de 2025
Mucho se ha escrito sobre la banalidad del mal y sobre cómo esta ola reaccionaria que suponen las derechas extremas se ha hecho fuerte gracias, principalmente, a que durante décadas hemos ido repitiendo de manera machacona el mantra de que si queremos prosperar y ser algo en la vida -sea esto lo que sea- los buenos sentimientos son una debilidad. Para ser un ganador hay que ser mala gente, hay que competir con todo el mundo hasta anularlos porque no hay compañeros, hay competidores. Una parte de la sociedad se ha creído toda esta propaganda malista hasta el punto de alardear públicamente de ser mala gente. Lejos quedan ya los tiempos en los que hacer un guiño al racismo, alegrarse del mal ajeno o esparcir odio contra otras personas en público estaba mal visto. Pero estamos en otra época, una vez perdido este pudor ético ya solo queda poner la alfombra roja para que se pasee por ella la podredumbre disfrazada de coartada política para más inri. Miremos por favor la absoluta y desvergonzada exhibición que están haciendo las élites políticas y económicas que gobiernan los EE.UU, el llamado país más poderoso de La Tierra que están demostrando ser unos auténticos patanes. La estupidez se ha adueñado de la esfera pública. La escenificación circense y las amenazas, el despliegue de mala educación, el racismo, la palabrería y la ignorancia ya no pasan factura a estos personajes metidos a políticos sin escrúpulos, al contrario, se han convertido en su principal baza electoral, en el fundamento de su éxito. Si alguna lección pudimos extraer provechosamente de la Historia reciente es que la ignorancia o el desprecio por la inteligencia ha sido, es uno de los alimentos favoritos del fascismo. Esta banalidad y jactancia de la estupidez es la que encarnan a la perfección el guerrero naranja y la cloaca que lo sostiene, vitorea y le besa el lugar donde la espalda pierde su nombre. Tienen un discurso que es una mezcla de naderías, de anticiencia, de racismo y teología neoliberal que ni siquiera es de cosecha propia. En tres meses, desde enero aquí han conseguido con cierta facilidad llevarnos a todos al borde del abismo, su país incluido. Otra recesión económica asoma la patita con la guerra de los aranceles que mucha gente no sabe que es una guerra de verdad, con sus muertos y todo ; una guerra travestida de épica nacionalista y de fascismo. Al mismo tiempo que esto sucede hay que seguir mostrando la cara B del proyecto que es cargarse todo lo que suene a derechos y libertades; se están cargando la libertad de expresión para acallar las escasas voces críticas; se atreven con deportaciones masivas que violan mandatos judiciales; están convirtiendo en un infierno la vida de las personas trans; están desmantelando lo poco que tenían de administración pública; se están burlando de los efectos de cambio climático…. Y todo esto lo están haciendo a las claras, a la vista del mundo entero y con alardes públicos y exhibiciones de mal gusto. La Biblia habla de que llegará el día en que despertemos y nos demos cuenta de que hemos caído bajo el embrujo de una panda de resentidos y mediocres sin una sola idea original en sus cabezas de chorlito. Solo cabe esperar que tras su paso no lo hayan arrasado todo o quemado todos los puentes y podamos resurgir de los escombros de lo que una vez fueron las democracias liberales que tanto les molestan. Porque si bien es verdad que nunca deberíamos menospreciar el poder de destrucción que tiene esta mezcla explosiva, tampoco debemos ignorar nuestra capacidad de volver a ponernos en pie y empezar de nuevo. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es. emonte7@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®
Por Enrique Monterroso Madueño 3 de abril de 2025
Cada día se habla más del autismo, para bien o para mal. Se habla más y se habla mal . Se habla más porque cada día hay más y se ven más autistas. Pero, desgraciadamente , se habla sin conocimiento de causa y con errores que revelan la no comprensión del autismo y dejan al descubierto la escasa sensibilidad y empatía social hacia un colectivo de seres humanos tan humanos como cualquiera que necesitan de la inclusión, no de la pena o la lástima. Eso sí, de boquilla metemos toda la retahíla de derechos ( desde los Humanos a los sociales , económicos o asistenciales), como siempre, haciendo de este tema una monserga más, un postureo más. Siempre ha habido personas autistas pero o no se les diagnosticaba o se diagnosticaba como una simple enfermedad mental y, por