La IA irrumpe en los despidos españoles
Asociación Nacional de Laboralistas • 17 de abril de 2026
La Asociación Nacional de Laboralistas en Marbella advierte que, con la inteligencia artificial los despidos no se sujetan a criterios discutibles sino a algoritmos.
Marbella. -
La inteligencia artificial comienza a consolidarse como un factor determinante en el repunte de los despidos colectivos en España, en medio de una transformación profunda del mercado laboral que avanza más rápido que su regulación.
Esa fue una de las conclusiones centrales de la VIII Jornada de Primavera de la Asociación Nacional de Laboralistas (ASNALA), celebrada en Marbella.
El diagnóstico compartido por expertos apunta a un cambio estructural donde la tecnología ya no solo optimiza procesos, sino que redefine el empleo.
Los datos oficiales del Ministerio de Trabajo y Economía Social refuerzan este argumento: los despidos colectivos afectaron a 41.200 trabajadores en 2025, un 10,2% más que el año anterior y el nivel más alto desde 2021.
Lejos de moderarse, la tendencia se mantiene en 2026, con expedientes de regulación de empleo anunciados por grandes compañías como Telefónica, Iberia o Glovo, que suman cerca de 11.000 afectados en los primeros meses del año.
En la provincia de Málaga, el último dato disponible de 2024 situó en 831 los trabajadores afectados por este tipo de procesos, una cifra que, aunque menor en términos absolutos, se inserta en una dinámica nacional de crecimiento sostenido.
Sin embargo, el cambio más significativo no es cuantitativo, sino cualitativo. Los despidos colectivos están dejando de ser un fenómeno asociado a sectores tradicionales o de baja cualificación.
En 2025, actividades como la programación y la consultoría informática concentraron 2.948 trabajadores afectados, mientras que el comercio alcanzó los 4.961.
La extensión de estos procesos a sectores altamente cualificados sugiere que la automatización ya no distingue entre perfiles.
En este contexto, la implantación de tecnologías como la inteligencia artificial generativa empieza a influir de forma explícita en las decisiones empresariales. Algunas compañías, como Capgemini en Málaga, han reconocido este factor en recientes procesos de reestructuración.
Para Juan Alfonso Urbano Medina, socio director de Sagardoy Abogados en Málaga, este nuevo escenario obliga a replantear los procesos colectivos “desde un prisma diferente” y a “exprimir las oportunidades de negociación”.
Desde el ámbito sindical, las advertencias son más directas. M.ª Ángeles Soto Granados, de la Federación de Servicios estatal de CCOO, señaló que la inteligencia artificial no solo reduce puestos de trabajo, sino que reconfigura la organización de tareas y la generación de valor.
Las implicaciones jurídicas de este proceso empiezan a ser evidentes, la selección de trabajadores afectados en un despido colectivo, tradicionalmente sujeta a criterios discutibles pero identificables, corre el riesgo de diluirse en algoritmos cuyo funcionamiento no siempre es accesible.
“La tecnología es perfectamente legítima, pero sólo cuando los criterios que utiliza son objetivos, razonables y conocidos”, advirtió Soto Granados, subrayando una línea roja cada vez más presente en la jurisprudencia: la opacidad no es admisible.
Ana Gómez Hernández, presidenta de ASNALA, habló de un “punto de inflexión” en las relaciones laborales, marcado por una brecha creciente entre la velocidad del avance tecnológico y la capacidad de la regulación para acompañarlo.
La cuestión de fondo permanece abierta. Si la inteligencia artificial redefine el trabajo con mayor rapidez que las normas que deben ordenarlo, el riesgo no es solo jurídico, sino social.









