PP y VOX: No a la Residencia de Tiempo Libre
El PP y VOX Marbella están en contra de que la Residencia de Tiempo Libre se destine a VPP.
Marbella. - En el pleno municipal de este viernes 29, el Partido Popular y VOX rechazaron una propuesta del Grupo Municipal Socialista para destinar la Residencia de Tiempo Libre y el Albergue África —dos inmuebles de titularidad autonómica— a vivienda pública y alojamiento temporal para sanitarios, docentes y jóvenes trabajadores incapaces de asumir el precio del mercado inmobiliario local.
La portavoz socialista, Isabel Pérez, calificó la situación como “insostenible y socialmente inaceptable”. Y cuesta encontrar una descripción más precisa para una ciudad donde trabajadores esenciales empiezan a vivir como desplazados económicos dentro del mismo municipio en el que trabajan.
La imagen más contundente del problema no salió de ningún informe técnico sino de un aparcamiento del hospital Costa del Sol donde sanitarios están viviendo en autocaravanas estacionadas junto al centro hospitalario porque no encuentran una vivienda que puedan pagar con sus salarios.
Una escena impropia de una ciudad que presume de exclusividad internacional, pero perfectamente coherente con un modelo económico que ha convertido la vivienda en un activo financiero antes que en un derecho básico.
La Marbella que, ha celebrado cada récord turístico, cada nueva promoción inmobiliaria de lujo y cada aumento del valor del suelo, ahora empieza a descubrir el coste social de esa estrategia: cuanto más rentable se vuelve la ciudad para la inversión inmobiliaria, menos habitable resulta para quienes sostienen sus servicios públicos.
El problema ya no afecta únicamente a colectivos vulnerables, empieza a golpear la estructura funcional del municipio.
Según denunció el PSOE, los centros educativos públicos están encontrando dificultades para incorporar profesorado debido al precio de la vivienda, provocando retrasos y renuncias. El riesgo de estar perdiendo capacidad para retener a profesionales de la educación, medicina o de seguridad, es evidente.
El equipo de gobierno de Ángeles Muñoz continúa aprobando proyectos ligados al turismo, la hostelería y el desarrollo residencial de alto nivel, mientras la conversación sobre vivienda asequible sigue ocupando un lugar secundario.
Se debate cómo atraer inversión, pero no cómo garantizar que un enfermero, un maestro o un policía puedan permitirse vivir cerca de su puesto de trabajo.
El detalle más significativo del comunicado enviado a la prensa por parte del Gobierno marbellí, no es lo que dice Félix Romero, sino lo que evita decir.
En un debate centrado en la posibilidad de utilizar la Residencia de Tiempo Libre y el Albergue África como solución habitacional temporal, el portavoz optó por no mencionar en ningún momento.
El silencio sobre la Residencia parece responder a una estrategia muy concreta: desplazar la conversación desde una solución inmediata y potencialmente conflictiva hacia proyectos futuros, menos comprometidos y políticamente más cómodos.
Romero reconoce la existencia de una crisis habitacional al afirmar que el Ayuntamiento “viene trabajando desde hace años” en políticas de vivienda pública y alquiler asequible.
Un argumento que, sin embargo, no logra transmitir la gestión que dice se ha realizado y tampoco logra neutralizar la acusación de inacción que lidera su partido: por qué no destinar ya un equipamiento público infrautilizado para atender una emergencia que afecta a sanitarios, docentes y jóvenes trabajadores.
Romero ha utilizado el viejo edificio de la Capitanía Marítima como válvula de escape más segura y que nadie duda del potencial habitacional que tiene. Una fórmula habitual a la hora de hablar de “posibilidades”, de “proyectos de interés social”, de trabajo institucional y de futuro, intentando hacer desaparecer el presente concreto: sanitarios viviendo en autocaravanas.
La Residencia de Mayores del Trapiche
El PSOE defendió que la gestión del centro fuera pública y directa, evitando concesiones privadas y priorizando el acceso de vecinos con menos recursos.
Isabel Pérez argumentó que la atención a la dependencia no puede quedar sometida a “lógicas de mercado”.
El resultado es una ciudad cada vez más parecida a algunos enclaves turísticos internacionales donde el éxito económico termina erosionando la vida cotidiana.
Marbella sigue atrayendo capital, compradores extranjeros y turismo de alto poder adquisitivo. Pero simultáneamente empieza a perder algo más importante: la posibilidad de que la clase trabajadora pueda seguir formando parte estable de la ciudad.
Una ciudad puede llenarse en un escaparate de hoteles cinco estrellas, beach clubs y urbanizaciones de lujo, pero detrás de la fachada alguien debe mantenerla