supuesto, no vivían incluidos en la sociedad sino , más bien recluidos. La ciencia todavía desconoce a qué es debido este aumento exponencial del autismo y no parece que se dediquen muchos recursos para investigarlo. Tampoco se sabe de las investigaciones acerca del origen o causa del trastorno. Tan sólo sabemos que año tras año aumenta porque lo vemos en nuestros colegios fundamentalmente. También lo vemos de cuando en cuando en la tele y, por desgracia, a propósito del bullyng del que son objeto, ranking que comparten con quienes presentan cualquier perfil discapacitante como por ejemplo el de estos días en un instituto a mano de cuatro estudiantes maltratando un compañero con discapacidad funcional; imágenes que nos dejan a todos indignados y perplejos de que seamos congéneres suyos. Estos más que sapiens son bestezuelas. El autismo es un trastorno neuronal, de conexión entre determinadas neuronas cerebrales que presentan algunas personas y eso lleva consigo una forma de ser y de estar, una especie de condición humana de inicio, con la que se nace y que puede generar una situación discapacitante y dificultades de comunicación y de relación social en la vida cotidiana. Los autistas que pueden hablar y demostrar de lo que son capaces suelen decir de ellos mismos que esta condición autista es parte irrenunciable de su identidad y consideran, a menudo con razón, que muchas de sus dificultades no dependen de ellos sino del del conjunto de la sociedad que les exige acomodarse a lo que la propia sociedad considera normal sin justificación alguna siendo como somos todos y todas diferentes. Desde luego, lo que está meridianamente claro es que el autismo no es una enfermedad y , por tanto, no tiene medicación ni curación. Que es para toda la vida y que no lo podemos “corregir” por mucho que insistamos. Es eso lo primero que hay que asumir tanto cuando convivimos con personas autistas, mayores o pequeños o, cuando los tenemos como compañeros de clase o de trabajo o de vecinos, que no estamos ante una persona que está malita sino ante una persona diferente y con capacidades funcionales diferenciadas . Pero quizás lo más importante es decir en voz alta que el autismo afecta no solo a quien tiene dicha condición, sino también a su familia en el sentido más amplio posible que incluye su medio educativo y social, pues son imprescindibles en el apoyo fundamental que pueden y deben prestarles. Y ahí es donde quería yo llegar: harto ya de tanta plegaria y tantas buenas intenciones, sólo creo ya en los presupuestos, de los gobiernos y de las grandes farmacéuticas, laboratorios, instituciones públicas y privadas para que inviertan. Basta ya de tanta bonhomía. Ellos no lo saben pero van a ir al infierno. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es. emonte7@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®
Por Enrique Monterroso Madueño 16 de marzo de 2025
Estamos tan imbuidos de la idea de que una guerra consiste en matarse unos a otros con armas más o menos convencionales que ahora este concepto puede quedarse anticuado en esta era del imperio trumpista. Hasta ahora si alguien hablaba de guerra imaginábamos soldados, trincheras, bombas, drones, sangre, destrucción…. lo típico. Tendremos que cambiar el chip porque están cambiando los conceptos a una velocidad que podemos llegar tarde a entender que verdaderamente estamos en guerra. Estos días y los que siguen se va a hacer muy común escuchar por doquier la guerra de los aranceles sin que lo entendamos del todo bien porque guerra va a haber pero no nos van a pasar por encima los misiles lanzados desde un bando al otro y, por tanto, podemos normalizar (que se dice) el tema de los aranceles que, para decirlo pronto y claro, son las bombas del presente hasta el punto de que ni seamos conscientes de que estamos en guerra. Víctimas va a haber, por supuesto, porque no imaginamos una guerra sin víctimas; lo que puede suceder es que no hagan falta los hospitales porque morir por efectos de la precarización de la vida o depauperados no implica mucho gasto de hospitalización y cuidados, basta con una buena subida del IPC y la carestía de vida para que una buena parte de nuestra gente adelgace indefinidamente. Que no nos engañen, por favor, una guerra es una guerra. Podemos ponerle el adjetivo que queramos: fría, electrónica, cultural, de las galaxias, contra el terrorismo, guerra sucia, o como ahora, guerra de aranceles. Lo sustantivo sigue siendo guerra, solo cambian los adjetivos. Guerra. El mundo vive en