El Comentario de la Semana 329

Jose Ibañez • 11 de abril de 2026

Marbella: El Comentario de la semana 329.

Marbella apuesta por el turismo mientras coquetea con la diversificación. 

En Marbella, donde las noticias suelen ser tan fugaces como una reserva de fin de semana en agosto, Félix Romero ha conseguido lo improbable: repetirse. No una, ni dos, sino tres veces en el mismo ciclo informativo. Una hazaña que, en política local, equivale a un hat-trick. Se ha reafirmado como el guardián de una idea sencilla y rentable: Marbella es lo que es, y no necesita pedir perdón por ello. La ciudad, explica, ha evolucionado. Ya no vive solo del turista de paso, sino de jubilados internacionales “Silver”, de nómadas digitales y de visitantes que, en la práctica, se quedan lo suficiente como para discutir si siguen siendo turistas. El municipio compite en lo que tiene: clima, ubicación, marca global y calidad de vida. Convertirla en un Silicon Valley andaluz —viene a decir— sería como pedirle a una playa que produzca microchips. La lógica es impecable. Hasta que deja de serlo. Porque esa especialización turística, incluso cuando brilla, tiene letra pequeña: empleo abundante, sí, pero menos productivo; crecimiento visible, pero dependiente; y una exposición constante a factores externos que Marbella no controla. Es el tipo de éxito que funciona… hasta que un día decide tomarse vacaciones. La segunda aparición de Romero llega con datos —o, más exactamente, con la reinterpretación creativa de ellos. La patronal hotelera AEHCOS celebró una ocupación del 82,85% en Semana Santa, después de haber pronosticado caídas (entre el 25 y 30%) que no se materializaron. Aun así, el guion no cambia. La ausencia del AVE sigue en el centro del escenario. Sin tren de alta velocidad, insiste Romero, el turismo nacional no termina de despegar. La realidad, sin embargo, se muestra incómodamente tozuda: los datos no respaldan del todo esa afirmación. De hecho, Romero admite que no tiene datos y en algo aún más etéreo: “Son impresiones”. Es una categoría analítica interesante. Flexible. Difícil de refutar. Y peligrosamente cercana a la intuición. El problema es más profundo: no existe una estadística pública oficial precisa que permita saber cuántos visitantes llegan a Marbella en tren, coche o avión según su origen. Pero los datos generales en España apuntan a que el coche sigue siendo el rey indiscutible de las vacaciones, mientras el tren observa desde una respetable, pero lejana, tercera posición. Culpar al AVE de todo empieza a parecer menos diagnóstico y más hábito. Y, sin embargo, la estrategia continúa. Ayuntamiento, Diputación y Junta mantienen una presión coordinada hacia el Gobierno central. Es una coreografía institucional perfectamente sincronizada: tres administraciones, un mismo mensaje y un responsable claro. Si no fuera política, casi sería ballet. La tercera aparición de Romero es, curiosamente, la más sólida. El Ayuntamiento contará con una Unidad Responsable de Protección de Datos. No es una revolución —llega con algunos años de retraso respecto a Bruselas—, pero sí introduce algo poco habitual: orden en un terreno donde hasta ahora reinaba cierta alegría administrativa. A veces gobernar consiste en hacer, sin ruido, lo que debería haberse hecho hace tiempo. En paralelo, Isabel Pérez recuerda que la gestión de las colonias felinas, prometida en 2025 bajo el método CER, sigue esperando. El plan incluía acreditaciones, formación y hasta códigos QR pero su implementación se ha quedado, de momento, en fase teórica. En Marbella, incluso los gatos parecen moverse más rápido que la administración. Y luego está la economía real, que no lee notas de prensa. El paro baja en 250 personas en un mes, hasta los 6.978 desempleados. No es una sorpresa: se abren terrazas, llegan turistas y el mercado laboral responde. Marbella no sigue tanto políticas como estaciones. Cuando llega la primavera, florecen los contratos. Aunque no para todos por igual. Las mujeres siguen representando cerca del 61% del desempleo, una constante que ni el buen tiempo ni las buenas cifras consiguen alterar. Así avanza Marbella: con un modelo que funciona, una narrativa que se repite y una realidad que introduce matices incómodos. Entre datos, impresiones y alguna que otra paradoja, la ciudad sigue haciendo lo que mejor sabe: atraer. Y, al mismo tiempo, evitar hacerse demasiadas preguntas sobre lo que vendrá después.
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