un estado de guerra permanente. Ahora toca guerra de aranceles y, como tal guerra viene adobada con ardor guerrero en forma de titulares, imágenes de reuniones y videos de TIk Tok hasta el punto de que nos parecen meras alegorías, un uso figurado del lenguaje bélico, una forma de hablar, pero no una guerra de verdad. Pero las guerras comerciales también son guerras. También hay bandos, aliados, enemigos, frentes. En esta de ahora, incluso hay ultraderechistas que se refocilan con que el amigo americano nos amenace con aranceles. Habrá vencedores y vencidos y, por supuesto, víctimas y descalabros, aunque no sean visibles como los causados por los proyectiles. Y, (no creo que nadie lo dude) la acabaremos pagando los de siempre, no hace falta señalar. Así que la guerra de aranceles desencadenada por el amigo americano que quiere ser emperador a base de doblegarnos es la misma guerra ya conocida, pero por otros medios. Y será comercial solo en la medida en que le vaya bien a él. En el momento en que le falle la munición o se vuelva contra él o que nosotros - el resto del mundo- le pierda el miedo, pasaremos a la guerra-guerra de siempre con sus marines y todo. Así es que atentos ¡Ah! Y, por cierto, las guerras no admiten neutrales, la equidistancia, ponerse de perfil, yo no sabía nada… obligan a todos a adoptar posiciones estratégicas en una u otra trinchera. A este respecto, bueno es recordar que a nosotros los andaluces ,españoles, europeos nos alinean con quienes defienden el libre comercio, la globalización neoliberal, las fronteras para personas pero no para capitales y mercancías, la deslocalización industrial en busca de mano de obra barata, todo bajo los auspicios de la democracia y los derechos humanos y con un cielo lleno de estrellas. ¿O no? La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es. emonte7@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®
Por Enrique Monterroso Madueño 8 de marzo de 2025
Nos recuerda la prensa independiente en este país, que en 2013 la UE recibió el premio Nobel de la Paz por haber conseguido pasar de ser un continente de guerra a un continente de paz. Efectivamente, Europa siempre fue un escenario donde se dirimieron grandes guerras con grandes carnicerías pero desde su creación la UE viene siendo un verdadero espacio de paz (entendida, al menos como ausencia de guerra) y es, por tanto , un ejemplo para el resto de la Humanidad. Con algunas excepciones para decirlo todo como Yugoslavia en los años 90 y el apoyo a las guerras de los EE. UU. en Oriente. Pero salvo estas dos excepciones, en Europa hemos podido hasta ahora vivir en paz. Esta quietud, esta paz puede quebrarse gravemente casi de la noche a la mañana si se cumple con lo que la Presidenta europea Von der Layen ha anunciado, y es que Europa tiene que dedicar nada menos que 800.000 millones de euros para armar a los 27 países de la UE para defendernos de hipotéticos ataques militares por parte del ruso. Es tal la cantidad de dinero anunciado que estamos a la espera de conocer de dónde lo van a sacar. Y mientras no se aclare esto y, sobre todo, si vamos a mejorar nuestra unidad y cómo vamos a hacer compatible nuestra defensa con nuestros avances sociales irrenunciables, somos libres de pensar que ese dinero nos lo van a sacar sacrificando otros gastos que hasta ahora se consideraban prioritarios computándolo como un gasto presupuestario. También podemos pensar que serán los dineros de la Next Generation (esos que nos están permitiendo, por ejemplo, a nosotros los españoles crecer económicamente, bajar el paro etc.) los que se pueden sacrificar en aras de la urgente necesidad de comprar material de guerra…. por si acaso. El momento actual lo justifica todo y el mensaje que escuchamos y que nos repetirán machaconamente en el futuro inmediato es que estamos ante “el más transcendental y peligroso de los tiempos”, según la presidenta y esto, obviamente, da miedo. Hace tres años nos metimos hasta las trancas en apoyo de Ucrania junto con los EE.UU de Biden cuando fue invadida por el ruso, pero la guerra no va bien para Ucrania, y lo que es peor, el nuevo presidente de los EE.UU, nuestro amigo americano ha cambiado de bando y hasta nos ha dado una colleja en la persona del presidente ucraniano. Así pues, será normal culpar al ruso de todos los sacrificios que haya que hacer, incluso de recortar gastos sociales para dedicarlos a gastos militares. O resucitar la mili, lo aventuro. Cualquier cosa que nos propongan frente al ruso, colará. Incluido comprarle buena parte de esas armas a Estados Unidos que es el que tiene una industria preparada para las guerras. Así las cosas, oportuno es citar a Rafael Sánchez Ferlosio cuando decía que “la guerra empieza en la fragua” y que las armas “son un instrumento cuyo ejercicio se ha erigido en fin en sí mismo”, de modo que la propia existencia de las armas (y de la industria armamentística, que estos días ya ha empezado a salivar) acaba siendo la primera causa de las guerras. Soy consciente de que hay motivos serios para aceptar este trágala de realidad, pero el hecho de que Europa -el llamado “continente de paz”, de derechos humanos, de derechos sociales y de progreso de los que presumimos-, el hecho de que Europa, repito, también se apunte a la carrera armamentística es un verdadero desastre existencial. Reconozcámoslo al menos: es un fracaso estrepitoso para la PAZ. Pensémoslo. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es. emonte7@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®
Por Enrique Monterroso Madueño 26 de enero de 2025
El nuevo presidente de los EE.UU ha comenzado su labor revolucionaria de ponerlo todo patas arriba firmando decretos como un poseso, como un dictador poseso. Sabíamos que ese día iba a llegar pero estábamos muchos en Babia, en actitud de espera de un milagro que lo detuviera, como si no creyéramos que fuera posible que una persona así y unos colaboradores como los que le rodean pudieran sentarse en la Casa Blanca que es todo un símbolo para la Humanidad como sede de la democracia universal en pura teoría de benevolencia comparada. Leo artículos, escucho a comentaristas sobre el tema y no encuentro causas objetivas, razones últimas y directas para justificar el apoyo electoral recibido, salvo el rescate de millones de desencantados, siempre apostando por el vértigo y dejándose seducir por el antisistema que no les devuelve la esperanza pero calma su rabia contenida. Es entonces, tras la escucha atenta y la lectura tranquila, cuando alcanzo a imaginar que esta situación -ya de por sí muy mala- puede ser, además, empeorable pues responde a una dinámica mundial que ha desatado una ola reaccionaria que busca refugio en la radicalidad. Entonces- repito- dejo de hacerme preguntas hacia fuera y miro hacia dentro de mi mismo; todos deberíamos mirar hacia dentro y plantearnos al menos la duda de si tenemos algo que ver con lo sucedido, la duda de si el mal convive con nosotros y lo tenemos instalado en nuestro cerebro y no lo queremos ver. Es conocida la anécdota referida a un periódico londinense que lanzó una encuesta entre sus lectores preguntándoles por las causas del mal en este mundo, a lo que , según la leyenda, el escritor Chesterton contestó de la siguiente forma : “Dear Sir, el mal soy yo. Y me pregunto por qué otros lectores no lo reconocen ”. Cuando lo que está pasando no está pasando sólo en las Américas sino delante de nuestras barbas lo más probable es que algo haya sucedido en nuestros cerebros para desconfigurarlos hasta permitir y colaborar en que estas cosas sucedan. Y para mi, ese algo se llama Internet y sus secuelas. No voy ahora a satanizar a la RED porque a estas alturas circula por nuestras venas y no podríamos ya vivir sin ella. Ni siquiera, pienso ahora, que el mal esté sólo en el personaje naranja, con ser esta causa ya de por sí suficiente; ni siquiera pienso que lo sucedido esté sólo en los excesos y desbordamientos de las redes sociales y las plataformas digitales a la que estamos materialmente pegados y que han devenido como grandes productoras de relatos, falsedades y medias verdades que se instalan en nuestros cerebros confundiéndolo todo hasta conseguir el descreimiento general que vemos por doquier y que bien pudiera haber contribuido a la causa. No, el mal no está sólo en el personaje ni en las herramientas que todos usamos, ni en los ultraconservadores a quienes se les paró el reloj de la Historia. No; el mal que explica lo sucedido y por suceder está en nuestra mente, en nuestra forma de procesar el hecho cierto de que el mundo ha cambiado por la acción de las nuevas tecnologías sin control. En nuestras mentes ya líquidas todo puede tener un sentido. Por favor, piénsenlo. Tomen nota; hagan algo. Buenas tardes La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es. emonte7@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®
Por Enrique Monterroso 22 de abril de 2022
Dicen que se va la pandemia sanitaria, pero, en realidad, no se va. De la pandemia sanitaria cada vez se habla menos porque el tema se hace cansino, tedioso y optamos por desconectar mientras el goteo de fallecidos no cesa, 455 esta semana. Y hete aquí que, coleando por tiempo indefinido la pandemia sanitaria, nos encontramos de lleno ante otra pandemia, esta belicista. Barrunto que la guerra que se libra en Ucrania puede resultar en pandémica, es decir en guerra universal y puede pasar lo mismo, que nos acostumbremos a las imágenes de destrucción mientras el goteo de muertos ajenos continua sin que se nos ondule ni un pelo la “permanén”. Sólo desde un cómodo despacho de los dirigentes más poderosos del mundo, y de las empresas que más se lucran con las guerras, puede no percibirse cuánto puede dañar la prolongación de esta guerra sobre todo a los más desfavorecidos como siempre. Los muertos serán ajenos pero los daños colaterales de esta guerra en forma de pobreza creciente y de amenazas a la democracia sí que los vamos a sentir en nuestras propias carnes; d e hecho, la pobreza en si misma ya es una guerra encubierta. Acaba de hacerse público un informe sobre la situación alimentaria en los hogares españoles impulsado por la Universidad de Barcelona que se ha presentado este martes en Madrid. Según este estudio casi 7 millones de personas sufren de escasez y pobreza alimentaria en nuestro país. Sólo la alimentación es causa en España de más de 90.000 muertes al año. Estos datos recogen la situación generada por la pandemia sanitaria y sus secuelas, pero no recoge el empobrecimiento generado a raíz de la guerra de Ucrania y lo que lleva consigo de encarecimiento de la energía que nada más empezar ya ha establecido por decreto que somos un 10% más pobres, que no otra cosa quiere decir el IPC del país. Esto como dato estadístico que, como sabemos, es falso. Ya saben aquello de que si yo me como un plátano y usted se come 0 plátanos las estadísticas confirmarán que los dos nos hemos comido medio plátano. Y al tiempo que crece la pobreza como consecuencia de la guerra y como consecuencia de la pandemia y como consecuencia de la anterior crisis y como consecuencia de haber nacido ya pobres pues crece el malestar y la sensación de que es el “porco governo” el responsable de todo. Y la gente (no toda la gente, claro, pero sí un creciente número) se refugia en la radicalidad y el exabrupto, se desentiende de análisis y de principios y abraza eslóganes y conjuros simplistas alejados de la sensatez y acercándose peligrosamente al abismo de la sinrazón como solución para sus males. Me decía un vecino del pueblo este pasado fin de semana de penitencia que él no había conocido otra cosa en su vida que las crisis, que toda su vida había sido un superviviente y que no confiaba en nadie ni en nada. Así se fabrica un peligroso marginal. Nos asomamos a la ventana electoral de Francia este próximo domingo y es como para contener la respiración y suspirar el “virgencita, virgencita”. Perdidas las referencias ideológicas imprescindibles que nos ayudan a saber elegir, olvidados de la funesta manía de pensar que es aburrida, imbuidos de una amnesia que nos hace perder la memoria de lo que un día fuimos, abandonados a la suerte del mercado del gas y del petróleo, luchando por sobrevivir cada mañana todo se juega a la baza de un conteo aritmético sobrecogedor. Y al igual que pasa con las defensas del organismo que, cuando están bajas, los virus entran en nuestro organismo “como pedro por su casa”, con los virus ideológicos pasa lo mismo. Algunos, demasiados ya, han sido contagiados aquí y en París por cuatro virus peligrosos : el virus que ve en un inmigrante una persona maleducada que amenaza con quitarnos el trabajo; el virus del feminismo que amenaza con quitarnos de un plumazo el poder a los hombres; el virus del “socialismo free” (marca Ayuso) que considera que la libertad es tomarse unas cañas con colegas ; y cuarto, el virus del populismo que nos enfunda en una bandera y lo justifica todo, incluso espiar en nombre del Estado a 60 políticos catalanes por ser independentistas. Si alguien se contagia de esos virus, sepa que no hay vacuna posible y tendrá que asumir que forma parte de un movimiento ideológico reaccionario incompatible con la democracia. Y los no contagiados deberemos saber asimismo que no hay cordón sanitario que valga y que pedirles por favor que no sean ultras no va a resultar eficaz. Ni siquiera serán eficaces las políticas sociales. Lo único eficaz será la ideología, la pedagogía y la educación como herramientas de reconversión. ¡Que Dios reparta suerte, que la vamos a necesitar! La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es. emonte7@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®
Por Carmen Díaz, Antonio Casero y Enrique Monterroso 10 de marzo de 2022
Marbella. - El Ayuntamiento pondrá en marcha este mes un proyecto que tiene como objetivo dotar de oferta cultural y de naturaleza a Trapiche Norte. El proyecto se realiza en colaboración con los centros educativos de la zona y la asociación Arboretum. La directora general del ramo en Marbella, Carmen Díaz, ha presentado la iniciativa junto al director del CEIP Xarblanca, Antonio Casero, y el representante del colectivo ecologista, Enrique Monterroso. Díaz señaló que “se ha podido materializar gracias al colegio Xarblanca, que abrirá sus instalaciones tres tardes al mes para desarrollar una programación que comenzará el próximo día 16 y se prolongará hasta finales de mayo”. La directora también destacó la implicación de Arboretum y de Enrique Monterroso, para dar forma a una idea que va dirigida a los vecinos del entorno pero que disfrutarán todos los ciudadanos. El proyecto también cuenta con el respaldo de los colegios María Auxiliadora II, Vargas Llosa y el IES Las Dunas, lo consiga. Para Monterroso este nuevo foco va a potenciar la cultura, que ya se crea en los espacios educativos, advirtiendo que necesita multiplicar su acción y, desarrollar la atención sobre la importancia de favorecer actividades vinculadas a la naturaleza. El programa tendrá lugar los miércoles, a las 18.00 horas, y arranca el día 16 con la película de cine ecológico ‘De quijotes y semillas’.
Por Enrique Monterroso Madueño 3 de abril de 2021
Nadie se ha muerto, así que por favor no lloréis por mí. No podéis jugar al fútbol conmigo, o construir maquetas de aviones, o hacer experimentos científicos. No tenemos conversaciones, pero tenemos una preciosa relación. Mi autismo no es algo que tenga, es mi forma de ser. No sería la misma persona sin él. Ninguno de nosotros es feliz todo el tiempo, pero yo soy feliz la mayor parte del tiempo. Tened paciencia, sed positivos Cuando os impacientáis sobre la forma en que actúo de forma natural, me siento mal. Cuando siento vuestra decepción sobre mí, percibo la negatividad. Aunque no puedo hablar con palabras, puedo ver, oír y sentir. Puedo saber lo que os pasa y sé quién es cariñoso conmigo. Cuando la gente es amable y paciente, nos llevamos mucho mejor y puedo hacer más. Sé que todos tenéis expectativas sobre mí. No os deis por vencidos porque puedo hacer cosas y puedo hacer más. Pero si las expectativas son demasiado altas es posible que no pueda alcanzarlas. Muchos autistas progresan muy rápidamente y otros lo hacemos más lento y diferente. Hay muchas cosas que no puedo hacer y que nunca haré. Al igual que los niños neurotípicos, necesito padres con energía positiva que disfruten de la vida, que celebren mis logros y me acepten como soy. Las reacciones positivas a lo que puedo hacer me hacen sentir bien. Estoy orgulloso de lo que puedo lograr, incluso cuando a otros pueda parecerle muy pequeño No os enfadéis. No es mi culpa que yo no fuera el niño que esperabais. Puede que os hubiera gustado cambiarme, pero el autismo no es una enfermedad y tiene difícil arreglo, ya lo sabéis. Eso puede que os hiciera enfadar o estar tristes en alguna ocasión. Nunca entendí que me intentaran arreglarme o curarme. Soy la única manera que sé de cómo ser y, como todos, a veces estoy contento y a veces triste, a veces soy travieso, a veces hago cosas mal porque soy un niño. Es lógico que no tuvierais ni idea de cómo se siente un autista. De ahí vuestro enfado en ocasiones. Habéis aprendido a celebrar lo que yo puedo hacer, a disfrutar conmigo y esto ha sido una gran diferencia para mí en nuestra relación. Cuando me disfrutáis de verdad y me aceptáis como soy me siento como el niño más feliz. Si me empujáis constantemente a hacer las cosas que parecen ‘típicas’, me sentiré frustrado e irritado. En cambio, cuando jugáis conmigo y me lleváis al parque o me montáis en coche, me sonrío porque me hace feliz. Queredme siempre. Gracias a vuestro amor y a vuestros cuidados vivo la vida más segura que se pueda nadie imaginar. Estoy seguro que siempre estaréis a mi lado, sin importar lo que pase. Por favor, recordad que no quiero veros tristes. Yo sé que me amáis incondicionalmente y eso es lo más importante para mí porque vuestro amor es para siempre. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es. Colaboración especial para LatinPress®.